SAS: El ascenso del Cisne Negro (SAS: Red Notice) – Película Netflix – Una sosa cinta de acción que aburre y deja indiferente

Esta vez voy a ser totalmente sincero (aunque suelo serlo): sabía a lo que venía y sabía que no iba a ser una buena película (no hace falta ser físico cuántico para apreciarlo si se investiga un poco), siendo mi única motivación a la hora de verla, mi deseo irrefrenable de hacer una crítica y destriparla sin compasión, añadiendo carnaza a mi particular cruzada contra Netflix (y a la que tengo todo el derecho del mundo, ya que para algo pago una suscripción). Dicho esto, comencemos con este soporífero film sin fundamento ni razón de ser, siendo otro ejemplo de que algo pasa con Mary… perdón, con Netflix.

Podría hablar de la dirección, pero no hay mucho qué decir al respecto, más allá de que estamos ante una cinta de acción sin casi acción, dándole prioridad a unos diálogos y personajes mal escritos. No hay que ser un lince para notar que han habido limitaciones presupuestarias, siendo una de las películas de acción más sosas de los últimos años. Una vez termina (eso sí, con unos créditos finales muy superiores al resto del metraje) te quedas igual que estabas, aunque más aburrido, y eso es muy grave cuando te acercas a (supuesto) cine de evasión. Está claro que la plataforma se ha (mal)acostumbrado a producciones de carácter televisivo, que lucen mal y recuerdan a esos subproductos de videoclub que también emitían (y emiten) en las tardes de la sobremesa (los mediocres efectos especiales son la confirmación definitiva). El estercolero del cine (lo de las series y documentales un poco mejor), no hay más.

No voy a meterme con su modelo de negocio, ya que es su decisión, pero están ofreciendo una serie de productos low cost de usar y tirar que obligan a preguntarse qué distancia a Netflix de la televisión en abierto y gratuita, ya que cada vez se asemejan más. Para concluir este apartado, confirmar que es una labor tras las cámaras nada inspirada, con una acción rudimentaria y sin gracia, y que denota la falta de presupuesto. No hay ni un sólo momento destacable. Tampoco estoy pidiendo al maldito Michael Bay, pero esta pereza visual no, gracias.

‘El protagonista en plan Bruce Wayne, o un millonario jugando a ser soldado’

La película roza las dos horas, siendo responsabilidad máxima de los torpes guionistas (en efecto, dos, en plural), los cuales no saben muy bien qué hacer con su propio material. La película tarda una eternidad en arrancar, y lo que nos podrían haber contado en apenas diez minutos a modo de carta de presentación, se extiende hasta la media hora. Luego pasa una hora, y sigue con el freno. Y sigue, y sigue, y sigue… Hasta que se acaba. No han aprendido nada de las películas que pretenden imitar (por no decir copiar), eso seguro. No ayuda la innecesaria presentación del protagonista a lo Bruce Wayne (¿alguien me lo puede explicar?) o las escenas de unos villanos sin garra. Sí, nos hemos enterado, son muy malos, pero no hace falta que me lo muestres, ya que a veces es mejor insinuar (te ahorras tiempo).

No estoy en contra de que se pierdan minutos en explicarnos las motivaciones de los villanos, pero siempre y cuando tengan realmente motivaciones y no sean sujetos con la única intención de matar a cambio de dinero. ¿Por qué darle tanto protagonismo a la villana interpretada por Ruby Rose y sus conflictos familiares que no les importan ni a los propios guionistas? Ellos sabrán, pero nada justifica una duración tan exagerada en una película que debería haber durado ochenta minutos (títulos de crédito finales incluidos). Y creo que estoy siendo generoso…

También me cuesta creer que una premisa tan floja y mil veces vista haya salido de una novela, pero prefiero pensar que ha sido una mala adaptación, porque en el film se visitan tantos lugares comunes (la identidad del traidor…), que hay un momento que es mejor parar de contar sus interminables clichés (por no hablar de que es un remake inconfeso de ‘La jungla de cristal‘ o ‘Alerta Máxima 2‘, como se prefiera). Esto ya lo hemos visto todos antes, pero mejor, siendo la versión de rebajas de infinidad de producciones de acción mucho más efectivas, entretenidas y satisfactorias. Nada se nos ha perdido aquí, y menos para los fans del género que busquen dos horas de diversión. Ni rastro de la misma.

‘¿Cómo hemos acabado aquí?, se preguntan los actores

Es sorprendente que el nivel de desvergüenza y ridículo se controle durante gran parte del metraje, privándonos de la fiesta (no hay nada más delicioso que un placer culpable), hasta que llegan los minutos finales, con una de las frases y momentos más rocambolescos del año, siendo una oda a la violencia y el asesinato que ríete tú de Saló o los 120 días de Sodoma. Es una pena que la película se tome tan en serio a sí misma y sólo se desmelene en el desenlace, cuando ya es demasiado tarde. No sé quién metió mano en ese guion y fue el responsable de regalarnos esas pequeñas dosis de hilaridad, pero debería encargarse de la hipotética segunda parte que el final del film pretende insinuarnos y vendernos, seguramente con la intención de hacer una saga que no ha pedido ni el autor de la novela. Netflix, qué os voy a contar…

Es curioso, porque todos los actores de la película (con Serkis y Wikinson a la cabeza, los cuales siempre se ganan sus cheques) actúan como si estuviesen en una película mejor de lo que realmente es. Quizás les hayan engañado, como a los espectadores que se han acercado a esto esperando un film de acción sin acción, pero hacen una serie de esfuerzos por darle matices a unos desdibujados personajes que la cinta no merece. Pero eh, al menos no se limitan a recitar las insulsas líneas del guion sin más, por lo que conforme. Sam Heughan hace lo que puede como héroe de acción (aunque quizás llamarlo héroe sería inapropiado, ya que el personaje tiene menos interés en los rehenes que yo por esta película, y hasta ahí puedo leer…), notándose que está donde está por su físico, aunque su actuación no chirríe. Eso sí, esto hubiese mejorado mucho con el señor Scott Adkins como cabeza de cartel. Yo lo sé, y tú también, pero no les demos ideas a los de Netflix, que no nos pagan. Tacaños…

La actriz (y modelo y DJ, entre otras cosas) Ruby Rose no molesta (aunque tampoco apasiona) en pequeñas dosis, cuando aparece de secundaria en producciones para pasar el rato (dudo que se la vea en lo nuevo de Terrence Malick). El problema es cuando se le dan minutos de más, ya que directamente no te la crees, y no será porque no lo intente, pero su rol de villana de la función es un rotundo no. ¿Dónde está Charlize Theron cuando se la necesita? Ah, sí, en la saga Fast & Furious. Supongo que pagan mejor. El caso es que Rose es incapaz de sostener un papel protagónico, ya sea por su ausencia de talento (al menos en la actuación) o porque directamente su personaje es terrible.

‘Tom Wikinson planteándose cómo despedir a su agente’

Luego tenemos a los siempre geniales Tom Wikinson (que ha sido el más listo al escoger el papel más pequeño) o Andy Serkis (el mejor del reparto, aunque tampoco tenga demasiada competencia) desperdiciando su talento en un subproducto como el que nos ocupa. Lástima que ambos compartan apenas unos minutos, siendo un gran desaprovechamiento de cast. Tener a Andy Serkis y no ponerlo de villano máximo debería ser considerado delito penal. Por ahí también se pasean Tom Hopper (en un personaje estúpido hasta límites insospechados) o Hannah John-Kamen (Ant-Man y la Avispa), ambos intérpretes en alza a los que estoy seguro de que esta aburrida producción no les va a ayudar a la hora de que les escojan en películas de más calidad. Por cierto, ambos coinciden en la próxima película de Resident Evil: Bienvenidos a Racoon City, el primero como Wesker y la segunda como Jill. ¿Exagero si digo que ya podemos empezar a temblar?. Obviamente me refiero a su “don” para escoger buenos proyectos, no seáis mal pensados.

En conclusión, estamos ante lo esperado, aunque quizás peor, ya que este film de acción casi no tiene acción y aburre, dejando indiferente al pobre espectador. ¿Puede haber algo peor? Tengo la extraña sensación de que sus máximos responsables la han rodado pensando que era mucho mejor de lo que realmente es, siendo otra bobada de Netflix que será mejor olvidar cuánto antes. No está al horroroso nivel del desastre de Sweet Girl (el Apocalipsis hecho cine) pero sería igual de feliz (o incluso más) si no la hubiese visto, porque no aporta absolutamente nada. Pero aquí estoy, para sacrificarme por vosotros. Os quejaréis… En fin, una vez más (qué sorpresa…), gracias Netflix, de corazón. Que duermas bien con mi dinero en tu bolsillo…

Crítica en vídeo:

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