Rifkin’s Festival – Crítica – La nueva película de Woody Allen es otra bobada insustancial que confirma su declive como cineasta

Woody Allen es uno de los directores más queridos y reputados de la historia del cine, le pese a quien le pese. A pesar de que no conecto con su cine, es algo que entiendo, ya que sus primeras películas (de algunas de las cuales, curiosamente, ahora reniega) tenían algo único y especial, lo que le otorgó su estatus actual, y claro, desde hace años hace lo que le da la absoluta gana, aunque quizás siempre lo ha hecho, pero los años pasan y no todo vale. Conviene matizar que, desde que volvieron a surgir las acusaciones de abusos, su carrera no ha vuelto a ser la misma, costándole sacar proyectos adelante, y de ahí su regreso a España (es de los únicos países que todavía le adoran), el cual sucede en el marco del festival de San Sebastián (aunque ese hecho luego aporte más bien poco a la historia).

Tenía reparos en acercarme a su nueva película, entre otras cosas porque sus últimos proyectos me han parecido tan bobos como insustanciales, desde Café Society (vacía y sin alma), hasta Wonder Wheel (según el propio Allen, una de sus mejores películas, cuando es bastante absurda), sin olvidarnos de la reciente Día de lluvia en Nueva York, tontorrona a más no poder. De todas ellas podías al menos sacar algo, ya sea como mínimo sus estupendos repartos. El problema es que en su última incursión en el cine es imposible destacar nada, porque no solamente vuelve a ser boba e insustancial, sino que encima es la peor de todas.

La crítica no fue demasiado generosa con el film, pero tampoco afilaron los cuchillos, entre otras cosas porque cuando ya tienes una carrera semejante a tus espaldas te tratan con respeto, sea cual sea el nivel de tus películas. El público sí quedó un poco más descontento, aunque los fans de Allen defienden cualquier cosa que haga su ídolo. Afortunadamente, no soy uno de ellos, y vengo aquí a dejar bien claro que Rifkin’s Festival es un absoluto desastre y una de las peores películas de 2020. Y mira que fue un año pésimo, en todos los sentidos.

A estas alturas del cuento no sé si tiene mucho sentido opinar sobre la labor tras las cámaras del señor Allen, y más cuando él mismo confiesa en su autobiografía (mucho más interesante y lograda que sus últimas películas) que se limita a dar las indicaciones, se sienta en la silla, y a otra cosa. Esa confesión es tal cual la sensación que transmiten sus últimas películas, notándose que ya no está para muchos trotes. Eso no quita que sea digno de elogio que, a su edad, estrene una película por año, con todo lo que ello conlleva, pero tampoco se puede negar que el resultado de sus películas cada vez es peor, y la que nos ocupa es una prueba irrefutable de ello, entre otras cosas porque luce como un telefilm barato de las tardes de Antena 3.

No obstante, lo que se busca en las cintas del cineasta neoyorkino son sus guiones, para muchos siempre hilarantes y cargados de mala baba, pero para un servidor, repetitivos, como esa manía de ponerse (casi) siempre de protagonista (me refiero a la personalidad de sus personajes, en lo que sólo puede considerarse como un claro caso de narcisismo), hablar de los mismos temas (líos románticos y la muerte), su afición a emparejar a mujeres jóvenes con señores mayores (ya huele…) o cómo critica la pretenciosidad de algunas propuestas para acabar cayendo en eso mismo.

Aquí estamos ante una historia nada original, en la que un matrimonio (él mucho más mayor que ella, que no sucede nada, pero suena a ya visto…) viaja a San Sebastián, con unas subtramas románticas que no van a ningún lado (como la del francés, que por no tener, no tiene ni conclusión), unas escenas oníricas en blanco y negro que no aportan nada (lo dicho, pretencioso, homenaje a Bergman incluido), un exceso de verborrea supuestamente profunda, pero que ya hemos oído antes (Allen se repite hasta la saciedad) y la inequívoca sensación de que la película podría haber durado mucho menos, y eso que apenas sobrepasa los ochenta minutos. La verdad es que el cineasta debería replantearse pasarse a los cortos, porque sus historias no aguantan ni la hora y media, haciéndose pesadas hasta límites insospechados. Y es que estamos ante una historia en la que los personajes no atrapan, quedándote igual que estabas al final y eso es lo peor que te puede suceder con una película, da igual quien sea el director.

Como gran protagonista tenemos a Wallace Shawn (La princesa prometida) intentando hacer de Woody Allen (cosa nada sencilla), saliendo más o menos airoso de la papeleta, aunque su actuación no es nada memorable y jamás nos hace olvidar que ese papel está hecho a la medida del propio director, es decir, un personaje neurótico, con dudas, casado con una mujer más joven y que se enamora de otra todavía más joven. Brillante…

Luego tenemos a una felizmente recuperada Gina Gershon, notándose que el director tiene que tirar de eternos secundarios porque las estrellas de Hollywood le han dado la espalda, y la verdad es que me alegro de que se vea obligado a dar estas oportunidades a otros. El problema es que Gershon tiene menos minutos de los esperados, con una trama que jamás funciona, aunque demostrando que todavía tiene mucho que decir (recordar su etapa en los 90, en clásicos del cine de acción como Cara a Cara).

Por otro lado, tenemos a Elena Anaya en una interpretación entusiasta y entregada, aunque su personaje no dé para mucho. Es capaz de más, pero si no le dan buenos personajes, poco se puede hacer. Por último, destacar lo desaprovechados que están unos fugaces Sergi López (en un papel ridículo) o el gran Christoph Waltz (uno de mis actores favoritos), en un cameo que confirma que no ha sabido escoger proyectos con el paso de los años, siendo uno de los intérpretes más infravalorados del panorama actual. Una lástima.

En conclusión, estamos ante una carta de amor vacía, que no se sabe muy bien a quién va dirigida, y que repite las mismas fobias y neuras del cineasta, siendo su última película otro ejemplo más de su claro estancamiento, incapaz de ofrecer trabajos con garra y gracia, en lo que es un pasatiempo olvidable y una absoluta pérdida de tiempo. No esperaba gran cosa de su regreso a España, pero tampoco una de sus peores películas, y seguramente la peor. Y es que a veces es mejor saber retirarse a tiempo.

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