Mascotas estrellas (Pet Stars) – Serie Netflix – Una bobada en la que sólo destacan los (pobres) animales

Lo reconozco, sabía a lo que venía. Pero aquí estamos, reseñando esta nueva serie de Netflix, en la que se nos presenta a las dueñas de una agencia de animales influencers… Lo sé, es lo que hay. No voy a negar que me he visto atraído por el tema de los animales, pero una vez vista dan ganas de parar este circo, porque no sólo no son los protagonistas, sino que encima son herramientas para que sus dos protagonistas (a cada cual más insufrible) se llenen los bolsillos a su costa, sin que parezca que les importe el bienestar o los sentimientos de las mascotas de las que sacan tajada.

Y es que la nueva serie de la plataforma es demasiado superficial, con momentos en los que las dos agentes descartan a animales por tener pocos seguidores en las redes sociales… ¿Pero esto qué es? Sabía que me iba a encontrar algo que rozase el ridículo y bobalicón, pero esto es demasiado. Al final los pobres animales hacen lo que pueden, siendo lo mejor del show aunque se les intente ridiculizar a cada segundo. Atención al episodio del concurso de perros feos, en el que concursan mascotas que no lo son y se hace un bochornoso espectáculo a costa de las imperfecciones físicas de unos animales a los que no siempre se les ve cómodos.

Tampoco ayuda que las dos protagonistas no caigan bien y pequen de frívolas y clasistas. Ya que me vas a poner a dos personas que muevan el show, al menos que tengan gracia, carisma y un poco de sentido común, pero las dos compañeras no cumplen ninguno de los requisitos mínimos. Desde luego yo no les dejaba acercarse a mi perra ni loco, porque sólo les interesa una cosa, y poco o nada tiene que ver con los animales que usan para campañas promocionales. No creo que sea un programa destinado a los amantes de los animales, utilizándose a éstos como mero recurso para captar la atención de los espectadores, cuando deberían ser los grandes protagonistas. Ya cansan los proyectos de divas con ínfulas de protagonismo. No, gracias.

Y llegados a este punto, una reflexión. No estamos siendo respetuosos ni con el medioambiente ni con los animales. Si algún día estos últimos se revelan, que sepáis que ha sido por culpa de este maldito show, ya que el bochorno al que se les somete (ponerles gafitas de sol y chorradas por el estilo) es digno de una venganza antológica, por lo que espero que las mascotas de los hogares miren hacia otro lado (seguramente avergonzados) cuando sus amigos humanos pulsen el botón del play. Estamos jugando con fuego.

En conclusión, quizás lo único positivo que se puede decir de la propuesta es que tan sólo cuenta con cinco episodios, aparte de que es inofensiva y sirve para pasar el rato. Fuera de eso, poco más se puede rascar, en una producción que peca de superficial y excesivamente boba. Pobres animales… Lo dicho, si nos acaban conquistando (al más puro estilo El planeta de los simios), ya sabéis quién es el responsable. Esperaba algo extravagante, pero esto… Gracias Netflix, una vez más.

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