Tiempo – Old – Crítica – ‘Tiempo’ es lo que nos hace perder M. Night Shyamalan con la película más ridícula del año

M.Night Shyamalan es un director y guionista que sorprendió en sus inicios, gracias a cintas como la terrorífica El sexto sentido, la fascinante El Protegido (Unbreakable) o la sensacional Señales (Sings), estos dos últimos sus mejores films. Después encadenó una serie de fiascos, para acabar haciendo El incidente (The Happening), thriller que podríamos calificar, sin temor a equívoco, como uno de los más estúpidos de los últimos años, y creo que me quedo corto. Después de volver a «obsequiarnos» con un film tan olvidable (y olvidado) como After Earth (que se cargó la carrera cinematográfica del hijo de Will Smith, y creo que podemos estar agradecidos), Shyamaln tuvo una especia de redención con la inquietante La Visita, pero todo fue un espejismo, ya que después realizó la irregular Múltiple (Split), la cual aún tenia un pase, y la espantosa Glass, que suponía el fin de la trilogía iniciada por El Protegido.

Nadie le niega a Shyamalan su estatus de buen director (y su ego menos), pero lo que está claro es que tiene un problema a la hora de escribir, y su nueva película, Tiempo (Old), es otro ejemplo de ello, siendo una de las propuestas más ridículas del año, por no decir la que más. La crítica no quedó demasiado entusiasmada, aunque una vez vista, creo que fueron demasiado generosos con el bueno de Shyamalan (y mira que antaño la relación no podía ser peor), aunque el público parece haber respondido mejor, al ser un relativo éxito de taquilla. No obstante, eso no quita de que estemos ante un despropósito mayúsculo y que confirma que el cineasta ha perdido el norte. Pero mejor vayamos por partes.

Antes Shyamalan era sinónimo, como mínimo, de buen hacer tras las cámaras, pero después de contemplar sus últimos trabajos, es obvio que ha perdido su toque. ¿Cómo es posible que sus últimas películas luzcan peor que sus trabajos de hace veinte años? Quizás algunos piensen que son temas presupuestarios, pero no es excusa, notándose la pereza visual del realizador (lo de los mediocres efectos visuales mejor lo dejamos para otra clase…). Sí, se nota su esfuerzo por impresionar al espectador, moviendo la cámara a cada instante al rededor de los personajes, obteniendo un montaje epiléptico que no da respiro al espectador, quizás con la intención de agotarlo y que no se de cuenta de lo idiota que es el guion. Lo único bueno que se puede decir de su trabajo es que no aburre en los cien minutos que dura el film (quizás el mérito sea de la incredulidad que provoca), aunque le sobran veinte, con un final alargado hasta el exceso.

Pero la insípida dirección no es el gran problema, siendo el libreto el culpable de que estemos ante una de las propuestas más ridículas (y diga una porque Sweet Girl también se ha estrenado este año) del año, pero de lejos. Y es que nada justifica unos personajes y diálogos tan idiotas, provocando el sonrojo a cada minuto, ya que no hay ni un punto de lógica o cordura en el metraje de la cinta. De verdad, no sé en qué piensan los productores al dar luz verde a los guiones de este señor, pero es que no hay por donde cogerlo. Y no, la premisa principal (una playa en la que envejeces a corto plazo) no tiene nada que ver, sino la manía de Shyamalan de que todo parezca una parodia, hasta el punto de que los personajes estén sufriendo por la situación y al minuto siguiente se lo tomen todo a broma, estando ante una comedia involuntaria que sólo se puede disfrutar en una tarde con colegas. Increíble, pero cierto.

Los actores también andan muy perdidos, con un Gael García Bernal con el piloto automático, o unos sobreactuados Thomasin McKenzie y Alex Wolff, en especial este último, con un personaje que parece que ya traía las taras de casa. También se pasea por ahí un enigmático Rufus Sewell (el cual vivió tiempos mejores), que hace lo que puede con el surrealista personaje que le ha tocado interpretar. La culpa no es de ninguno de ellos, sino de unos personajes muy mal escritos y que no te tomas en serio ni por error.

En conclusión, estamos ante una de las peores películas de Shyamalan (que ya es decir) y ante la más ridícula del año (con permiso de Sweet Girl), confirmando que el (antaño) director y escritor prodigio ha sucumbido a su propio ego, orquestando patochadas que lo único que logran es ruborizar al público, como si el propio director hubiese pisado la playa del film, perdiendo la cordura por completo. Eso explicaría este guion. Y es que Shyamalan lo ha vuelto hacer, robándonos el tan preciado tiempo que le da título a su último film. El genio ha muerto. Larga vida al bufón. Ahora a esperar a su última payasada. Hacedme caso, la habrá.

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