Apolo 10½: Una infancia espacial (Apollo 10½: A Space Age Adventure) – Netflix – Crítica – Un fascinante viaje a la nostalgia de la mano de Richard Linklater

Richard Linklater es uno de esos cineastas con un estilo propio y un sello inconfundible. Te podrán gustar más o menos las películas de su extensa filmografía, pero siempre tiene algo que decir. Suyas son la trilogía de ‘Antes del amanecer’ (clásicos de culto), la maravillosa ‘Movida del 76 (mi favorita)’, ‘School of Rock’ (una estupenda comedia que no por alejarse de su estilo deja de ser más que recomendable), ‘Boyhood’ (uno de sus films más sobrevalorados, y que ya pocos recuerdan), la estupenda ‘Todos queremos algo (una secuela espiritual de ‘Movida del 76‘ que mereció más atención) o esa rareza titulada ‘A Scanner Darkly‘. Y esta última es la que verdaderamente nos importa a la hora de abordar su nuevo film, ‘Apolo 10½: Una infancia espacial’, ya que Linklater recupera el fascinante estilo animado de aquélla, plasmándolo en una de sus películas más personales, ya que se trata de un recorrido por su infancia.

El bueno de Richard no es tonto, consciente de que una película tan pequeña e intimista no suele generar demasiado interés en los pocos espectadores que todavía acuden a las salas de cine, por lo que ha tocado en la puerta de Netflix (un movimiento muy inteligente), y ha apostado por esa técnica animada, siendo un recurso que, seamos francos, aporta más atractivo al acabado final. Eso es algo que ya se intuía en el tráiler, pero una vez vista lo confirmo, aportando frescura y belleza a una propuesta que quizás no aporte nada nuevo, pero que tiene los suficientes elementos y buenas intenciones para destacar entre la filmografía del cineasta.

Linklater nos regala una dirección enérgica, no dando respiro al espectador y poniendo toda la carne en el asador desde el minuto uno. Si hay algo que no se le puede negar a su cine, es que tiene las cosas muy claras, buscando dar un mensaje, pero entreteniendo por el camino. Eso es algo de lo que suelen olvidarse algunos compañeros de profesión (no daré nombres…), y que Linklater suele evitar, apostando de nuevo por la cotidianeidad que tan bien le ha funcionado hasta el momento. Quizás ese aspecto chirríe a algunos espectadores alejados de su obra, por lo que conviene dejar claro que estamos ante una historia personal y pequeña, sin grandes alardes ni artificios, más allá de una espléndida animación (se nota el salto de calidad respecto a ‘A Scanner Darkly‘) que le ha venido de perlas para dotarla de más encanto. Creo que la película habría bajado algunos enteros de haberse rodado en imagen real, por lo que punto a su favor.

En cuanto al guion, estamos ante una historia sin paradas, soltando toda la información sin freno, y con una verborrea incesante por parte de su protagonista y narrador (Jack Black en la versión original). Quien no esté preparado o acostumbrado a este tipo de cine, que se baje del barco, porque este film de hora y media no es para todo el mundo. Sólo con deciros que hay un flashback de prácticamente una hora, creo que queda bien claro. Y bendito flashback, porque lo mejor de la cinta es la sucesión de anécdotas que Linklater comparte con nosotros, siendo un fascinante viaje a la infancia del director. Por supuesto, estamos ante una producción americana que relata hechos del país, como el primer aterrizaje en la Luna o la guerra de Vietnam, pero eso no impide que el resto de espectadores no disfruten la experiencia, gracias a una nostalgia que hace rememorar tiempos mejores. Desde luego éramos más inocentes.

Es una lástima que la trama del niño protagonista, con su entrenamiento y posterior viaje a la Luna, no esté tan inspirada, rompiendo el ritmo en no pocos momentos, y obligando a preguntarnos si era realmente necesaria. Creo que con las historias de Linklater con su familia y amigos era más que suficiente, pero el director y guionista ha optado por ese recurso, por lo que no soy quién para rebatírselo, pero a mí no me ha convencido de la misma forma que el resto de la propuesta. Y es curioso, porque es el motor principal y el aliciente con el que se ha vendido el film (¿un niño que viaja al espacio? deme cuatro entradas…). Puede llevar a equívoco, desde luego, porque la película no va de eso (da la sensación de ser dos películas en una), mezclando realidad y ficción, y coqueteando con el documental a cada momento. En cuanto al reparto, todos cumplen, entregados a unos personajes agradecidos..

En conclusión, creo que ‘Apolo 10½: Una infancia espacial’ es una buena película, seguramente de las mejores de Linklater, y que acierta cuando se centra en su infancia, pero que divaga cuando apuesta por una fantasía que tampoco aporta demasiado al conjunto. Dicho todo esto, si te gusta el cine del director, embárcate sin miedo en este nostálgico viaje, porque lo vas a disfrutar como nadie. En caso contrario, dudo que se te haya perdido nada. Muy recomendable.

Crítica en vídeo:

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