30 Monedas – Serie Completa – Crítica – Alex de la Iglesia redondea una serie fascinante con un final que deja con ganas de más

Ha llegado el final de 30 Monedas… al menos de su estupenda y primera temporada, orquestada por el fascinante Alex de la Iglesia (que la escribe junto a su inseparable compañero Jorge Guerricaechevarría), director que podrá gustar más o menos (para mí es un más clarísimo), pero que siempre ofrece productos diferentes y frescos, con su inconfundible sello personal y que no dejan indiferente. Su serie para HBO no es la excepción, en el que es ya, uno de sus mejores trabajos, con momentos para el recuerdo y con un reparto impecable en el que nadie desentona.

Vistos los ocho episodios que componen su primera temporada (porque sí, habrá más), se puede decir, sin temor a equívoco, que estamos ante una de las mejores series españolas de los últimos años (y sin el españolas), pero de lejos, siendo una carta de amor a los aficionados al género del terror y la fantasía, como ya comenté en mi review del primer episodio. Y hablando del mismo, sigue siendo uno de los mejores y el que quizás más posee ese inconfundible sello del director, siendo los siguientes capítulos experiencias individuales (aunque no abandonando el arco central) que no desmerecen el conjunto, presentando tramas a cada cual más rocambolesca.

Personalmente, me quedo con el espléndido episodio del espejo (el tercero), el del flashback (el cuarto) y los dos últimos, siendo los mejores capítulos junto al piloto (que es una barbaridad y en el que se nota que el director quiso enganchar a cuantos más espectadores posibles, mejor). Respecto a los dos últimos capítulos, ya no hay medias tintas, volviendo a poner de la Iglesia las cartas sobre la mesa, en lo que es un cierre trepidante para una serie que jamás deja lugar al aburrimiento, en una carrera frenética por detener al mal. Y es que el célebre director tiene una misión muy clara, que no es otra que la de entretener ante todo, que es algo que muchos otros olvidan, en pos de ser más pretenciosos, naufragando en la mayoría de ocasiones.

Por supuesto, no todo es perfecto, ya que creo que no todos los episodios están al mismo nivel, aunque los que quedan por debajo siguen siendo grandes muestras de cómo hacer las cosas. Añadir también que considero que los viajes en el extranjero y aventuras en individual de algunos de los protagonistas, ralentizan el ritmo de la historia y el devenir de los acontecimientos. Y es que, con la excepción del flashback del padre Vergara, lo interesante acontece en el pueblo, pero entiendo que la serie quiera ir más allá, aunque a veces peque de algo de grandilocuencia, cuando en el retrato intimista de los habitantes del pueblo hay mucho donde rascar.

Como ya he indicado, no se le puede encontrar ni un solo reproche al fabuloso reparto, con una sorprendente Megan Muntaner (actriz que he conocido gracias a esta serie y a la que no conviene perderle la pista), un convincente Miguel Ángel Silvestre (en un registro distinto al acostumbrado, del que sale airoso), un siempre cumplidor Pepón Nieto, o secundarios de lujo como Carmen Machi (que es una pena que no salga en más episodios), Paco Tous (otro que sorprende con su cambio de registro), un enigmático Cosimo Fusco o un Javier Bódalo en estado de gracia, con un personaje complejo y nada sencillo, siendo uno de los mejores del elenco, pero de lejos. Si es que lleva años avisándonos de lo buen actor que es…

Por supuesto, no podemos olvidarnos del siempre brillante Eduard Fernández, que juega en otra liga y que sabe aprovechar el regalo que le ha dado el director y guionista(s) con su padre Vergara, el que seguramente sea el cura más interesante y enigmático de los últimos años. Espero que tengamos más noticias de este personaje, porque es oro puro y el alma de la serie. Y bueno, lo del señor Fernández es que ya no tiene nombre…

En conclusión, se confirma que estamos ante una serie espectacular (ojo el inicio del último episodio…) y muy recomendable, siendo una de las mejores de los últimos años, pero no sólo de España, sino en general, y con todas sus letras, y que deja muchos frentes abiertos con la promesa de una segunda temporada a la que un servidor ansía poder hincarle el diente lo antes posible. Menudo nivel de series tenemos últimamente… y que no pare. Gracias, señor Alex de la Iglesia.

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