A propósito de nada – Autobiografía Woody Allen – La interesante autobiografía del popular cineasta es más una defensa sobre el caso Farrow que no un repaso a su trayectoria

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Lo dejo claro desde un primer momento: no soy fan de Woody Allen (y me refiero a su labor como cineasta). He visto muchas de sus películas. Algunas me han gustado, aunque jamás fascinado (aunque entiendo el clamor popular de algunas de sus obras), pero otras directamente las dejaría como fallidas y olvidables, sobre todo la mayoría de sus obras a partir del año 2000. Cuestión de gustos.

No obstante, le reconozco su estatus de director y escritor mítico, el hecho de que sea el guionista de sus propias películas (lo que siempre hay que tener en cuenta a la hora de valorar a un cineasta) y, sobre todo, su tenacidad y buen hacer en lo que respecta al cine, ya que es envidiable el hecho de que estrene una película cada año, algo que está al alcance de muy pocos.

Es uno de esos cineastas cuya trayectoria, dejando de lado sus trabajos más flojos, sería intachable si no fuese por el caso Farrow y la reciente oleada de críticas que surgieron a partir del movimiento Me Too. Dicho movimiento me parece tan necesario como lógico, pero es cierto que se ha generado una especie de caza de brujas contra algunos personajes populares, y Woody Allen es uno de ellos.

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Reconozco que, en 2017, cuando surgieron nuevas quejas y denuncias públicas ante hechos acontecidos hace casi treinta años (y que un servidor desconocía) yo me los creía sin hacerme muchas preguntas, más que nada por pura desinformación y porque no hubo revista digital o tabloide que no juzgase al señor Allen sin miramiento alguno, prácticamente confirmando que era un abusador de menores. Un error por mi parte, lo reconozco.

Pues bien, menciono todo esto por dos cosas claves. Una es que el libro es más una defensa a esas terribles acusaciones sobre la presunta violación de su hija Dylan que no un repaso a su carrera cinematográfica, y otra porque, aunque me lluevan palos por todos lados, me ha convencido de su inocencia, gracias a datos e informaciones que, si no te las crees, es tan sencillo como comprobar que la sentencia en su momento fue la de inocente.

El por qué la gente sigue prendiendo las antorchas contra él cuando se ha demostrado que no es culpable de dichos sucesos es algo que escapa a mi comprensión. Pero estamos aquí para hablar de su autobiografía, no de su relación con Farrow (the devil…) y todo en lo que eso desembocó, aunque dicha trama ocupe el 50% del libro. Quizás este punto decepcione a los fans del director, pero a mí me ha fascinado y me ha hecho ver la realidad de la boca (o letra) del propio acusado.

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Pues bien, sobre la autobiografía que nos ocupa, que nadie espere capítulos o necesarias pausas en el libro del señor Allen, ya que no se da un respiro al lector, en una caótica biografía que representa a la perfección el carácter estrafalario y verborreico del director neoyorquino. Como curiosidad no está mal, pero sinceramente hubiese preferido un poco de orden, aunque no sé si la intención del cineasta es que nos leamos su vida del tirón, cosa poco probable en los tiempos que corren.

A la hora de contar su vida, Allen comienza desde el principio, nunca mejor dicho, ya que en las primeras páginas relata su infancia y sus vivencias con sus progenitores y familiares varios. No puedo obviar que esta parte no me ha atrapado, así como sus pinitos en el mundo de la comedia y los monólogos (donde se nota que Allen está más a gusto hablando del asunto), donde menciona a una gran cantidad de personajes de la época pero que a mí no me suenan de nada, siendo unas vivencias más enfocadas al público estadounidense (del que luego reniega, por cierto) que no para los que desconocemos ese mundo.

Es entonces cuando se mete de lleno en su entrada en el mundo del cine (aunque tarda más de lo deseado en llegar a este punto), que es lo que de verdad me interesa, aunque ha hecho tantas películas que apenas dedica dos páginas a cualquiera de ellas e incluso apenas un párrafo a muchas otras. No obstante, es interesante ver cómo machaca sin piedad algunos de sus films y se arrepiente de otros. Por cierto, bastante sorprendente cuáles son sus favoritos de su propia filmografía.

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La verdad es que bastante hilarante ver cómo se mete consigo mismo constantemente y se burla de que le consideren un genio. Seguramente lo sea (a pesar de algunas de sus películas, que tela…), pero el hecho de que se considere un idiota ya le hace sumar puntos. Ya satura ver algunas biografías donde el personaje principal se cuelga medallas sin pudor alguno. Se agradece esa sinceridad y cinismo repleto de humor negro.

Y es entonces cuando llega su encuentro con Farrow, todo lo que sucedió y cómo acontecieron los hechos, así como su discutida relación con su actual esposa, Soon-Yi. Quizás muchos lectores lo consideren amarillismo o puro salseo, pero adquirir este libro y esperar que Woody Allen no diga nada al respecto es de necios. Eso sí, como ya he indicado, hablamos de la mitad del libro, y como él bien dice en algún momento, si eso no hubiesen sucedido tales acontecimientos quizás no tendría mucho más que contar.

Y lo que seguramente cause rechazo en los fans del director y escritor, a mí, sinceramente, me ha fascinado, aparte de abrirme los ojos (aunque ya había leído algunas cosas sobre la señora Farrow…) y me confirma que la presunción de inocencia pasó a mejor vida, aunque en este caso es inocencia a secas, ya que Allen ganó el juicio y la sentencia fue la de inocente, sin ningún pero.

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También me resultan muy interesantes algunos hechos como el caso Timothée Chalamet, el cual dijo haberse arrepentido de trabajar con Allen en su última película para, según Allen, tener opciones de llevarse el Oscar a casa. Me hace gracia leer cómo Allen llama directamente estúpidos a todos los que han renegado de él públicamente, no por no bailarle el agua, sino por hacerlo con Farrow y dejarse llevar por el clamor popular.

Y es que ahora mismo Allen es poco más que un apestado, con dificultades para sacar proyectos adelante y que sigue siendo juzgado a pesar de todas las pruebas. Sólo hay que ver el reciente caso del insufrible Spike Lee para comprobar cómo está el panorama actual. Una pena.

Y bueno, el libro me ha gustado, a pesar de que no soy fan del director (no las he visto todas, aunque estoy en ello, pero ganan las flojas a las realmente rescatables), considerando necesario que todas esas personas que acusan a Allen y alzan el puño deberían escuchar a las dos partes y, por lo tanto, leer este libro, porque se nota que el bueno de Woody ha recogido toda la información para dejar las cosas claras, aunque de momento no haya servido de nada.

En conclusión, estamos ante una obra interesante y necesaria para conocer su verdad (aunque yo diría la verdad), así como algunas curiosidades y que, a pesar de hablar la mitad del libro de un hecho que, sin lugar a dudas, ha empañado su trayectoria como cineasta y personaje público, creo que es una cita imprescindible para los fans del neoyorkino.

Allen, yo sí te creo.

 

 

 

 

 

 

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