The Call – Crítica – Un descafeinado tren de la bruja que se deja ver

Hay una serie de propuestas a las que cuesta acercarse, ya que tienen un hedor a serie Z que ahuyenta, siendo subproductos destinados al mercado doméstico, con la única intención de cumplir trámite y poco más, siendo la mayoría horrendas producciones que lo único que consiguen es robarte el tiempo.

Y eso es exactamente lo que parecía The Call, cinta de terror a la que he decidido dar una oportunidad por su curioso tráiler y por tener en su póster rostros conocidos del género como Lin Shaye (la saga Insidious) o Tobin Bell (el eterno Jigsaw de la saga Saw), siendo dos fichajes que buscan atraer a los aficionados. Misión cumplida, por la parte que me corresponde.

Finalmente, me he encontrado con una película que jamás podría ser calificada de mediocre, pero que se queda en correcta sin más, siendo un descafeinado tren de la bruja que podría haber dado mucho más de sí. Y es que estamos ante la típica historia de venganza desde el más allá, con ecos de Pesadilla en Elm Street (aunque salvando las distancias), siendo una suerte de homenaje a los films de terror de los 80, cosa que ha vuelto a poner de moda la serie Stranger Things (no creo que sea casualidad que uno de los protagonistas del film salga en la misma).

No se puede negar que le falta garra al conjunto, desaprovechando los elementos de los que dispone. El director ofrece un trabajo por encima de la media teniendo en cuenta el bajo presupuesto, pero la película no da miedo y solamente hay un par de momentos realmente inquietantes o logrados, cayendo el resto en saco roto, a pesar de una interesante escena protagonizada por Bell.

Quizás el problema es que la película no da en la diana a la hora de comenzar su particular tren de la bruja para cada uno de los protagonistas, con flashbacks que nos importan más bien poco, coqueteando más con el drama (el pasado de los dos hermanos) que no con el horror, habiendo interesantes y pesadillescos diseños, pero no provocando temor en el personal.

Tampoco ayudan los insufribles personajes adolescentes (los actores podrían ser profesores, pero lo dejaremos pasar), a cada cual más imbécil, importándonos menos que nada su destino. Y es que el cine de terror de esta índole siempre se olvida de presentarnos personajes entrañables con los que empatizar, haciendo que nos despreocupemos por ellos antes de lo esperado. En este caso, desde el minuto uno. Por supuesto, hay un giro final, pero con que se esté un poco atento, se ve venir de lejos.

Por cierto, que nadie espere gore de ningún tipo, ya que estamos ante una propuesta bastante light. Simplemente lo recalco por los amantes de las vísceras que quizás esperen casquería en esta producción. Por mi parte, nada que objetar, ya que tampoco era necesario.

En cuanto al reparto, todos cumplen, más o menos (hay uno de los actores más jóvenes que se pasa un poco de rosca), pero obviamente destacan los mencionados Bell y Shaye, aunque los seguidores de ambos intérpretes quizás queden algo decepcionados al comprobar que sus intervenciones son demasiado testimoniales, en papeles muy secundarios, cuyo cometido es dar más caché a la producción y llamar la atención en el póster. Una pena, porque ambos derrochan carisma y buen hacer.

En conclusión, estamos ante una cinta de terror que se deja ver y no molesta, no siendo el bodrio que parecía ser, en una película que no se quedará en nuestras retinas pero que sirve para pasar el rato, aunque es innegable que se queda a medio gas. Ni tanto ni tan poco.

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