Las de la última fila – Serie Netflix – Crítica – Daniel Sánchez Arévalo nos regala un precioso y emotivo viaje con cinco protagonistas que se quedan grabadas en el corazón

A veces te acercas a una producción por su reparto, por su premisa, o por su director, y exactamente esto último es lo que me pasa a mí con Daniel Sánchez Arévalo, el cual me parece uno de los mejores cineastas de este país, y lo digo muy en serio. Debutó con la interesante ‘AzulOscuroCasiNegro‘, luego siguió en el género del drama con ‘Gordos‘, una propuesta tan peculiar como extraña, pero a mí me encandiló con ‘Primos’, que me parece una de las mejores comedias españolas, siendo una de esas películas que te tocan al corazón de forma irremediable. Luego nos trajo ‘La gran familia española‘, que también me pareció maravillosa, o su última película, ‘Diecisiete’, una producción de Netflix que me dejó algo decepcionado, aunque también me parece una buena película.

Para su siguiente proyecto ha apostado por una serie de nuevo con Netflix, titulada ‘Las de la última fila‘, y que presenta un argumento de lo más interesante, en el que cinco amigas se rapan el pelo y se van de viaje. Una de ellas tiene cáncer, pero no se sabe cuál es, viviendo una serie de aventuras en los seis episodios que componen la serie. Como ya he comentado, siendo de Sánchez Arévalo, no le he podido decir que no, embarcándome en su nueva propuesta sin dudarlo ni un segundo, y debo decir que una vez vista me ha parecido una propuesta espléndida y muy recomendable, estando entre lo mejor de su filmografía, qué ya es decir, pero mejor vayamos por partes.

No negaré que la dirección de Sánchez Arévalo parece un anuncio de Estrella Damm o un videoclip en algunos momentos, pero es algo puntual, regalándonos planos muy interesantes y un montaje efectivo, aunque se abuse del recurso de la metáfora. A pesar de todo, la serie luce muy bien técnicamente, con una imagen limpia y evocando el frescor del verano. Se nota que es un cineasta que sabe lo que se hace tras las cámaras (atención al segundo episodio).

En cuanto al reparto, están todas maravillosas, presentando una naturalidad apabullante, que es lo que exigen sus nada sencillos personajes. La verdad es que todas cumplen con nota, no atreviéndome a decir cuál está mejor. Obviamente, unas están mejor que otras, algo esperado en un reparto coral, pero está feo eso de dar nombres y destacar a unas por encima de otras, ya que las cinco están estupendas. En cuanto a los secundarios (de lujo), tenemos a rostros conocidos como los de Javier Rey o Carmen Machi, que la verdad que engrandecen todavía más el nivel de la serie.

El guion también es cortesía de Daniel Sánchez Arévalo, habiéndosele cuestionado si es correcto que un hombre escriba una serie sobre mujeres, siendo un director al que algunas veces se le ha afeado que no sabe escribir roles femeninos (falso), y centrándose exclusivamente en los masculinos. En algunas entrevistas que le he leído, ha afirmado que para el suponía un reto, saliendo, para un servidor, totalmente airoso de la experiencia, al dibujar tan bien a sus personajes (es imposible no quererlas). También se le ha preguntado el porqué de una serie y no una película, y él contestó que en una serie puedes desarrollar más a tus personajes, y una vez vista su última producción, se entiende perfectamente su acertada decisión, ya que en una película se habría conectado menos con las protagonistas al tener menos desarrollo y conocerlas en menor medida, metiéndote más en la historia en los seis episodios que componen la propuesta.

Eso sí, el recurso de no saber quién tiene el cáncer es un poco peliagudo, ya que sobre el papel suena interesante, pero esto no es una novela de misterio, siendo un poco tétrico enfocarlo de una forma que podríamos tildar de algo morbosa. Reconozco que he picado el anzuelo, siendo participe del juego, pero es imposible no hacerse la pregunta de si realmente era necesario o si aporta algo a la serie. No negaré que el recurso tiene su atractivo, pero te sientes mal intentando dilucidar quién es el asesino, perdón, la enferma de cáncer. Sánchez Arévalo juega mucho con este tema en cada episodio, queriendo despistar al espectador para intentar sorprenderlo, pero al final lo que realmente importa es la emotividad, y en eso el cineasta es un maestro, tocándote el corazón con un viaje hermoso junto a cinco fascinantes protagonistas (te sientes una más y acaban siendo como de la familia).

También conviene celebrar que la serie no renuncie al humor, siendo una experiencia muy divertida a pesar de su premisa. Sí, vas a llorar (preparad los clínex…), pero también vas a reír, con una serie de situaciones a cada cual más alocada, estando ante una tragicomedia que sabe manejar muy bien los géneros que toca. No es nada sencillo, y Sánchez Arévalo vuelve a dejar claro que es un genio en lo suyo.

En conclusión, estamos ante una de las series más preciosas, bien intencionadas, entretenidas y logradas del año, dando su creador en el clavo con un viaje que merece la pena, y unos personajes que se te quedan grabados en el corazón. Una vez más, gracias, Dani.

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