Candyman (2021) – El temible Jordan Peele ofrece un bodrio más preocupado en su denuncia racial que en dar miedo

Candyman fue un clásico de terror estrenado en 1992, el cual cosechó estupendas críticas, aunque sus secuelas no corrieron la misma suerte. Yo visioné la primera parte y me pareció una cinta tan soporífera como sobrevalorada. Seamos sinceros, si se recuerda al film es por su imponente personaje y por la leyenda que tiene detrás, con el mito del espejo (tan popular en aquellos años). Pues bien, el temible Jordan Peele, responsable de la terrible Déjame Salir (Get Out) o la correcta Nosotros (Us), ha decidido que era buena idea volver a traer al personaje, aunque esta vez no se trate de un remake al uso. Y es que esta muy de moda el recurso de ignorar las secuelas de algunas sagas, para hacer segundas partes directas de la primera entrega, que suele ser la mejor.

Se ha probado con Halloween (para un servidor, con mediocres resultados), y ahora lo intentan con esta nueva Candyman, la cual ha vuelto a cosechar estupendas críticas (aunque cuidado, hay trampa) y grandes resultados en la taquilla. Pues bien, una vez vista, puedo afirmar que se trata de una de las peores películas del año, más centrada en su denuncia racial que en dar miedo, aunque se supone que es un film de terror. El culpable directo es su guionista y productor, que no es otro que el señor Peele, el cual está obsesionado con el racismo, cuando luego ofrece precisamente eso, producciones en las que no se deja de hablar del hombre blanco (como en la fracasada Lovecraft Country) y que invitan a la reflexión, pero porque son parte del problema. De verdad, os animo a que os toméis un chupito cada vez que digan «el hombre blanco» en esta cinta. Coma etílico asegurado…

Aquí estamos ante otro panfleto reaccionario y que los críticos «profesionales» se han visto en la obligación de aplaudir de forma rabiosa (nada que ver con la opinión del público), no vaya a ser que los tilden de racistas, que es como están actuando en los últimos años, esclavos de los tiempos que corren. Yo no le rindo cuentas a nadie, y si tengo que denunciar el racismo implícito (aunque creo que podemos hablar de explícito) de esta producción lo haré, ya que estoy harto de discursos cargados de odio y vendidos como revolucionarios, que lo único que buscan es dividir. Eso es precisamente Candyman, y el miedo, ya si eso, para otro día. Pero vayamos por partes, que me enciendo…

Nia DaCosta se encarga de la dirección, y no tiene demasiados problemas en confirmarse como lo mejor de la propuesta, ya que se aprecia su buena mano tras las cámaras (a pesar de ser su segundo trabajo), con unos planos muy interesantes (atención a las muertes) y un estilo elegante (el recurso de los flashbacks). Se nota cuando un estudio está implicado, y aquí luce cada dólar invertido, en una producción de terror que podría haberse conformado con otro enfoque, pero que tiene un gran trabajo detrás. Respecto a DaCosta, ya ha sido fichada por Marvel (para la futura The Marvels), siendo obvio que Hollywood no iba a desaprovechar la oportunidad de explotar un perfil como el suyo. Que cada uno entienda lo que quiera, pero al menos en esta ocasión hay talento.

El guion, cortesía de Jordan Peele (que ya se está confirmando como una de las figuras más sobrevaloradas y engañosas del momento), no hay por donde cogerlo, ya que se cree mejor de lo que realmente es (como el propio autor), ofreciendo una historia cargada de pedantería, con un racismo bochornoso (con todas sus letras), y unos personajes con los que es imposible empatizar, ya que todos son insufribles, ya sean las víctimas (clichés con patas) o los propios protagonistas. Tampoco entiendo la necesidad de hacer una secuela directa, nombrando los acontecimientos de la primera parte, pero sin que estos afecten mucho a la historia, más allá de una sorpresa final que te deja igual que estabas. Yo hubiese apostado por un remake, aunque mucho me temo que el resultado sería igual de lamentable.

Por otro lado, la cinta dura una hora y media, lo que sería digno de aplauso (es la duración perfecta para este tipo de producciones), sino fuese porque la película se hace pesada y aburre. Quizás tenga algo que ver que el género de terror se margine en pro de una denuncia social tan superficial como nada sutil, y que se abordaba de mejor forma en la primera entrega. Sin el «Black Lives Matter» de hace un año, no existiría este Candyman, por lo que podemos confirmar a Peele como un corredor de fondo… y un oportunista (con permiso de Spike Lee). En cuanto al reparto, todos hacen lo que pueden con los personajes que les han tocado, notándose su esfuerzo, aunque sin resultar memorables. Podría haber sido peor.

En conclusión, estamos ante una de las peores películas del año, aburriendo al personal (película de terror que no asusta y con discursos vacíos) y denotando un racismo que sí asusta. Jordan Peele es un vende humo y, mucho más grave, un racista de mucho cuidado, usando su inmerecida fama para intentar manipular a las masas con el sobado discurso del hombre blanco. En mano de que cada uno está seguirle o no el juego, pero es que encima sus producciones son tan fallidas como olvidables, y la terrible Candyman (2021) es otro ejemplo de ello. Vosotros mismos, pero yo ya no pico más con este señor.

Crítica en vídeo:

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