Un efecto óptico – Festival de Sitges 2020 – Crítica – Una tomadura de pelo

No sabía nada de este proyecto hasta que comencé a leer estupendas críticas sobre el mismo, captando mi interés al estar protagonizado por los geniales Pepón Nieto y Carmen Machi. Es por ello que he decidido verla en la oferta del festival de Sitges de este año. Craso error.

Calificada como una obra diferente y única, debería haber tenido activado mi sentido arácnido, más que nada porque este tipo de propuestas (tonterías que se creen mejores de lo que realmente son) no suelen ser de mi agrado, no siendo este caso una excepción. No aprendo…

Y es que estamos nuevamente ante una sobrevalorada tontada, la cual toma el pelo al espectador de forma descarada, teniendo quizás su público entre los que se las dan de intelectuales, pero siendo un enorme fiasco para el resto de mortales, entre los que me incluyo. Y no se me caen los anillos al reconocerlo.

El primer error es catalogar a la película como comedia, más que nada porque no lo es, a pesar de una sola escena que se podría definir como chistosa, pero casi que ni por esas. Estoy bastante cansado de que no se sepa definir a productos pedantes y existencialistas como el que nos ocupa, y que por ello se clasifique como comedia en todas partes, cuando las risas brillan por su ausencia.

Son decisiones más que cuestionables que lo único que consiguen es engañar al espectador y confundirlo todavía más, si es que eso es posible teniendo en cuenta la premisa de la cinta. Por lo tanto, no es una comedia, por mucho que las melodías de su estupenda banda sonora (muy por encima del resto de elementos, sin contar el reparto) inviten a pensar lo contrario. Que no os engañen.

Luego tenemos la dirección, de corte independiente e intimista, notándose el bajo presupuesto pero tampoco siendo un escollo que arruine la función. No, el problema no es ese, sino más bien su ridículo guion, supuestamente original e innovador y que juega al despiste con el espectador a cada minuto, agotando la paciencia del más pintado, en un bizarro cóctel de imposible digestión.

La película dura poco más de una hora, pero se hace eterna y agobiante, siendo quizás la intención del realizador y autor del libreto (son la misma persona), en una sucesión de escenas que se repiten sin ton ni son, haciendo perder la calma a los espectadores poco habituados a este tipo de absurdos experimentos.

En cuanto a los dos grandes protagonistas, tenemos a una Machi y un Nieto que se entregan a la causa, ofreciendo dos buenas interpretaciones y haciendo que nos creamos sus estrafalarios personajes. Misión cumplida, aunque duele verlos en semejante bobada.

Y oye, soy consciente de que esta producción tendrá su público, pero no puedo evitar quedarme con la sensación agridulce de haber sido estafado en la que es, de lejos, una de las peores películas de un año 2020 que nos está dando más disgustos que alegrías. Otra rareza que sólo disfrutarán los de siempre. Bien por ellos, pero me niego a creer que esta tomadura de pelo sea recordada con los años. Un efecto óptico y una pérdida de tiempo.

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