Allan Ellen – Una imaginativa propuesta cargada de optimismo y magia

No solemos reparar en los cortometrajes, y mucho menos en los mediometrajes, siendo producciones que suelen pasar desapercibas (salvo honrosas excepciones), reduciéndose su recorrido a festivales de cine, donde este tipo de propuestas tienen buena acogida pero sin hacer el suficiente ruido como para llegar al gran público. Y la verdad es que es una lástima, porque de vez en cuando aparecen experiencias realizadas con buen hacer y amor por el cine, y Allan Ellen es un ejemplo de ello, habiendo obtenido prestigiosos premios en su paso por festivales, como el de Mejor película en el Chicago Indie Film Awards, en el Prague International Indie Film Festival o en el Hollywood Golden Film Awards, este último incluyendo un premio a la mejor actriz, y no me extraña.

No voy a negar que suelo tener ciertos reparos (por no llamarlos directamente prejuicios) cuando se combinan los conceptos de festival y cortometraje (o mediometraje), por lo que no las tenía todas conmigo a la hora de aventurarme en esta peculiar historia de amor. Afortunadamente, el director y guionista Juan Ros logra lo impensable, y es que disfrutemos de una historia amena y cercana, sin renunciar a los simbolismos o metáforas tan propias de este tipo de propuestas que buscan hacer reflexionar al espectador. Se puede, y Ros ha dado con la tecla adecuada, en una aventura romántica con ecos de Terry Gilliam (atención al inicio).

Para mí es una delicia encontrarme ante un producto tan experimental y diferente, y que no peque de petulante, no tratando al espectador de menos, siendo algo bastante insólito cuando hablamos de producciones de esta índole y que recorren los festivales de todo el mundo. Se trata de una cinta accesible y apta para todo tipo de público, realizada desde la humildad y que tiene un poderoso y necesario mensaje. Obviamente, no voy a dar muchos más detalles, por lo que es mejor que descubráis vosotros mismos los entresijos de la trama (que los tiene, y muchos).

En cuanto a la labor tras las cámaras de Ros, poco tiene que envidiar a productos más grandilocuentes, en especial teniendo en cuenta el reducido presupuesto con el que ha contado para cumplir su sueño. Los efectos especiales no chirrían, y hay momentos de un gran poderío visual que sorprenden y cautivan, recordándome a clásicos de la década de los 80 y 90 a los que entiendo que pretende homenajear. No es fácil trasladar una historia como la que nos ocupa al celuloide, y el director y guionista sale totalmente airoso de esta ardua papeleta, en lo que es un espectáculo cargado de inventiva y magia.

Por otro lado, tenemos un reparto a la altura de las circunstancias, con dos protagonistas totalmente entregados a sus personajes. Maarten Dannenberg está genial con un personaje cargado de matices y plasmando una evolución que podría haber fallado en otras manos, saliendo victorioso en un papel nada sencillo. No obstante, quien se lleva la palma es una sensacional Karina Kolokolchykova, siendo el corazón de la historia gracias a una actuación entrañable y enérgica. No me extraña que la hayan premiado, augurándole un gran futuro en la industria.

Y es que la película (me cansa lo de llamarla mediometraje por su duración, así que llamemos a las cosas por su nombre) es puro optimismo y esperanza, no cayendo en el pesimismo y crudeza de otras propuestas que buscan dejar un sabor agridulce, con tal de que las aplaudan por plasmar lo dura que es la vida. Eso ya lo sabemos todos, no hace falta que nos mortifiquen a cada momento, ya que el cine también está hecho para entretener y emocionar, y eso es algo que Ros ha entendido a la perfección. Ya era hora de que alguien le buscase la gracia, el sabor y el sentido a la vida, y más en los tiempos que corren. Necesitamos más films positivos y que dibujen una sonrisa en el rostro del espectador, y Allan Ellen cumple este cometido.

En conclusión, estamos ante una propuesta que es una carta de amor al cine (y a las relaciones de pareja), además de coquetear con la ciencia ficción, en lo que sólo se puede definir como una película arriesgada e innovadora, que deja buen cuerpo y que cumple su cometido a la perfección. Y es que hacen falta más producciones así, porque los finales felices existen, y no todo es negro, por mucho que los pedantes de siempre nos quieran convencer de lo contrario. Si te gusta el cine diferente, el género romántico o las propuestas que tienen algo más que ofrecer, seguramente quedes más que satisfecho con Allen Ellen, una cinta realizada con cariño y mucha ilusión, notándose en el resultado final. Una pequeña sorpresa.

Por cierto, si tenéis curiosidad en el debut de Juan Ros, que sepáis que la tenéis en la plataforma de Filmin. Yo os aseguro que merece la pena, y al fin y al cabo dura unos cuarenta minutos que se pasan como un suspiro, por lo que poco más se puede decir al respecto, más allá de que auguro un gran futuro en el cine para Ros (tiene un interesante largometraje en marcha). Buena suerte, te la mereces.

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