El regreso a casa de Madea (A Madea Homecoming) – Netflix – Crítica – Tyler Perry nos ofrece otra espantosa entrega que confirma que estamos ante una de las sagas más esperpénticas de la historia

La verdad es que no sé ni por dónde empezar, pero lo voy a intentar. Madea es un personaje creado por el cómico, director, guionista y actor Tyler Perry (quizás os suene por aparecer en ‘No mires arriba’), y que cuenta con, atención, doce películas, si no he contado mal. Lo sé, seguramente no tengáis ni idea de quién es la famosa Madea, pero eso tiene fácil explicación, ya que la saga sólo ha tenido éxito en Estados Unidos (y cuando hablo de éxito, me refiero a ser la número uno de la taquilla…), no traspasando sus fronteras salvo honrosas excepciones, y la verdad es que nos han hecho un favor. La crítica jamás ha sido benévola con las películas del personaje, y una vez vistas un par de ellas, lo entiendo perfectamente.

En mi caso, me atrajo ‘Boo, a Madea Hallowen’ porque el tráiler era curioso y porque adoro dicha festividad. Pues bien, más allá de un par de gags hilarantes, la cinta era un absoluto despropósito. No contento con ello, me animé con su secuela, ‘Boo 2’ (originalidad ante todo…), y podría decir que era más de lo mismo, pero es que fue peor. Después vino una de un funeral, que me ahorré, y ahora Perry, consciente de que este tipo de producciones ya no tienen recorrido en las salas de cine (los tiempos que corren), ha apostado por Netflix, estrenando ‘El regreso a casa de Madea’. Y sí, también la he visto.

¿Por qué he vuelto a caer, teniendo unos antecedentes tan escabrosos? Bueno, creo que estamos todos de acuerdo en que alguien tiene que hacerlo, ya sea por avisar al resto de que no deben ver esta absoluta memez, ¿no? Una vez aclarado esto, debo confesar que estamos ante otro nuevo desastre, una película que quizás no moleste si eres consciente de dónde te has metido, pero que sin lugar a dudas vuelve a ser un bodrio de proporciones bíblicas, hasta el punto de que no creo que sea apta ni para los fans de las películas. Es posible que esto tuviese gracia hace casi dos décadas, pero ahora mismo dudo que alguien aplauda una comedia tan estúpida. Bueno, hay gente para todo, pero prefiero pensar que no.

Hablar de la dirección en una propuesta tan perezosa y televisiva (en el mal sentido) es harto absurdo, por lo que mejor pasemos al guion, aunque sea un proceso doloroso. Lo reconozco, hay un par de gags divertidos (hay uno que me sigue fascinando…), pero no son suficientes como para hacernos olvidar el resto del film, con un alarmante exceso de personajes (han aparecido los títulos de crédito, y todavía no sé quién es primo de quién), tramas que no van a ninguna parte y ni se cierran (aunque se agradece la LGTBI y el giro inesperado), o un humor que navega entre lo gamberro (que siempre es bienvenido) y escatológico (este no tanto), con unas bromas que parecen dirigidas a los más pequeños de la casa por su banalidad, pero que acaban siendo demasiado inapropiadas hasta para los más curtidos. De la moralina (de rebajas) de Perry mejor ni hablo, que me entran sarpullidos.

Ojo, aplaudo la incorrección política como el que más, pero jamás queda claro si esta película está dirigida a los amantes del humor grueso, o a los que les cuesta acordarse de respirar cada día. Porque sí, esta propuesta atufa a tomadura de pelo y pesadilla surrealista, rozando la tortura. El problema es que Tyler Perry se cree demasiado gracioso, con un ego que sólo rivaliza con el de M. Night Shyalaman, y desistiendo de dejar descansar a un personaje que ya no da más de sí. Creo que el problema es que cosechó demasiados éxitos en su momento, y claro, poderoso caballero es Don Dinero, aunque los resultados disten de tener unos mínimos aceptables.

Que la plataforma acepte las reglas del juego y mire a otro lado (no tienen filtro, de eso no tengo ninguna duda), como de costumbre, ya es otra historia, pero espero que nadie caiga en el error de darle al play pensando que está ante una simpática comedia de Netflix, porque 1) No se va a enterar de nada (sí, es necesario haber visto las anteriores, aunque suene ridículo, y es que Perry no se esfuerza ni en explicar los parentescos), y 2) seguramente se desuscriba de la plataforma, pensando que ya han alcanzado el techo del mal gusto. Ellos verán, pero este tipo de subproductos no hacen otra cosa que traerles mala fama.

Tampoco voy a perder tiempo hablando del reparto, con un Perry que vuelve a hacer lo de siempre, consciente de que le funciona (reconozco que uno de los personajes se le da bastante bien, y no es el de Madea), y unos secundarios que navegan entre lo correcto y lo sobreactuado, que no deja de ser lo esperado en una comedia de estas características.

Y dicho todo esto, me quedo con un par de bromas políticamente incorrectas (hay una que se lleva la palma como lo más surrealista en años) y… nada más, siendo otra pérdida de tiempo que no recomiendo ni a los fans de la saga, porque esto ya no hay quién lo defienda. Me temo que Perry es consciente de ello, perpetrando una de las sagas más esperpénticas de la historia del cine (el Apocalipsis cinematográfico), y tiene pinta de que va a seguir estirando el chicle hasta que alguien diga basta. ¿Serás tú ese héroe o heroína? En tus manos está. Mientras tanto, ni te acerques a este aborto cinematográfico. Yo ya he avisado. En lo que a mí respecta, ¿volveré a caer en el error de ver la próxima (que la habrá) propuesta de Madea? Seguramente sí, porque, como ya he indicado, alguien tiene que hacerlo. Como suele decirse, no todos los héroes llevan capa.

Crítica en vídeo:

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