Possessor – Crítica – La ganadora de Sitges es un soporífero thriller exclusivo para un selecto público

Ganadora del reciente Festival de Sitges 2020, Possessor se llevó los grandes premios de mejor película y mejor director (para Brandon Cronenberg, hijo del popular cineasta). La verdad es que es uno de esos productos que son fácilmente identificables, notándose el aire de cine independiente y vanguardista, lo que pocas veces trae algo bueno, al menos para quien esto escribe.

El único motivo para embarcarme en esta experiencia fue el citado premio, generándome cierta curiosidad en la propuesta, pero sabía a lo que venía, por lo que han habido pocas sorpresas en ese aspecto. No obstante, una cosa es ser consciente de que seguramente me hagan bostezar durante más de hora y media, y otra que no pueda quejarme por ello. Soy masoca, pero un masoca con principios, oiga.

Y es que estamos ante una producción destinada a un selecto público, compuesto de críticos profesionales (algunos miembros del jurado de Sitges) y gente que está a otro nivel, o así les gusta autodenominarse, siendo los únicos que luego aplauden las cintas de esta índole, mientras que si un pobre incauto cae en sus redes, sale malhumorado de su visionado, preguntándose de dónde demonios han salido las positivas reseñas. Un clásico.

Los citados sujetos te dirán que estás ante una película diferente, de esas que te dejan reflexionando una vez aparecen los créditos finales y que es una experiencia que sólo los más inteligentes (por no decir entendidos) sabrán apreciar. Pues yo empiezo a estar un poco hasta los cojones. Me explico.

Estoy harto de este tipo de experimentos, vacíos como ellos solos y con una trama que se las da de profunda y existencial pero que se podría explicar en el mismo tiempo que alguien devora un donette. Aquí asistimos a un buen punto de partida, con una idea interesante que enseguida se desaprovecha en pos de un thriller que no va a ninguna parte, con unos personajes planos y sin sentimientos, en un producto frío y que te deja igual una vez finaliza todo. Bueno, igual tampoco, que esa hora y cuarenta minutos son irrecuperables. El tiempo es oro y cabrea perderlo en algo así.

No voy a juzgar el anterior trabajo del bueno de Brandon, porque no lo he visto (ni ganas), pero se le ven las costuras al director, intentando emular el cine de su padre, pero estando a años luz del reputado cineasta, en un thriller más predecible (el final se ve venir de lejos) e insulso de lo que realmente se pretende. Tampoco ayuda que te olvides de entretener al público que ha decidido ver tu obra, con silencios innecesarios y momentos que causan verdadero hastío más que otra cosa, en una historia que pierde el interés enseguida.

Supongo que es por eso que el director, consciente de que en cualquier momento puede perder la atención del incauto espectador, decide recurrir a una violencia gratuita totalmente injustificada, de la cual abusa en todo el metraje (desde el inicio), buscando más escandalizar y llamar la atención que otra cosa. Gore snob, pero sigue siendo una marranada que no pinta nada en un producto de estas características.

De “grandes” protagonistas tenemos a Andrea Riseborough y a Christopher Abbott (un clon de Jon Snow), ambos con el piloto automático. No creo que sea culpa suya, entendiéndose como exigencias del guion, donde es imposible involucrarse con la historia si tus personajes parecen robots. También tenemos a un desaprovechado reparto, con unos breves Jennifer Jason Leigh (cuya nominación al Oscar por Hateful Eight no le sirvió para un carajo) o Sean Bean, siendo lamentable lo de este último. Qué desperdicio.

En conclusión, la flamante ganadora de Sitges 2020 es una película que se habrá olvidado antes de lo esperado, siendo una obra vacía, insípida y que no innova en absolutamente nada, siendo un ejercicio de pedantería que sólo aplaudirán los mismos de siempre. Pero eh, no esperaba otra cosa. De todas formas, que no se diga que pierdo la esperanza en este tipo de cine, aunque uno empieza a estar cansado. De lo peor de este desastroso año 2020, que ya es decir.

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