Gambito de dama – The Queen’s Gambit – Serie Netflix – Crítica – La popular serie sabe mover muy bien sus fichas en una entretenida y emocionante partida

Reconozco que no tenía mucho interés en la popular Gambito de dama (la miniserie más exitosa de la historia de Netflix), pero debido a las positivas críticas y a algunas recomendaciones, he decidido darle una oportunidad. Y menos mal, ya que por fin estamos ante uno de esos casos cuya fama sí merece y que cumple las expectativas. Ojo, no digo tampoco que estemos ante ninguna maravilla, pero sí ante un producto entretenido y emocionante, entre otras cosas porque sus responsables saben mover muy bien sus fichas.

Y es que logran algo increíble, que no es otra cosa que darle un carácter épico a las partidas de ajedrez. Por supuesto, no estoy desprestigiando el mítico juego, ya que tiene mucha historia detrás y me encanta, pero la serie consigue que se viva cada partida con tensión, además de generar interés en el juego, seas seguidor o no del mismo. Una proeza. No es casualidad que, a raíz del éxito de la serie, hayan habido tantas inscripciones en torneos de ajedrez, sobre todo por parte de mujeres. Una vez vistos los siete episodios, se entiende.

La dirección es elegante y acorde con lo que se nos está contando, con una gran recreación de los años 60. Cierto es que la trama se cocina a fuego lento, con un primer episodio correcto, pero que palidece frente al resto, costándole un poco arrancar a la historia. No obstante, en cuanto lo hace ya no hay vuelta atrás, con una serie de emocionantes duelos, muy bien orquestados y que dejan con ganas de más. Quizás se pueda achacar el hecho de que algunos episodios duren más de una hora, uno de los grandes males de las series actuales, pero tampoco es nada que arruine el conjunto, en siete capítulos (se agradece que hayan renunciado a cualquier tipo de relleno) que funcionan y cumplen su función de entretener a la perfección, en especial el último y mejor, con un cierre perfecto.

Y creo que ésa es la clave del éxito rotundo de la propuesta, ya que sus creadores han optado por un tono más convencional y ameno (no confundir con rudimentario), en vez de optar por la moda de hacerlo todo innecesariamente más profundo y soporífero, acercándose a cualquier tipo de espectador, los cuales han respondido con entusiasmo, abrazando el conjunto por lo que es, entretenimiento hecho con gusto.

La serie es la adaptación de una novela, y polémicas aparte (como el cambio en el físico de la protagonista), no voy a entrar en comparaciones porque no he leído la obra original, pero no se puede negar que la historia cuenta con una apasionante e interesante protagonista, cargada de matices y con una evolución asombrosa a medida que pasan los capítulos. Entiendo que sea vista como un icono, en especial para las mujeres, porque combina todo lo que fascina hoy en día. O dicho de otro modo, feminismo bien entendido. Por supuesto, gran parte del mérito es de la ascendente Anya Taylor-Joy (La bruja, Múltiple), estupenda actriz que está demostrando tener muy buen ojo a la hora de escoger proyectos. Si esto sigue así, se va a comer el mundo.

Los secundarios no se quedan atrás, como un entrañable Harry Melling (el primo de Harry Potter), otro que está dando mucho de qué hablar, entre otras cosas porque es un estupendo actor; Thomas Brodie-Sangster (el niño de Love Actually), que ofrece una carismática interpretación, con un rol muy diferente a lo que ha hecho hasta el momento (e intentando distanciarse de su imagen de niño bueno, algo que su juvenil rostro no le pone nada fácil); sin olvidarnos de Marielle Heller, con un sorprendente personaje del que enseguida te encariñas.

Por otra parte, la serie no se conforma con ser una más, abordando peliagudos temas como el alcoholismo y la drogadicción, con un potente mensaje que combina muy bien con la epicidad de las partidas, confirmando que estamos ante una gran serie, que no busca ser grandilocuente ni pretenciosa, y cuyo gran logro radica en ser apta para todo tipo de público, desde el buen hacer, la humildad y la clase, y sin poner barreras de ningún tipo. Dudo que sus responsables fueran conscientes del éxito que tenían entre manos, dando un gran ejemplo de cómo deben hacerse las cosas. Y es que la clave es dejar la pretenciosidad a un lado y pensar en el espectador. Los números hablan por sí solos.

En conclusión, como ya he indicado, la miniserie no es perfecta y tiene algunos peros, pero sí es una notable experiencia que mejora a cada capítulo y que deja con ganas de más, mucho más. Una de las mejores propuestas de Netflix y una aventura muy recomendable, seas o no aficionado al ajedrez. Una partida rabiosamente entretenida y fascinante. Jaque Mate.

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