Por fin solo en casa – Home Sweet Home Alone – La nueva secuela no es el bodrio que parecía ser, pero sigue estando a años luz de los clásicos originales

En 1990 se estrenó una comedia navideña que resultó ser un éxito de taquilla incontestable. En efecto, esa película era Solo en Casa, hoy un clásico navideño de culto, y el cual catapultó a la fama a su joven protagonista, Macaulay Culkin (con todo lo que ello conllevó…), sin olvidar la magistral banda sonora de Williams. Después tuvimos una estupenda secuela, que aunque muchas voces la dejaron como una entrega inferior, para mí está al nivel de la original. Obviamente, soy un fan de las dos primeras partes (me las suelo poner cada navidad), considerándolos clásicos navideños imperecederos e inimitables, por mucho que algunos se afanen en catalogarlos de producciones inferiores, tantos años después (y porque queda guay decirlo…). En fin, cosas que pasan.

Es debido a mi amor por las películas de los 90 por lo que no tenía ningún tipo de esperanza o interés en esta nueva entrega (primera vendida como reboot, ya que remake se queda anticuado…), siendo una secuela tardía estrenada directamente en Disney Plus (después de la compra de 20th Century Fox por parte de la casa del ratón), lo que viene siendo un estreno de directo al mercado doméstico de los de toda la vida (lo de directo al videoclub también pasó a mejor vida, lamentablemente). Pues bien, ya se ha estrenado, sin hacer apenas ruido (hubo mucha más promoción con el anuncio del proyecto, lo que plantea algunas preguntas…) y con unas críticas terribles, que viene a ser lo esperado.

A pesar de que las señales están ahí, he decidido aventurarme en una nueva secuela que nadie había pedido, y sí lo había hecho, no era de esta forma, ya que los personajes son otros, y las intenciones también. Una vez vista, puedo afirmar que no es el bodrio que todos esperábamos, pero sigue estando a años luz de las propuestas originales, siendo un subproducto que quizás sirva para las nuevas generaciones, pero que a los fans nos confirma que aquéllo fue irrepetible y que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero vayamos por partes.

Hablar de los apartados técnicos en un producto como el que nos ocupa, es harto innecesario, limitándome a decir que hay un par de gags inspirados (curiosamente, ninguno tiene que ver con las trampas del crío protagonista) y que luce como un producto televisivo y navideño, que es lo que es. ¿Se le puede pedir algo más? No lo creo, aunque eso sí, las trampas están mucho menos inspiradas que las de las películas originales, y eso que hablamos de treinta años de diferencia. Han tenido tiempo para esmerarse, pero se ve que no merecía la pena. Y mejor dejamos a un lado lo peligrosas que son algunas (muerte asegurada si el género fuese el thriller o el terror), y más teniendo en cuenta que es una producción destinada al público infantil.

Se nota que los guionistas han estado bastante perdidos, en un conjunto algo extraño y que no acaba de funcionar. Se agradece, y mucho, que hayan intentado hacer algo diferente y distanciado de las anteriores, pero a veces no queda claro a que target se dirigen, con referencias a la magistral El precio del poder (Scarface) o a populares criminales de Estados Unidos, chistes que los niños no van a coger, a no ser que sean unos pícaros. Pero ahí no queda la confusión de los guionistas (hablo en plural porque son dos… sí, para esto), ya que la trama principal rompe totalmente con lo esperado y deseado. Me explico.

Resulta que aquí no hay malos, más bien una pobre pareja con una motivación dramática, los cuales son atormentados por el niño más repelente del año. Esa premisa choca con las primeras, ya que en aquéllas, los (fascinantes) villanos eran ladrones con malas intenciones, disfrutando el público cada vez que Kevin les hacía sufrir con cada nueva trampa. Aquí sufren los espectadores viendo como les infligen dolor (y no sabéis cuanto…) a unos padres que sólo piensan en su familia. ¿Qué sentido tiene eso? Ninguno, ya os lo adelanto, sin olvidar el hecho de que los protagonistas son ellos y no el niño, cosa que se agradece, aunque sigua siendo chocante. Lo sé, cuesta asimilarlo, pero yo no dicto las reglas del juego. Por supuesto, esa decisión argumental se carga la diversión de la película, ya que unas buenas personas sufren, y encima por una confusión. Y es que a veces es mejor limitarse a repetir lo establecido, que luego pasa lo que pasa.

Y en este punto cabe preguntarse, ¿era necesario titularla ‘Solo en Casa’? Todos sabéis la respuesta, siendo otro producto que busca aprovecharse de la fama del original, siendo un quiero y no puedo, a pesar de ser consciente de sus limitaciones (se hace una broma al respecto). Y es que el triunfo de las cintas de la década de los 90 es único, estando ante una película que sólo busca rellenar catálogo de la plataforma y promocionar cuantas más marcas mejor, habiendo momentos en los que parece más un escaparate de productos que no un film.

En cuanto al reparto, el niño protagonista hace lo que puede con el personaje que le han dado, carente de cualquier tipo de carisma o ternura. Y es que Culkin sólo hay uno, y su sombra es muy alargada. Nada más que añadir en este aspecto, que no es culpa del muchacho. Mucho mejor están los adultos protagonistas, totalmente entregados a la causa y conscientes del producto en el que están. Es una lástima que ambos desperdicien su talento en producciones de esta índole, pero no conviene decirle que no a Disney. Eso es de manual. Y bueno, mejor no mentar el desaprovechado y decepcionante cameo del film, metido con calzador para poder justificar que esta cinta sucede en el mismo universo que el de las primeras), o la banda sonora, cogiendo algunos de los excelentes temas del maestro John Williams y destrozándolos por completo, no vaya a ser que les exijan copyright… Ni eso nos dan.

En conclusión, no creo que esta secuela tardía sea el bodrio que podría haber sido, pero los fans (entre los que me incluyo) de las originales saldrán decepcionados (bueno, yo no esperaba nada, si soy sincero) ante este ‘Solo en Casa‘ de rebajas, y las nuevas generaciones no la disfrutarán como nosotros sí lo hicimos en los 90 con esos estupendos clásicos navideños. Mi consejo navideño es que, en vez de ver una secuela tan insípida y alejada del argumento ideado por John Hugues, lo mejor es que te vuelvas a poner el clásico protagonizado por Macaulay Culkin y su maravillosa (e infravalorada) segunda parte. Y también sirve si tienes hijos. No aceptes copias. Dicho esto, Feliz Navidad a tod@s.

Crítica en vídeo:

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