El dragón de los deseos (Wish Dragon) – Película Netflix – Un film de animación conformista y poco inspirado

No tenía muchas expectativas depositadas en El dragón de los deseos (Wish Dragon), nueva producción animada de Netflix, entre otras cosas porque la plataforma la ha estrenado por la puerta de atrás, sin apenas promoción y notándose que no tenía demasiada confianza en ella. A pesar de las favorables críticas, no me extraña en absoluto que haya llegado a nuestros hogares sin hacer apenas ruido, porque se trata de otra película animada insustancial, sin garra y que se conforma con poco, con el único objetivo de entretener a los espectadores. Pero la pregunta es, ¿es suficiente?

La animación es simplista (que no mediocre), y más teniendo en cuenta los tiempos en los que vivimos, en los que las técnicas empleadas en otras producciones de la competencia evolucionan a pasos agigantados. Algo me dice que no han sido muy generosos con el presupuesto, pero cumple su cometido y no chirría, aunque sorprende que Sony Pictures esté detrás del proyecto, cuando suelen ofrecer productos mucho más vistosos.

Respecto a la historia, es lo más flojo de la cinta, con una originalidad que brilla por su ausencia, siendo un calco del clásico de Disney, Aladdin. Soy consciente de que hay una historia folclórica detrás, pero es que hay líneas de diálogo que son exactamente iguales a las del citado film, como cuando el Dragón le explica al protagonista los deseos que no puede cumplir. Sorprende que nadie haya dicho nada al respecto, ya que esta historia la hemos visto todos con anterioridad, en un conjunto que sólo puede calificarse de insípido (no es graciosa) y predecible (no hay lugar para la sorpresa).

Y es que los responsables se conforman con lo básico, desaprovechando a sus personajes (el dragón y el protagonista daban para más, mucho más), presentando una trama romántica que no va a ningún lado, villanos sin chispa o una búsqueda desesperada por emocionar al público, cuando llega un punto que te da igual todo. No todo es malo, ya que el film es simpático hasta cierto punto, y sirve si no tienes nada mejor que ver, pero es otra más y da la sensación de que llega tarde y mal, cuando hace treinta años se presentó una película muy similar e infinitamente superior. Y sí, me refiero de nuevo a Aladdin.

Y poco más se puede decir de esta sosa producción, en la que apenas destaca nada y que te deja igual que estabas una vez aparecen los títulos de crédito. Lo dicho, entretiene, pero nada más, siendo una cinta que todos habremos olvidado en breves. De hecho, Netflix la ha olvidado incluso antes de estrenarla, y no me sorprende. Si queréis ver una buena película de deseos, tenéis (una vez más) Aladdin. Si queréis ver una buena película de dragones, tenéis la reciente y estupenda Raya y el último dragón. Por último, si queréis ver una buena producción de dragones y deseos, tenéis Dragon Ball, pero no creo que se os haya perdido nada en ésta, por mucho que la crítica diga lo contrario. Y es que el nivel de la animación ha decaído bastante en los últimos años (y no me refiero al apartado técnico), con un exceso de producciones que no emocionan ni satisfacen. Cine de usar y tirar, y El dragón de los deseos es otro nuevo ejemplo. ¿Será el último? Lo dudo, y más si viene de Netflix. Prescindible.

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