Enter the Fat Dragon – Crítica – Su ridículo guion no hace justicia a sus excelentes coreografías y escenas de acción

Seguramente, Donnie Yen sea uno de los actores de artes marciales más infravalorados de la historia. Visto en películas conocidas como Rogue One o Blade 2, es un carismático actor que supera holgadamente a otros mucho más aplaudidos y con menos dotes para la interpretación (por mucho que me duela, Jet Li…), que suele darlo todo en los proyectos en los que participa, como son los casos de la saga Ip Man, la tercera de Triple X, Duelo de dragones (S.P.L) o la hilarante Dragon Tiger Gate (con unas coreografías que quitan el hipo), por citar algunos ejemplos.

Por todo ello, me he aventurado a ver esta extraña comedia de acción, donde Yen interpreta a un orondo agente de policía, en un cambio de registro que llama la atención. La verdad es que no esperaba gran cosa, pero he sido sorprendido por un aspecto de la película y cruelmente decepcionado por otro. Y es que estamos ante unas coreografías y secuencias de acción prácticamente brillantes, con una dirección tan eficaz como fascinante, pero con un guion tan insuficiente como ridículo, empañando el conjunto final. Y es que si hubiesen cuidado un poco más ese aspecto, estaríamos hablando de uno de los mejores films del año.

Nada se le puede reprochar a la estupenda dirección, con una labor tras las cámaras a cuatro manos (dos son los directores), con unas persecuciones y escenas de lucha que son impresionantes, además de unos efectos especiales que cumplen, siendo el film técnicamente una maravilla. Como película de acción funciona de forma estupenda, pero el problema es que sus responsables quieren que también sea una comedia. Nada que objetar, pero es que la historia es una bobada que causa vergüenza ajena.

Y es que estamos ante la historia de un policía al que le abandona su pareja y le degradan, engordando en el proceso, y claro, ya sabéis, cuando un personaje es gordo, se supone que es más bobo y gracioso, de ahí que tenga que ser una comedia tontorrona. Y no, Yen no ha engordado para el papel, ya que está bajo algunos kilos de maquillaje, lo cual no tiene ningún sentido, porque se sigue moviendo como una gacela. El problema está en que el tema del sobrepeso prácticamente no se toca, siendo un excusa argumental que se sostiene apenas unos minutos, siendo mencionado por el resto de personajes en contadas ocasiones. Que nadie le busque sentido a esto porque no lo tiene.

Tampoco ayuda el exceso de personajes secundarios, a cada cual más insufrible, destacando a un villano digno de una parodia. También se supone que estamos ante una especie de comedia bobalicona para pasar el rato, cosa que puede confundir a las familias. Ya os aviso yo: no lo es. No entiendo el porqué, pero tiene los suficientes momentos tétricos y bizarros como para que este producto no sea apto para los más pequeños. Me da que los directores no tenían muy claro su público objetivo. Si vas a hacer una comedia con toques paródicos, al menos hazla más blanda y no mezcles las cosas.

Y es una lástima, porque los elementos técnicos están muy por encima del deplorable nivel general del film, en un libreto que no se sostiene en ningún momento, conviviendo dos cintas en una, siendo un producto estupendo cuando se centra en la acción (que afortunadamente la hay a raudales) y siendo una propuesta mediocre cuando los idiotas de los personajes abren la boca. Y que nadie espere risas, porque éstas nunca llegan ni se las espera.

Sorprende el mencionado cambio de registro en Yen, entregado a la causa y siendo convincente en su papel de policía bonachón, aunque duele verlo desaprovechar su talento en un producto de estas características. Creo que tiene la suficiente vis cómica para probar suerte con el género de la comedia (de acción, se entiende), pero debería hacerlo con productos de más calidad. Del resto del reparto prefiero no decir nada, aunque hay un crío que reparte hostias como panes y tiene más carisma en una pestaña que cualquiera de los otros. Ahí lo dejo.

En conclusión, estamos ante una soberana chorrada, que si se salva de la quema y del suspenso rotundo, es por Yen y por las excelentes secuencias de acción, mereciendo la pena el film exclusivamente por ese factor. Podría haber sido una de las grandes cintas de este 2020, pero por culpa de un libreto bochornoso, se tiene que conformar con ser una bobada que todos habremos olvidado antes de lo esperado. Qué lástima, de verdad. No obstante, esperando a lo próximo de Yen. Qué gran actor de artes marciales y qué infravalorado está.

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