Antidisturbios – Crítica – Un reparto impecable y una dirección y guion sensacionales conforman una serie imprescindible

Es la serie del momento. O al menos de este preciso momento, ya que este año las series españolas lo han dado todo, con no pocos ejemplos, ya que cada mes surge una nueva propuesta que encandila a crítica y público. Antidisturbios no es la excepción, y la verdad es que no me sorprende en absoluto. Creada (y dirigida en algunos episodios) por el gran Rodrigo Sorogoyen (junto a Isabel Peña), no se podía esperar otra cosa del responsable de las estupendas Que Dios nos perdone (uno de los mejores thrillers que nos ha dado este país) o El Reino (infravalorado thriller a reivindicar).

Si ese no es suficiente aliciente, también tenemos a un espectacular reparto, con conocidos rostros como los de los siempre geniales Raúl Arévalo o Roberto Álamo (entre otros), por cierto, ambos de los mejores actores de España, sin lugar a debate. Nunca decepcionan y está no ha sido la excepción. Su peculiar y polémica premisa hace el resto, y es por ello que tenía marcada a esta producción como imprescindible en mi calendario de estrenos.

Pues bien, después de las sobresalientes reseñas, ya he podido visionar los seis únicos episodios de esta miniserie y comprobar si realmente estamos ante una serie imprescindible o si es otro caso de producto sobrevalorado que fascina a los críticos pero que es incapaz de conectar con el público (me suele ocurrir bastante). Afortunadamente, no asistimos a ninguna exageración, ya que se puede afirmar, sin problema alguno, que estamos ante una de las mejores series españolas de la historia. Ni más ni menos.

La dirección de Sorogoyen y Borja Soler es excelente, con una serie de momentos impactantes y tensos, que atrapan al espectador y no lo sueltan. El bueno de Rodrigo no tiene un pelo de tonto, reservándose los mejores episodios, aquellos en los que hay una serie de set pieces que quitan el hipo y con las que es imposible no conectar debido al realismo de las mismas. Eso sí, no hay nada igual que en el primer episodio, en el cual se desencadena toda la trama. Menudo piloto… de los mejores de los últimos años.

Se nota el mimo en la propuesta y los medios puestos en la misma, siendo admirable por parte de Movistar Plus (ahora mismo la mejor plataforma en lo que a series españolas se refiere) cómo ponen toda la carne en el asador en sus producciones, ofreciendo experiencias con un alto nivel de calidad y que nada tienen que envidiar a producciones de otros países. El salto de calidad en los últimos años se nota. Vamos por muy buen camino.

En cuanto al guion (también de Sorogoyen, así como de otros compañeros), no se queda atrás, con una serie de personajes muy bien perfilados y desarrollados, ya sean los miembros del equipo de antidisturbios (bien diferenciados y cargados de matices) o la inspectora protagonista, en un personaje bastante complejo.

Especial mención a los estupendos diálogos, algunos tensos, otros interesantes y algunos tan desternillantes como certeros, ya que te crees que cosas así puedan suceder en la realidad, a pesar de lo pintoresco de algunos personajes, pero es que hay gente así y cuanto antes lo asumamos mejor.

En cada mirada y en cada silencio hay un mensaje, siendo una serie que cumple técnicamente, pero que también ofrece un trasfondo que va más allá y no se conforma con el típico blanco o negro, apostando por el gris, en una decisión tan valiente como acertada. Obviamente, esta miniserie no hará ni pizca de gracia a la policía (de hecho ya ha habido quejas), así como a otros organismos públicos. Quizás no la hayan entendido, quién sabe, pero estamos ante una propuesta repleta de lecturas y que da lugar a la reflexión. Una maravilla.

Eso sí, hay una subtrama que quizás podría catalogarse de ridícula y que no va a ninguna parte, protagonizada por Laia (la inspectora de asuntos internos) y que desemboca en una escena en una discoteca que no aporta nada y parece más propia de un producto menor. Esa decisión argumental resta valor al complejo personaje de Laia, haciendo que nos cuestionemos algunas cosas sobre el mismo.

Esa innecesaria subtrama y algunas situaciones que cuesta creer (y que no revelaré porque entraría en el terreno de los spoilers), así como que el hecho de que algunas tramas de personajes no se cierren debidamente y queden en el aire, serían los únicos puntos negativos de la propuesta. Dichos puntos no empañan el producto final, aunque de no haber estado habrían encumbrado todavía más la fascinante serie.

Y hablar de Antidisturbios y no hablar del impecable reparto debería estar penado por la ley, ya que tanto los actores principales como los secundarios están de diez, ofreciendo algunos de ellos sus mejores interpretaciones hasta el momento. Hablar a estas alturas de los mencionados Arévalo (el cual tiene uno de los personajes más agradecidos y potentes) y Álamo no tiene mucho sentido, pero no está de más decir que ambos vuelven a estar maravillosos, aunque el segundo quizás tenga un personaje más secundario de los esperado.

Respecto al resto de protagonistas sólo se puede hablar de sorpresas, ya sea por una enigmática Vicky Luengo en un papel nada sencillo; un comedido y solvente Hovik Keuchkerian (al que me gustaría ver en más papeles y producciones de renombre); un Álex García al que servidor había criticado en otras producciones en las que había participado (comedias todas ellas), donde no me había convencido, pero que aquí me ha callado la boca con su mejor interpretación hasta la fecha, demostrando lo buen actor que puede ser; un Raúl Prieto (protagonista de La Fiesta y que ha tardado muchos años en tener papeles destacables, como el que nos ocupa) en otro papel complejo; o un visceral y magnífico Patrick Criado (que ya había dejado claras sus tablas en La gran familia española), el cual tiene un personaje demasiado pequeño, desaprovechando quizás su entregada actuación.

Tampoco podemos olvidar la sensacional banda sonora, con una serie de piezas que dotan de todavía más tensión al conjunto, y que quedan estupendamente integradas en la producción. Otro acierto más.

En conclusión, estamos ante una serie única y que dará que hablar, con una dirección a la que no se le puede encontrar ni un solo reproche, un guion de actualidad y necesario, dando en la diana e invitando a la reflexión, y con un reparto en estado de gracia. Todo funciona en una propuesta que roza la maestría, y si no la alcanza es por los puntos indicados.

Desde ya, una de las mejores series del año (independientemente de la nacionalidad) y una de las mejores series españolas de la historia. ¿La mejor? El tiempo dirá, pero que es una producción que quedará en el recuerdo como un ejemplo de efectividad y buen hacer, y que no caerá en el olvido, es seguro. Una serie imprescindible.

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