La calle del terror, Parte 3: 1666 – Fear Street Part Three: 1666 – Película Netflix – Un digno cierre para la trilogía de terror, aunque también la entrega menos inspirada

Creo que a estas alturas del cuento todos sabemos qué es La calle del terror (Fear Street) y lo que implica, por lo que me voy a limitar a reconocer que me lo pasé pipa con las dos primeras partes, 1994 y 1978, ambas producciones del género de terror (y de Netflix) tan refrescantes como entretenidas. Al final de la segunda se nos prometía un viaje a los orígenes de la maldición que asolaba a los protagonistas, con una tétrica historia de brujas y satanismo. A pesar de que la premisa y el adelanto me daba buenas vibraciones, algo me decía que iba a ser la cinta menos inspirada de las tres. Una vez vista, puedo confirmar que no me he equivocado, ya que esta tercera parte no está a la altura de las anteriores. Cuidado, eso no quiere decir que sea un producto mediocre o menor, simplemente que no se perciben los mismos logros que en sus dos hermanas mayores, por mucho que las tres se hayan rodado al mismo tiempo.

Quizás el problema sea que en el film que nos ocupa coexisten dos tramas, la del pasado (que sucede en 1666), menos interesante y terrorífica de lo esperado, y la del presente, en la cual se cierra la historia y se da fin a la odisea de los personajes. Esta segunda funciona mucho mejor, entre otras cosas porque recupera los elementos que más destacaron en las dos anteriores entregas (como ese imposible y delicioso cóctel de asesinos), siendo un final digno, pero que se resiente porque el flashback que explica el origen de la villana no acaba de cuajar del todo y se queda a medio gas.

Incluso la directora, Leigh Janiak, que tan buenos resultados había ofrecido en las dos anteriores partes, está menos lúcida, con una primera parte en la que intenta ofrecernos un tétrico cuento de terror, aunque con resultados dispares (tampoco hay muchos momentos para su lucimiento), recuperando la garra en la conclusión del film, demostrando que quizás esta historia necesitaba otra entrega más cercana a nuestros tiempos, que no conocer el pasado de un personaje que no está a la altura de los protagonistas de las anteriores. Y es que el guion nos presenta una historia que no llega a enganchar, a pesar de que lo intenta desesperadamente, con un giro sorpresa de esos de “o lo tomas o lo dejas”, el cual coquetea con lo inverosímil sin ningún tipo de rubor con tal de sorprender al espectador, restándole sentido a los hechos narrados hasta el momento.

Por otro lado, la trama se ralentiza de forma clara, renunciando al tono cómico (aunque en honor a la verdad, éste ya se abandonaba en la segunda parte) y el ritmo endiablado, en pro de un ritmo más pausado y que estropea un poco el conjunto final. No puedes ofrecer dos historias tan hilarantes y desmelenadas como las de 1994 y 1978, y luego bajar el nivel, ya que la trilogía se resiente y el tono festivo se pierde. Es como un corte abrupto (o pausa en el camino) de un festival de violencia y desenfreno que no necesitaba ningún tipo de descanso. Es extraño que los guionistas sean los mismos, y no sé hasta qué punto el señor R.L. Stine (responsable de la mítica colección de Pesadillas y de las novelas de Fear Street) es responsable, pero hay un bajón de interés importante. Pero como ya he indicado, todo vuelve a su cauce en un clímax que cumple las expectativas, aunque sin hacernos olvidar que la tercera parte podría haber dado más de sí.

En cuanto al reparto, todos vuelven a cumplir, siendo un total acierto que los responsables hayan optado por aprovechar a muchos de los actores de las dos primeras partes en el flashback de 1666, ya que son rostros familiares para el espectador y se agradece que recuperen a algunos de ellos. Por último, destacar la estupenda BSO (de Marco Beltrami, responsable de la saga Scream), con unas melodías escalofriantes, y que consigue que no echemos de menos los maravillosos soundtracks con éxitos de la época de las dos primeras partes.

En conclusión, estamos ante la peor de las tres, entre otras cosas porque la parte del pasado en 1666 no acaba de funcionar del todo. Afortunadamente todo se remonta en el clímax final, siendo finalmente una trilogía de terror estimable, aunque no se puede negar que va de más a menos, como si los responsables de la fiesta se fueran apagando al ritmo de una historia que merecía un alocado cierre al nivel de las dos estupendas primeras entregas. Una muy recomendable trilogía, perfecta para los amates del género, además de un triunfo para Netflix, pudiendo confirmar que su experimento (tres películas de terror conectadas y estrenadas en semanas consecutivas) ha sido un éxito. Estoy seguro de que habrán tomado buena nota para futuros proyectos, seguramente relacionados con el mismo mundo. Estaremos atentos. Una de las sorpresas del año.

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