Mank – Película Netflix – Crítica – David Fincher nos ofrece una carta de amor a los guionistas y también uno de sus trabajos más tibios

Decir que David Fincher es uno de los cineastas más capaces e interesantes del panorama cinematográfico es poco menos que una obviedad, de la misma forma que lo es repasar su exitosa filmografía, entre las que se encuentran clásicos como Seven, El club de la lucha o, mi favorita, La red social (The Social Network). Es por ello que cualquier nuevo proyecto, ya sea como productor (en series como Mindhunter) o como director, suscita interés y grandes expectativas, y el caso de Mank no es una excepción.

Película en exclusiva de Netflix (recordar el contrato que une a la plataforma con Fincher), parte como gran favorita de cara a los próximos Oscars, en especial gracias a las entusiastas opiniones de los críticos profesionales, que la han calificado prácticamente como una obra maestra. La película es un biopic del guionista de Ciudadano Kane, siguiendo su tortuosa vida en el complicado juego de Hollywood, partiendo la historia de un guion del padre de Fincher, fallecido y al que su hijo David ha querido rendirle homenaje trasladando al celuloide su libreto.

La verdad es que le tenía ganas al proyecto, ya que Fincher no suele fallar, pero una vez vista, debo reconocer que me ha parecido un trabajo menor del cineasta, hasta el punto de que no la considero merecedora del Oscar a mejor película, como ya están anunciando varias voces. Quién sabe, quizás suceda lo de siempre, que se haga mucho ruido en su estreno y semanas después nadie se acuerde de ella (como ha sucedido con otras tantas películas), pero lo que es seguro es que se trata de una película diseñada para gustar a los académicos, a los críticos profesionales y a los que añoran el Hollywood clásico. Respecto al resto, no creo que esté entre sus predilectas de este extraño 2020.

Técnicamente poco se le puede reprochar al film, con un blanco y negro que tiene sentido, al contrario que tantas otras producciones, en las que se mete el recurso con calzador y sin ser necesario. Se nota que estamos ante un homenaje al Hollywood clásico, y Fincher nos transporta a la década de los años 30 de forma más que convincente, con un diseño de vestuario impecable y unos escenarios que jamás chirrían. Todo está cuidado al milímetro, en un trabajo más que loable. No obstante, no está entre las mejores obras de Fincher, siendo un trabajo más intimista y menos exigente.

Todos sabemos que, en un producto de estas características, lo que debe destacar es el guion y el reparto. De lo segundo nada que reprochar, ya que nos encontramos con un sensacional Gary Oldman en uno de sus mejores trabajos (que ya es decir), mereciendo todos los premios habidos y por haber. No me extrañaría que este año se volviese a llevar el gato al agua, y más en un año con tan poca competencia. Entre los secundarios tenemos a unos estupendos Lily Collins, Arliss Howard (siendo su entrada en escena una de las mejores escenas de la cinta), Amanda Seyfried o Charles Dance, aunque estos dos últimos quizás aparezcan menos de lo esperado.

Y luego está el guion, cortesía del fallecido padre de David Fincher, con diálogos para enmarcar y escenas muy poderosas, pero con una duración excesiva, escenas sueltas que navegan en un conjunto algo caótico (se quieren tocar muchos palos), y personajes que vienen y van sin aportar demasiado. Al final sólo importa el gran protagonista, un peculiar y deslenguado guionista al que se le rinde homenaje, no dejando muy bien parado a Orson Welles (con un actor con un gran parecido al popular cineasta) en el proceso.

Se agradecen las intenciones y que se haga una película que destaque la figura de una de las piezas claves de un clásico como Ciudadano Kane, pero hay momentos que no van a ninguna parte, otros que se quedan a medio gas y la sensación final de que estamos ante un producto que no es tan grandioso como nos han querido vender, incluso rozando la pretenciosidad de obras similares. Ojo, no estoy diciendo que sea tan soporífera como la sobrevalorada Roma (que curiosamente ya nadie nombra ni por error…), pero se le notan las costuras, quedándose en tierra de nadie. No emociona, no deja huella, no tiene garra… pecando de cierta frialdad esta carta de amor al cine.

En conclusión, estamos ante una película con un reparto fascinante (en especial un inmenso Oldman) y una dirección de Fincher más que loable (aunque lejos de sus mejores trabajos), pero que seguramente sólo logre cautivar a los verdaderos amantes del cine clásico, los fans de Ciudadano Kane o los críticos que añoren tiempos mejores. Mucho me temo que el resto quedará más que decepcionado, y es que estamos ante otra obra incapaz de conectar con el gran público. No sé cuántas van ya… Fincher es capaz de más, aunque no deja de tener valor el regalo póstumo que le ha hecho a su padre y, por lo tanto, a los guionistas, figuras imprescindibles que jamás reciben el reconocimiento que merecen. Sólo por eso, se deja ver, aunque no es de lo mejor del año, más bien de lo más decepcionante. Otro film sobrevalorado que nadie recordará en unos años… Ni siquiera los que ahora la aplauden con fervor. Eso sí que es un clásico.

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