Las Brujas (de Roald Dahl) – The Witches – Crítica – Una nueva adaptación tan convencional como innecesaria

Debo confesar que jamás me ha fascinado La maldición de las brujas (The Witches), clásico de culto de 1990, en un film en el que, después de un inicio tan tétrico como logrado, todo se venía abajo demasiado pronto, destacando solamente su inolvidable maquillaje y la sensacional actuación de Anjelica Houston. Sin embargo, es uno de esos casos en los que entiendo que sea tan querida por tantos, en especial por el tono oscuro de la historia, con no pocos instantes tan acertados como inquietantes. Y es que para un servidor, la película tenía poco de infantil. Pero eran otros tiempos.

Justo treinta años después, nos llega una nueva adaptación (que no remake, aunque lo parezca), del popular libro de Roald Dahl, dirigido por el antaño sobresaliente Robert Zemeckis, responsable de clásicos inmortales como la trilogía Regreso al Futuro o ¿Quién engañó a Roger Rabitt?, y el cual ha tenido unos últimos trabajos bastante decepcionantes, además de protagonizado por un trío de ases como son Anne Hathaway (cuyos últimos trabajos dejan bastante que desear, en una carrera que se asoma peligrosamente al precipicio), Octavia Spencer o Stanley Tucci, además de estar producida por Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón. Casi nada.

Debido a los involucrados, tenía algo de curiosidad en un proyecto por el cual, de otra forma, jamás habría tenido ni el más mínimo interés para un servidor, en una arriesgada apuesta por parte de Warner Bros. Finalmente, la película se ha estrenado directamente en la nueva plataforma HBO MAX en Estados Unidos, y en cines en el resto de mercados. Las críticas han sido bastante tibias, destacando lo rudimentario de la producción y que realmente no aporta nada nuevo al film de los 90. Una vez vista, debo afirmar que no puedo estar más de acuerdo.

Zemeckis ofrece un trabajo correcto y elegante, notándose que hay una mano experta detrás, pero también muy lejos de sus mejores tiempos, siendo una realización por encima de la media pero que desmerece a un artista de su categoría. Tampoco ayuda en absoluto en abuso de los (convincentes) efectos especiales, renunciando por completo a la artesanía (en lo que respecta al maquillaje) de la anterior adaptación.

Respecto al tono de la cinta, sus responsables no tienen muy claro si quieren ofrecer un producto infantil, perfecto para estas fechas (Halloween), o un cuento macabro, algo que considero que también le sucedió a la cinta con Houston, apostando aquélla por la mala baba, al contrario de la que nos ocupa, con unas intenciones más enfocadas a los pequeños de la casa, coqueteando con el terror en algunos momentos puntuales (ojo a la escena de los brazos).

Curiosamente, es en esos momentos en los que la película funciona mejor, gracias a la acertada caracterización de Hathaway, la cual estoy seguro que provocará pesadillas a más de uno, ya sea por su enorme boca o por sus alargados brazos, siendo una criatura que habría hecho las delicias de cualquier film de horror que se precie. Es una pena que luego todo sea tan bobalicón (ojo al edulcorado desenlace, aunque haya un atrevido cambio respecto a la otra adaptación), en una serie de elementos que nunca llegan a funcionar.

Y es que al final nos queda la sensación de que esta nueva adaptación es más bien un remake innecesario, el cual se parece mucho más a la original de lo que quiere aparentar, y donde sólo funciona su acertado reparto, ya sea una estupenda Hathaway, un entregado (aunque desaprovechado) Stanley Tucci o la siempre genial Octavia Spencer, siendo ésta la gran protagonista de la función.

El niño protagonista no está a la altura de las circunstancias, con una actuación plana y sin carisma, mejorando considerablemente su interpretación cuando solamente le corresponde poner su voz. Curioso, cuanto menos. Y hablando de doblar, chirría demasiado la voz de un exagerado Chris Rock como improbable narrador, en una elección que entiendo que pretende intentar hacer al producto más desenfadado, pero que a mí no me ha terminado de cuajar.

Por último, destacar la correcta banda sonora de Alan Silvestri, habitual del director y con una composición claramente reconocible, dotando al conjunto de un poco de magia y elevando un poco el nivel de la propuesta.

En conclusión, estamos ante una nueva adaptación que se deja ver si no se ha visto la de los 90, pero que supone una experiencia innecesaria si ya se ha visionado el film con Houston, pareciéndose más a ella de lo que se pretende. No será recordada de la misma forma que la original, siendo un intento tan fallido como conformista. Me quedo con Hathaway y su espeluznante caracterización. Algo es algo.

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