Pepsi, ¿dónde está mi avión? (Pepsi, Where’s My Jet?) – Netflix – Crítica – Un apasionante viaje a la década de los 90 y un sonoro bofetón a Pepsi

‘Pepsi, ¿dónde está mi avión?‘ es una serie documental de Netflix, de cuatro episodios, y que cuenta con una premisa surrealista: la empresa de refrescos metió la pata sacando un anuncio en el que prometían un avión de caza (a lo ‘Top Gun‘) a cambio de unos puntos supuestamente inalcanzables. Un joven de 20 años lo vio, y decidió que podía conseguirlo, a sabiendas del descuido de la marca. El caso terminó en los tribunales, en uno de esos sucesos que dan sentido a la frase ‘la realidad supera a la ficción’.

Tienes dos formas de abordar un documental semejante: objetivamente, limitándote a exponer los hechos y dejando que el espectador saque sus propias conclusiones, o por el contrario, apostar por un tono cómico, restándole seriedad al asunto y con el objetivo principal de entretener al espectador. Pues bien, al contrario que otras documentales fallidos, esta vez ha ganado la batalla lo segundo, siendo el gran acierto de una serie que no deja indiferente, siendo no sólo un bofetón sonoro a Pepsi, sino también un apasionante y nostálgico viaje a la década de los 90. Una delicia.

Se nota que sus responsables han hecho los deberes, con una serie de imágenes de archivo (esos maravillosos anuncios de Pepsi de dicha década) y entrevistas (un acierto lo de hacerles partícipes de la guerra de las colas) que jamás invitan al bostezo ni juegan con la paciencia del espectador, en cuatro capítulos que se pasan como un suspiro. Tampoco quiero ponerme quisquilloso, y no es un contra, es una apreciación personal, pero recortando aquí y allá, quizás les podría haber quedado una película de hora y media brillante, pero es solo una idea, no una queja.

Respecto a la historia en sí, es todo un acierto que la aborden desde un tono cómico, porque si se hubiese optado por un prisma más serio y distante, habrían fracasado por completo. Saben lo alocado que es el caso, y no desaprovechan la oportunidad de desmelenarse en un producto cuyo mayor cometido es entretener, que es en lo que deberían centrarse casi todos los documentales. Es por ello que aquí estamos ante un claro ganador, en lo que es una de las producciones más interesantes y desternillantes del año, además de una carta de amor a una década irrepetible.

Y bueno, si todavía queda algún fan de Pepsi en la sala (Coca-Cola forever), te recomiendo encarecidamente que no veas esta serie, porque sus responsables no hacen prisioneros, mojándose en todo momento y retratando a la gran multinacional. Sí, tenía los mejores anuncios, pero no sois conscientes de a qué precio, y si queréis saberlo, os recomiendo que le deis al play.

Y poco más puedo decir de un documental redondo, que tiene las cosas claras, y que acaba siendo una experiencia imprescindible si te interesa el caso y quieres pasar poco más de dos horas absorto con una historia fascinante y contada con garra. Así se hacen las cosas y este es el camino a seguir. No te lo pierdas.

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