La matanza de Texas (2022) – Texas Chainsaw Massacre – Netflix – Crítica – Un festival gore perfecto para los amantes del slasher, pero nada más

Creo que podemos afirmar, sin temor a equívoco, que la saga de ‘La Matanza de Texas (Texas Chainsaw Massacre)’ es una de las más caóticas de la historia del cine. Sólo hay que echar un vistazo a todas las entregas para darse cuenta de que sus responsables jamás han tenido claro cómo proseguir las andanzas del mítico Leatherface (Cara de cuero). Antes de recapitular las infames secuelas, conviene detenerse en el clásico original, siendo la película que lo originó todo en el ya lejano 1974. No me escondo, reconociendo que me parece un film tan horrible como insufrible (y no, no es por su atmósfera insana), colocándose fácilmente entre lo peor que he visto en mi vida, y mira que he visto de todo… Y es que soy incapaz de ver esos matices y profundidad que tantos críticos y espectadores supieron ver en su momento, siendo para mí un slasher sucio, baratero y ridículo. Lo sé, toda una declaración de intenciones. No obstante, no seré yo el que le quite su estatus de clásico de culto, no vaya a ser que acabe cortado en dos (el cementerio está lleno de valientes…), pero conviene dejar clara mi opinión.

¿Se podía hacer algo todavía más grotesco? La terrible secuela de 1986 confirmó que sí, siendo mucho peor, hasta el punto de que me parece un bofetón a la película original (cuesta creer que sea del mismo director) y al buen gusto. Todavía no soy consciente de lo que vi, pero ésta sí que se encuentra sin problemas en mi top del averno. Indescriptible. No soy un loco, por lo que ni me he acercado a la tercera y cuarta parte, aunque no hablan maravillas de ellas, precisamente, y lo mismo se puede decir de las (olvidadas) versiones de 2013 y 2017, que tampoco he tenido el «placer» de visionar. Pero no todo es malo en la mitología del personaje, como es el caso del eficiente y defenestrado remake de 2003, siendo la mejor película con diferencia (al menos para quien esto escribe), aunque su precuela no estuviese a la altura, formando parte del grupo del desastre. Una de ocho, nada mal…

En este punto, conviene recalcar que todos los films (exceptuando los remakes) apostaron por ser secuelas directas de la original, obviando los acontecimientos de las películas anteriores, como si jamás hubiesen existido (es decir, lo que se ha hecho con ‘Halloween’), que es lo mismo que sucede con esta nueva entrega de Netflix, titulada de la misma forma que la original (por si cae algún despistado) y con la promesa de estar a la altura de dicho clásico. La verdad es que estoy bastante harto de la moda de las ‘secuelas directas’ (peor que la de los remakes o los reboots) que obvian los acontecimientos anteriores, menospreciando a las secuelas hechas hasta el momento, con una grandilocuencia y pretenciosidad insultantes, intentando vender la idea de que ésta es la buena, y lo otro ha sido un error.

Llamadme masoca o incauto, pero a pesar de lo comentado, y de las espantosas críticas (los medios estadounidenses la han masacrado, nunca mejor dicho), me he aventurado con esta nueva (y algo me dice que no última) entrega, con la única intención de pasar un rato entretenido, que es lo mínimo que le pido a una película hoy en día. Lo sé, me he vuelto un conformista, pero es que la calidad del cine está en niveles alarmantes en los últimos años, y dudo que sea el único que se ha dado cuenta. Pues bien, es hora de preguntarse, ¿está este film a la altura del clásico original? ¿Es una buena secuela? ¿Es un festival gore perfecto para los amantes del slasher? ¿Es una mala película? Sencillo: No (en base a lo que esperan los fans, para que veáis que soy objetivo), no, sí, y un rotundo sí. En efecto, estamos ante una mala secuela y película (qué sorpresa…), aunque no negaré que entretiene, siendo su mayor aliciente el hecho de no tomarse en serio a sí misma y… su duración.

Y es que setenta y tres minutos suenan a gloria bendita, con unos responsables que saben perfectamente lo que quieren, arrancando la historia de forma efectiva y sin perder demasiado tiempo en el manoseado recurso del pasado traumático de los personajes (sí, hace acto de presencia, pero apenas se toca), y dando lo que se espera de un slasher gamberro, que no es otra cosa que casquería, mucha casquería. El que esperase otra cosa, se ha equivocado de película. Y es que el llamado ‘terror elevado’ ha mal acostumbrado a una parte de la audiencia, olvidando que muchos espectadores sólo buscan pasar un rato entretenido, y este film te lo da con creces, porque es Leatherface masacrando influencers, o lo que es lo mismo, personajes insufribles, un cliché tan simpático que es imposible quejarse. Ni más ni menos.

Eso no quita que se abuse de los efectos visuales, que la historia sea más plana que un folio, que sea imposible empatizar con los imbéciles de los protagonistas (lo dicho, un clásico del género que no debatiremos a estas alturas del cuento) o que se olvide tan rápido como se consume (si puede ser con un cubo de alitas picantes o palomitas, mejor que mejor), siendo un festival gore de usar y tirar, que hará las delicias de los amantes de las vísceras, pero que seguramente espante al resto del público, y de ahí las nefastas reseñas. La verdad es que hay que concederle a Netflix su atrevimiento a la hora de estrenar algo así en la plataforma, porque no se escatima en glóbulos rojos, aunque el mejor momento de la cinta esté destripado en el tráiler, el cual, por cierto, te lo cuenta todo. Quizás no fue buena idea hacer un adelanto de dos minutos de una película de setenta y tres, pero esa es otra historia.

También podría hablar del reparto (ni frío ni calor), de lo absurdo de la trama (atención al regreso de cierto personaje y de lo desaprovechado que está, hasta el punto de que lo puedes quitar de la película que no pasa nada), de la pereza de sus responsables por ofrecer algo más, de la engañosa promoción (se ha vendido como la gran secuela, cuando ésta jamás va a llegar) y de muchos otros factores que confirman que estamos ante una película muy mala, pero sería perder el tiempo, porque como slasher funciona, y si eres consciente de la fiesta a la que has sido invitado, te lo vas a pasar en grande. En caso contrario, huye. A mí me ha servido para la noche del viernes, que es mucho más de lo que se puede decir de otras producciones (o de la secuela de 1986…), por lo que ni tan mal. No la recordaré en dos días, al igual que la gran mayoría, pero al menos no te hace perder el tiempo (de nuevo, me quito el sombrero ante tal duración) y sabe lo que quiere. Conforme.

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