El poder del perro – The Power of the Dog – Película Netflix – Su fascinante reparto es lo único destacable de un aburrido drama carente de interés

Adoro a Benedict Cumberbatch, actor al que descubrí en la serie Sherlock (con dos temporadas maravillosas, una tercera irregular y una cuarta terrible), y que me ha ido cautivando a medida que proseguía con su estupenda filmografía, Doctor Strange incluido. Su presencia es el único motivo por el que me he embarcado en el visionado de este drama (estreno de Netflix, que ya se acerca la temporada de premios), aplaudido por la crítica en varios festivales, y dirigido por Jane Campion, directora que vivió tiempos mejores, y cuyo mayor éxito (‘El Piano’) ya ha sido olvidado en el tiempo. No es culpa suya, suele suceder. Pues bien, ya he visto el film y debo confesar que es tan lento y aburrido como parece, siendo su único atractivo el reparto (se veía venir), y poniendo de relieve la eterna (y épica) batalla entre crítica y público. Pero no adelantemos acontecimientos.

Campion ofrece una convincente labor tras las cámaras, aportando elegancia y estilo al conjunto. No creo que nadie se atreva a negar la belleza visual al film, pero lo que sí es cuestionable es la duración, con dos interminables horas que podrían haberse reducido sin problema alguno. Pero el problema no es de la dirección, sino más bien de un guion que no tiene nada interesante que contarnos (quizás podría rescatar un par de escenas y diálogos, pero poco más), y que, por cierto, también es cortesía de Campion. Todo queda en casa.

Ahora vendrán los de siempre (ya sabéis, los que la han aplaudido en los festivales) a decir que la propuesta está repleta de matices, y que es una historia solamente apta para los que saben ver más allá. Me van a disculpar, muy señores míos, pero se puede contar exactamente lo mismo en apenas hora y media, sin que el conjunto se resienta. No ayuda que algunos personajes desaparezcan sin motivo alguno, como si ya no importasen lo más mínimo, cuando se han perdido valiosos minutos con ellos al inicio de la cinta, o que el núcleo de la historia no ofrezca nada nuevo. Quizás sean cosas mías, pero cuando aparecen los títulos de crédito, queda la sensación de que la trama no es tan apasionante y sugerente como nos quieren hacer creer.

Y sí, estamos ante otra producción que la crítica amará con locura y el público aborrecerá. El eterno conflicto que no parece que vaya a tener fin. No quiero extenderme mucho en este punto, pero jamás comprenderé porque los críticos no piensan en los espectadores, cuando se supone que están al servicio de éstos. Por supuesto, me refiero a dar su entusiasta opinión advirtiendo de lo que es el producto, sin olvidarse de que no escriben para ellos mismos. Yo estoy curtido en mil batallas, y ya sospechaba lo que me iba a encontrar, pero estoy seguro que habrá muchos espectadores incautos que le darán al play, interesados por las positivas reseñas, y desearán no haberlo hecho cuando hayan finalizado las dos extensas horas. En fin, yo ya he avisado, por lo que mi conciencia está tranquilo (claro que tampoco soy crítico).

Respecto al reparto, es lo mejor del film, pero de lejos. Da igual lo que haga el bueno de Benedict, que siempre te atrapa. Puede estar leyendo las necrológicas mientras se toma un café, que seguirá siendo apasionante. He visto la película en versión original (simplemente lo indico), y puedo confirmar que el genial intérprete ofrece otra actuación brillante y visceral, con un personaje nada sencillo, y seguramente mejorándolo. Algo me dice que en otras manos no habría sido lo mismo. Jesse Plemons también ofrece una gran actuación, como de costumbre, aunque deje la sensación de estar bastante desaprovechado.

En cuanto a Kirsten Dunst, hablamos de una actriz que jamás me ha dicho demasiado, pero es indudable que aquí ofrece una impecable actuación. No me llevaría ninguna sorpresa si la nominasen a ella o a Cumberbatch, porque ambas interpretaciones elevan el nivel del film. El resto del conjunto actoral funciona a la perfección, aunque no deja de ser sorprendente ver a la ascendente Thomasin McKenzie (de reciente estreno con la fallida ‘Última noche en el Soho’) en un papel tan irrelevante. Finalizar este apartado reconociendo que sin un elenco actoral tan espectacular, la película sería muy inferior (sí, todavía más). No tengo ninguna duda, ya que de haber tenido un reparto menos atractivo, seguramente no me habría detenido en ella. Bien jugado… bien jugado.

En conclusión, estamos ante un insustancial drama que se cree mejor de lo que es, y que sólo destaca por su impecable reparto, siendo otra bomba de humo que gran parte del público no entenderá, aburriéndose de forma irremediable. Seamos sinceros, en dos días la habremos olvidado todos, incluidos los críticos que la han reseñado con tanto entusiasmo. Al resto de espectadores, no os la recomiendo, aunque seguramente los amantes de este tipo de dramas cocinados a fuego lento (nada en contra de ese recurso, cuando se hace bien) la adoren. Eso que se llevan, pero para mí es una de las películas más insustanciales y fallidas del año. No obstante, por la actuación de mi querido Cumberbatch (y la de Dunst), quizás merezca la pena el visionado. Maldito seas, Benedict. Maldito seas…

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