Mulan – Disney – Crítica – El polémico remake se confirma como un producto sin alma

La verdad es que un servidor comienza a estar bastante cansado de la moda de los remakes de los clásicos de nuestra infancia, ya que Disney vio un filón con el éxito de los primeros intentos (a cada cual más esperpéntico) y cada año nos “obsequia” con uno nuevo. Algunos se limitan a calcar el material original (como la muy innecesaria y ya olvidada El rey León), mientras que otros prefieren aportar algo nuevo, pero sin superar al original y quedándose finalmente en tierra de nadie (como la también reciente Aladdin).

Lo que es seguro es que son productos de usar y tirar, que al poco tiempo ya nadie recuerda y cuya única función es la de amasar millones a costa de la curiosidad de los espectadores que disfrutaron con los clásicos originales o simplemente por las nuevas audiencias. Y es que jamás debemos olvidar que Disney dejó de ser un campo de sueños para ser un negocio con todas sus letras desde hace demasiados años… pero ésa es otra historia.

Y aquí estamos, con el remake de otro imperecedero clásico de Disney, que no es otro que el de la fabulosa Mulan (1998), que es una de mis cintas favoritas del estudio de todos los tiempos (además de una de las películas de mi infancia), y que es tan redonda, que no necesitaba remake alguno, pero lo dicho… aquí estamos.

Dicho remake no ha estado exento de polémica, ya sea por la decisión de no incluir canciones o por prescindir del emblemático personaje de Mushu, esto último con la excusa de que querían un producto más realista. Una vez vista, puedo afirmar que han metido la pata hasta el fondo con estas decisiones y que de realista más bien poco. Pero no adelantemos acontecimientos.

Y por si todo fuera poco (y después de infinidad de retrasos por el maldito coronavirus), recientemente la película hizo historia al ser el primer producto de Disney que iba a ser estrenado directamente en su (horrenda) plataforma de Disney Plus, al “módico” precio de 22 euros, IVA incluido. Obviamente hubo infinidad de quejas, ya que el precio era desproporcionado a todas luces y dicha decisión marcaba un hecho sin precedentes (bueno, alguno ha habido…), que podría perjudicar a la industria cinematográfica (las salas de cine) tal y como las conocemos.

Obviamente, la gente estaba ansiosa de destruirla después de todo lo comentado, ya sea con amenazas de piratería (que es más que obvio que iba a suceder) o con el deseo de que la película fuese un absoluto desastre. Después del visionado, debo admitir que no ha habido sorpresa alguna, ya que estamos ante un remake tan innecesario como carente de alma, que no aporta absolutamente nada y que sirve para pasar la tarde, pero poco más.

La directora es Niki Caro, porque ya sabéis, cualquier película protagonizada por mujeres debe ser dirigida por una, en un extraño movimiento que hace preguntarse por qué no les dan también producciones protagonizadas por hombres. ¿Soy el único que se ha dado cuenta? Postureo, pero esa también es otra historia.

El caso es que la realizadora ofrece un trabajo correcto, con unas imposibles aunque logradas coreografías (en el buen sentido, ya que a mí siempre me han gustado de este estilo) que funcionan en un producto asiático de estas características. El problema es que esta misma persona es la que aseguró que habían prescindido de Mushu porque restaba realismo al conjunto, cuando aquí tenemos animales mitológicos que aparecen de vez en cuando (y que transmiten lo mismo que un zapato), brujas que se transforman en animales, villanos trepando por muros sin cuerda alguna o una serie de escenas que dan qué pensar (esa flecha…). Vamos, que la explicación del porqué de la ausencia del simpático dragón no tiene ni pies ni cabeza.

Y hablando del mismo, la verdad es que es una pena que hayan prescindido del alivio cómico de la original, porque si algo le falta a esta sosa producción es humor, queriendo en todo momento distanciarse de la original, pero perdiendo su magia por el camino, en un conjunto que no transmite ni emociona.

Es curioso, porque en uno de los momentos claves de la nueva cinta suena la banda sonora de la original, como si nos quisieran recordar que es un remake de aquélla (aunque en todo momento la han promocionado como una nueva adaptación más acorde a la novela), siendo un film que quiere ser muchas cosas pero que acaba quedándose en tierra de nadie, al igual que los anteriores intentos. Y eso que ha tenido cuatro guionistas…

Tampoco podemos obviar su exagerado presupuesto, el cual ronda los 200 millones, que no lucen en ningún momento (es más, los escasos efectos visuales dejan bastante que desear), así como su duración, de menos de dos horas pero que se hace bastante pesada.

Liu Yifei cumple en su rol de protagonista, pero nunca alcanza el carisma del personaje original, aparte de que en la versión del 98 el personaje era un ejemplo de superación, dando un potente mensaje que se ha diluido por completo en la cinta que nos ocupa, ya que la Mulan del remake es una experta desde el minuto uno, lo cual no tiene ningún sentido, más allá de dar otro tipo de mensaje.

Y es que es obvio que han orquestado este remake como un producto feminista para contentar a los espectadores que solicitan películas más acordes a los tiempos que corren. Ningún problema, pero, ¿sabéis qué sucede? Que el clásico de 1998 ya era una película feminista, pero sin ninguna necesidad de promocionar y aprovechar ese elemento, como sí se ha hecho por parte de Disney con el remake. Y es que al final el mensaje es el mismo, aunque en la anterior tenemos también el afán de superación en uno mismo… y las excelentes canciones… y el humor… y la emoción…y Mushu… y….

Por ahí también se pasean viejos conocidos como Dinnie Yen (actor de artes marciales que merece mucho más reconocimiento del que actualmente tiene), Gong Li o unos felizmente recuperados Jason Scott Lee o Jet Li, aunque la mayoría están bastante desaprovechados.

Al final estamos ante un producto bastante vacío y de sólo un visionado, que únicamente será recordado por la polémica que hubo a su alrededor en vez de por los logros de la propia cinta, que son pocos o ninguno. Deseando que dejen en paz de una maldita vez los clásicos Disney, películas repletas de magia que no necesitan remake alguno. Pero nada… ahí siguen. Luego pasa lo que pasa. Otra más.

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