Un hombre lobo entre nosotros (Werewolves Within) – Una comedia de terror que no sabe aprovechar su estupendo punto de partida

Un hombre lobo entre nosotros (Werewolves Within) es una comedia de terror e intriga que presenta un estupendo punto de partida, con una serie de variopintos personajes que se quedan atrapados en una cabaña, debido al temporal. El problema llega cuando sospechan de que hay un hombre lobo entre ellos, el cual tiene hambre… mucho hambre. Menudo argumento me acabo de sacar de la manga, pero no estamos aquí para hablar de eso, sino de los dispares resultados de una cinta que comienza muy bien, pero cuyo desenlace (del que no voy a decir ni pío, entre otras cosas porque es una crítica sin spoilers) arruina el conjunto. Pero mejor vayamos por partes.

La dirección convence, siendo el segundo trabajo de su responsable. La verdad es que su labor tras las cámaras es más que encomiable, notándose que sabe adaptarse a las limitaciones presupuestarias (es obvio que es una película de bajo presupuesto). Aprovecho para indicar que la estupenda banda sonora tiene ecos de Marco Beltrami (el mismo de la saga Scream), siendo una composición que añade todavía más misterio a la propuesta, lo cual es de agradecer.

La historia arranca de forma sensacional, presentando a unos personajes que navegan entre lo entrañable y lo surrealista (en el buen sentido), y con una historia que atrapa. ¿Cómo resistirse a una película que combina intriga, terror, comedia y un hombre lobo al acecho? El problema es que la guionista (Mishna Wolff… lo del apellido supongo que es casualidad) no sabe muy bien qué hacer con su propia obra, desaprovechando el recurso del licántropo, y cometiendo el gran error que cometen otras tantas comedias de terror, que no es otra cosa que abandonar el humor en el último tercio, el menos inspirado del conjunto.

Y es que la película presenta una resolución más que insatisfactoria, que tampoco podría calificar de perezosa, pero que deja un sentimiento agridulce. Desde luego, desmerece por completo los logros obtenidos en la primera hora, siendo una propuesta de hora y media que se disfruta cómo lo que es, pero que seguramente acabe relegada al olvido porque no ha sabido mover sus fichas de forma correcta, siendo una cinta de hombres lobos del montón, y cuyo prometedor cóctel de géneros se acaba quedando en tierra de nadie.

Como gran protagonista tenemos a Sam Richardson, asiduo a la comedia y eterno secundario que aquí tiene la oportunidad de lucirse, y vaya si lo hace, con un personaje hecho a su medida y del que sale totalmente airoso. No obstante, la sorpresa de la película es Milana Vayntrub, tan entrañable como desternillante, y eclipsando a cualquier compañero de reparto con el que comparte escena. Atención a la escena del bar. El resto de secundarios se entregan completamente a sus hilarantes personajes, siendo un elenco actoral a la altura de las circunstancias.

En conclusión, estamos ante una simpática y, hasta cierto pinto, interesante comedia de terror, que presenta una trama de intriga atractiva, pero a la que no se sabe darle un final satisfactorio. Es una pena, porque el resto de elementos cumple con creces (dirección, reparto, banda sonora), siendo el guion el que fracasa de forma estrepitosa, impidiendo que estemos ante un film digno de recomendar. Yo he pasado un rato entretenido, no lo negaré, pero me da rabia que se arruine una propuesta que apuntaba maneras. Y como suele decirse (quizás demasiado), otra vez será.

Crítica en vídeo:

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