La Navidad mágica de los Jangle – Jingle Jangle: A Christmas Journey – Película Netflix – Crítica – Un cuento y musical navideño tan excesivo como fallido

La Navidad mágica de los Jangle es la nueva apuesta navideña de Netflix, la cual ha llegado sin hacer apenas ruido, a pesar de sus estupendas aunque desorbitadas críticas (100% en Rotten Tomatoes hasta el momento). Lo de desorbitado lo menciono porque, una vez vista, debo dar mi más sincera opinión y admitir que estamos ante una tontería que se olvida tan rápido como se consume.

No quiero pecar de conspiranoico, pero da la casualidad de que las producciones más aplaudidas del año han sido productos con repartos enteramente afroamericanos, siendo todas y cada una de ellas cintas que ya nadie recuerda (han pasado apenas meses…). Y la que nos ocupa no es una excepción, habiendo infinidad de motivos para afirmar algo así, aunque mejor vayamos por partes.

El director y guionista es el mismo, y no se puede negar que su labor funciona en una de las vertientes y naufraga en la otra. Pista: la primera es la que se salva. Y es que técnicamente la película luce estupendamente, con unos decorados de ensueño, que recrean ese espíritu navideño a la perfección, y con unos efectos especiales que cumplen su cometido.

Es una lástima que la historia no esté a la altura de las circunstancias, y mira que se esfuerza por gustar, pero no. Quizás tenga algo que ver su excesiva duración de casi dos horas, con interminables canciones que agotan y casi nunca dan en el clavo, o una primera mitad que provoca más hastío que otra cosa, al tardar la historia demasiado en arrancar.

Cierto es que la segunda mitad del film mejora relativamente (aunque el clímax no puede ser más perezoso, resolviéndose todo en apenas segundos), pero no lo suficiente como para salvar de la quema al conjunto, en una trama caótica, con personajes de relleno y que busca emocionar a cada segundo, pero cayendo sus intenciones en saco roto.

No me vale que intentes meter con calzador canciones a lo Disney o que hables de magia cada dos minutos, si al final ofreces un producto tan soporífero (la mencionada primera mitad) como insustancial, dejándote igual que estabas en un primer momento. Tampoco ayudan los patéticos villanos, aunque ahora iremos con uno en particular…

Como ya he comentado, el reparto es prácticamente afroamericano, exceptuando, eso sí, el topicazo del banquero que quiere cobrar sus deudas. Ya sabéis… bancos malos, malos blancos. Y ya que hablamos de clichés, ojo al malvado e insufrible robot español (y torero), que dice Olé a cada minuto, por cierto, doblado por Ricky Martin. Si eso no es para ofenderse… Destacar que se trata de un personaje que si se hubiesen ahorrado, la trama seguiría siendo exactamente la misma, ya que no aporta nada. Ahí lo dejo.

Del elenco actoral destacar a un convincente Forest Whitaker o un muy desaprovechado Keegan-Michael Key, cuyo insípido villano le impide desplegar su gran vis cómica, ya que es un comediante estupendo que últimamente está siendo relegado a este tipo de papeles secundarios. Merece más.

En conclusión, estamos ante otro caso de producto inflado por las críticas (no vaya a ser que les tilden de racistas), que falla estrepitosamente como cuento navideño y musical (yo me hubiese ahorrado las canciones, sinceramente), se hace eterno y no aporta absolutamente nada, en una película prediseñada para encantar, pero que se queda en tierra de nadie. Una decepción más de la plataforma. Y van…

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