Vuelta al insti (Senior Year) – Netflix – Crítica – Una comedia que ya hemos visto todos y que prefiere ser políticamente correcta

Vuelta al insti (Senior Year)‘ es la nueva comedia de Netflix, protagonizada por Rebel Wilson (con un cambio físico importante, algo que ya se promocionó en su momento), y que ha cosechado unas críticas espantosas (siendo sorprendente, si se tienen en cuenta las intenciones del film), dejándola de poco menos que un desastre. Yo no diría tanto (los críticos se ceban más de la cuenta…), pero sí que estamos ante una comedia fallida, que quiere ser algo más, pero que acaba siendo algo menos, por mucho que quiera evocar las producciones de instituto de antaño. Son otros tiempos, y por mucho que lo intentes, esa magia ya se esfumó, y la cosa no va a mejorar si aprovechas para intentar aleccionar al público con mensajes que nadie ha pedido, pero mejor vayamos por partes.

Sabes que algo no va bien cuando la película dura casi dos horas (incluyendo créditos con bailecitos y escena post-créditos), y tarda media hora en arrancar y presentarte la trama principal. En efecto, más de veinte minutos de prólogo, cuando esto te lo cuenta cualquier otro en apenas diez minutos, y sin despeinarse. Aquí hemos venido a pasarlo bien, y parece que los responsables del film son los únicos que no se han dado cuenta, con una historia que deja la constante sensación de déjà vu.

Y cuidado, que hay tres, repito, tres guionistas acreditados, cuando esto no deja de ser un cruce entre ‘Nunca me han besado’ y la desconocida ‘Kickin’ It Old Skool‘ (en este caso, la copia no puede ser más descarada, ya que empiezan igual…), sin que la originalidad haga acto de presencia. Esto ya lo hemos visto todos, pero mejor, siendo una producción que peca de rudimentaria y perezosa, sin que haya ningún elemento que sobresalga o la haga destacar. Vamos, puro Netflix.

Todavía no me queda muy claro si la película alaba la cultura inclusiva (popularmente conocida como woke) o se mofa de ella (la radiografía de algunos personajes), o una combinación de ambas, pero lo que está claro es que las buenas intenciones y lo políticamente correcto predominan (y ganan la batalla) frente al gamberrismo y la incorrección, confirmando que aquí falta mala leche. Y es que la película apuesta por constantes mensajes aleccionadores (me aburro…), cuando un producto de estas características demandaba desmelenarse y ofrecer un espectáculo cafre que al menos te saque unas cuantas risas. No ha podido ser, ya que esto es lo que se lleva hoy en día. Si para algo sirve esta película, es para que eche de menos las desternillantes comedias donde los malos eran malos y sólo se buscaba entretener. Maldita nostalgia…

No negaré que hay algún momento simpático (que no gracioso), pero es gracias a la nostalgia (con esas referencias a la década de los 2000), y no por méritos propios. Al final, estamos ante otro producto de usar y tirar, que nadie recordará en dos días, y que se conforma con muy poco, cuando podría haber sido una hilarante comedia de humor grueso que al menos nos hiciese pasar un buen rato, pero parece que esos tiempos pasaron a mejor vida, prefiriendo lanzar reflexiones (que nadie ha pedido y que hemos visto en millones de películas) sobre la madurez y la amistad. Obviamente, si no estás habituado a este tipo de producciones, quizás salgas contento del visionado, pero en caso contrario, dudo que se te haya perdido nada.

Y bueno, por aquí tenemos a una Rebel Wilson pasándoselo en grande, pero a años luz de la vis cómica mostrada en la trilogía de ‘Dando la Nota (Pitch Perfect)’. Mal que me pese, me temo que a Wilson se le dan mejor los roles secundarios, porque ya la he visto en algunos papeles protagónicos, y no es lo mismo. Pero eh, convence como protagonista. En cuanto a los secundarios, todos cumplen (la mayoría desaprovechados en una comedia que no está a la altura de su talento), exceptuando a un Justin Hartley haciendo de canalla, es decir, de sí mismo, por lo que no hay premio para él.

En conclusión, otra comedia más de Netflix, tirando de un rostro conocido para venderla mejor (quizás con otra intérprete no habría apostado por ella, ya que Wilson me hace gracia, aunque aquí no tanto), y que se mete de lleno en el catálogo de producciones insulsas y para el olvido. No diré que esperase gran cosa, pero al menos haz los deberes e inténtalo, porque esto no es ni de aprobado justito. ¿La próxima quizás? A quién quiero engañar…

Crítica en vídeo:

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