Alice in Borderland – Serie Netflix – Crítica – Una interesante propuesta que pierde fuerza a medida que avanza

Si por algo nos da alegrías Netflix, es por sus producciones asiáticas (bueno, salvo algunas excepciones…), ya que las últimas propuestas ofrecidas por la plataforma son tan frescas como entretenidas. Alice in Borderland no es una excepción, gracias a su fascinante punto de partida, siendo una digna heredera de la mítica Battle Royale, con ecos de Los juegos del hambre (remake inconfeso del clásico japonés) y de los Escape Room que tan de moda están en estos días. Lamentablemente, lo que podría haber sido una serie maravillosa, se queda en correcta, debido a que se pierde la garra inicial en el ecuador de la propuesta, con cuatro primeros episodios fascinantes y otros cuatro que cumplen, pero que no están a la altura de las circunstancias (a pesar de su maravilloso clímax).

He tenido que investigar un poco para descubrir que estamos ante la adaptación de un manga y anime, y eso que me fascinan ambos medios japoneses, notándose la fuente original, ya sea por el perfil de sus personajes (algunos variopintos) o por cómo se aborda la historia, sin renunciar a los momentos épicos e impactantes. Eso es gracias a una estupenda dirección, siendo visible el generoso presupuesto y los medios de los que se dispone, con unos efectos visuales que jamás chirrían y que están por encima de la media.

Desde luego, es una de las series más tensas de los últimos años, con episodios (como el segundo o el tercero) que te atrapan y no te sueltan, no dando respiro al espectador en unos macabros y tétricos juegos, aunque la originalidad de los mismos se vaya diluyendo a medida que pasan los episodios. Y es que el nivel no se mantiene en sus ocho capítulos, de casi una hora de duración cada uno de ellos (que siempre se pasan como un suspiro, al menos en los primeros), cambiando la trama en la mitad de la serie y presentándonos un giro que no llega a funcionar y que suena a refrito, ya que lo hemos visto en anteriores ocasiones y mejor desarrollado. Es una pena que se cambie de tercio de esa forma, porque si llegan a lograr mantener el buen hacer de sus primeros episodios, estaríamos hablando de una de las mejores producciones del año, pero de lejos.

Como suele suceder en otros productos de estas características (como en la también recomendable Sweet Home, serie coreana de Netflix que es un despiporre), el protagonista es el personaje menos interesante de la función, siendo holgadamente superado por los secundarios, a cada cual más enigmático e interesante, aunque, lamentablemente, a algunos se les desaprovecha antes de tiempo. Eso sí, los villanos no llegan a funcionar, y menos cuando intentas justificar sus deplorables actos con innecesarios flashbacks que aportan más bien poco, así como cambios de personalidad que no tienen ningún sentido, por mucho que nos los intenten explicar de boca de uno de los personajes principales.

El reparto está totalmente entregado a la causa, aunque, como también suele suceder en estos casos, algunos de los villanos están pasados de rosca, rozando el ridículo y siendo harto insufribles. No obstante, el nivel general es sensacional, consiguiendo los intérpretes que nos creamos sus complicados papeles y la situación que les ha tocado vivir. Ahí el actor protagonista logra transmitirnos su desazón en los momentos más duros de la serie. Como ya he indicado, es una lástima perder a algunos antes de lo esperado.

En conclusión, estamos ante una serie imprescindible si te gustan propuestas como Battle Royale (se nota el referente) o Los Juegos del hambre (que viene a ser la anterior pero con menos gracia), con unos personajes carismáticos, y con un misterio que te atrapa. De hecho, en su episodio final se plantean varias incógnitas, con el objetivo de engancharnos a su más que segura segunda temporada. Sobra decir que, si llegas a ese punto, lo logran con creces. Lo único que pido es que se centren más en lo importante (los juegos) y se dejen de subtramas que ralentizan el devenir de los acontecimientos, aparte de que no me parecería buena idea alargar demasiado el cliché, que ya sabemos todos cómo terminó la mencionada saga literaria. Una pequeña sorpresa a la que merece la pena dar una oportunidad, aunque sólo sea por sus primeros y estupendos capítulos.

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