The King’s Man: La primera misión – Crítica – Una precuela efectiva cuando se acerca a la esencia de la saga, pero fallida cuando se aleja

Me puedo considerar fan de la saga ‘Kingsman’, ya que disfruté muchísimo con la primera parte, un divertido y gamberro thriller de espías, con unas escenas de acción que quitaban el hipo (cortesía de Matthew Vaughn, uno de los cineastas más interesantes del panorama actual) y que sólo se podría calificar como redonda. Quedé algo más decepcionado con la secuela, bastante caótica, pero también me pareció un entretenimiento la mar de disfrutable. Y ese es el motivo por el que estoy aquí, con una precuela que, seamos sinceros, nadie había pedido (yo hubiese optado por una tercera parte) y que ha sufrido infinidad de retrasos (su primera fecha de estreno data de 2019…).

La crítica la ha machacado sin piedad, con cifras bajas en la popular (pero cuestionable) web Rotten Tomatoes (luego la fallida ‘Matrix Resurrections’ tiene un porcentaje mucho más alto… fíate y no corras), y con un público que la ha ignorado por completo (la competencia no era la mejor), siendo uno de los grandes fracasos taquilleros del año (pero no sabéis hasta qué punto…). Yo he sido fiel, presentándome en mi cine más cercano, dispuesto a disfrutar de una nueva aventura ideada por Vaughn. Una vez vista, me veo en la obligación de hablar de ligera decepción, aunque la considere una buena película, lejos de las negativas opiniones de unos críticos que luego ensalzan absolutos bodrios. Podría poner ejemplos, pero esto se parecería a ‘El irlandés’… En fin, no me enrollo más, comenzando a intentar explicar qué ha fallado y cuáles son sus grandes logros.

La dirección de Matthew Vaughn vuelve a ser fascinante, con unas escenas de acción memorables, ya sean las bélicas (sin nada que envidiar a films del género más aplaudidos) o los combates cuerpo a cuerpo (atención al enfrentamiento contra Rasputín). Es una pena que los tres guionistas (uno de ellos Vaughn) renuncien al sello de identidad de la saga, apostando por un drama bélico e intrigas de palacio (ojo a la previsible identidad del villano de la función, con un doblaje que no ayuda… el mismo error de siempre) que ralentizan el ritmo de la trama y hacen que la película dure dos excesivas horas. Es ese cambio de género y de esencia lo que no me ha convencido, con un arranque correcto, un tramo fabuloso (el de Rasputín), un segundo acto donde todo decae (lastrando al conjunto), y un estupendo clímax que nos devuelve la esperanza, captando a la perfección el espíritu de las anteriores entregas.

Obviamente hablamos de un resultado tan irregular como caótico, notándose que la cinta quiere ser demasiadas cosas, cuando debería haberse centrado en el thriller de espías, sin más. ¿De qué me sirve toda la parte bélica, más allá de disfrutar de las potentes escenas y del dramatismo? Es una pena que la película sólo se desmelene en momentos puntuales, porque eso es precisamente lo que le falta, tomarse menos en serio a sí misma. A pesar de todo, sólo por las escenas comentadas, el film ya merece la pena, aunque esté por detrás de sus dos antecesoras.

El reparto es otro de los platos fuertes de la película, con infinidad de rostros conocidos. De entre todos ellos destacan dos, el señor Ralph Fiennes y el señor Rhys Ifans. El primero es puro carisma y confirma lo que ya sabíamos, que es un actor que nunca falla, convenciendo en su faceta de action hero (¿no pasan los años por este buen hombre?). Sin su presencia, la película habría perdido muchos enteros, y lo mismo se puede decir de Ifans, con un villano digno de enmarcar, aunque su presencia sea más reducida, lo que es una lástima, porque deja la sensación de estar desaprovechado.

Es el mismo caso que el de secundarios como Daniel Brühl (aunque se entiende), Charles Dance o Stanley Tucci, los cuales merecían más minutos. Por otro lado, se agradece la presencia del siempre cumplidor Djimou Hounsou (haciendo el mismo papel de siempre, pero le queremos igual) o una convincente Gemma Arterton. Todos dan la talla en un elenco más que interesante. Y por último, pero no menos importante, destacar la estupenda banda sonora, con un par de temas que sorprenden y emocionan a partes iguales (atención a la escena bélica), engrandeciendo todavía más el nivel del conjunto.

En conclusión, sería demasiado severo hablar de una precuela fallida, pero es cierto que sólo funciona y es efectiva cuando se centra en continuar el legado de la saga, pero fracasa cuando se aparta de la esencia de la misma, apostando por un cambio de género y rumbo que no le sienta nada bien. Llega a mantener el nivel de ciertos momentos, y estaríamos hablando de una de las mejores películas del año, pero de lejos. Me quedo con lo bueno, siendo una propuesta recomendable si disfrutaste con las dos anteriores y quieres saber un poco más de este mundo. En caso contrario, no se te ha perdido nada.

Por cierto, hay una escena post-créditos que confirma que Vaughn quiere una secuela de la precuela… Pues va a ser que no, teniendo en cuenta el sonoro fracaso en taquilla. Es más, dudo que tengamos ‘Kingsman 3‘. Duele, porque la saga merecía un buen cierre, pero ya nunca lo tendremos. Ha sido un placer, Kingsman’s.

Crítica en vídeo:

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