Un loco a domicilio – The Cable Guy – Crítica – Un hilarante Jim Carrey en una rareza inclasificable que no es el bodrio que dicen

En 1996 se estrenó esta inclasificable comedia que llamó mucho la atención, y no por los motivos deseados, ya que fue machacada sin piedad por los críticos y que provocó el enfado de los incautos espectadores, los cuales esperaban otra comedia de Carrey. Y es que la película que nos ocupa casi se carga la carrera del bueno de Jim, como aseguraba Homer en un episodio de Los Simpson (que jamás me cansaré de decir que debería haber tenido diez temporadas y punto).

Yo la vi en su momento (quizás demasiado pequeño…) y me pareció el mismo bodrio que aseguraban las multitudes. Después de muchos años, y siendo ya un improbable clásico de culto, ha aterrizado en Netflix, por lo que he decidido darle otra oportunidad, más que nada porque me encanta el Jim Carrey de la década de los noventa (su mejor etapa, sin dudarlo) y porque los films de dicha época tienen un encanto que me embruja irremediablemente.

Pues bien, una vez revisionado debo admitir que sigue sin parecerme un gran film, pero ni de lejos la mediocridad que se dijo de ella en su momento, más bien una bizarrada no apta para todos los paladares y que tiene muchos mensajes subliminales y crítica social bajo su humor soez.

La dirección corre a cargo del cómico Ben Stiller, responsable de genialidades como Tropic Thunder o Zoolander (la terrible secuela mejor la dejamos en el olvido del que jamás debería resurgir) y que es un actor que siempre me causa simpatía (atención a los cameos que realiza en su propia cinta). Aquí realiza una labor más que estimable, con el mencionado encanto de los 90 (no entiendo porqué las películas de ahora ya no lucen de la misma forma…) y con una serie de momentos bastante inspirados, ofreciendo un trabajo por encima de la media en este tipo de productos. Mención especial a sus noventa minutos de duración, que es lo que deberían durar todas las comedias (salvo casos justificados). Ahí lo dejo.

El guion corre a cargo de Judd Apatow, responsable de comedias como la estupenda Virgen a los 40, la no tan estupenda pero correcta Lío embarazoso, o la extraña pero solvente Hazme reír. Aquí nos ofrece un libreto con un humor grueso y desternillante, pero donde hay una serie de matices que quizás se les escapen a algunos espectadores, y que no es otra cosa que un claro bofetón en forma de crítica ácida a una sociedad idiotizada por la caja tonta y el peligro de la soledad y las relaciones tóxicas (de amistad), entre otras cosas.

Quizás ahí estuvo el problema de su fría recepción, ya que muchos esperaban la nueva comedia de Carrey sin más, pero aquí hay mucho más que rascar, siendo una comedia que juega con géneros como el del terror (si se empatiza un poco con la situación del pobre protagonista da bastante apuro), el thriller (no tiene nada que envidiar a otros famosos films del género sobre obsesiones enfermizas) o incluso el drama (el personaje de Carrey acaba dando pena, en especial en el acertado desenlace de la propuesta).

Ojo, a pesar de todo ello, jamás afirmaría que estamos ante una buena película ya que, si bien es cierto que hay un buen arranque, en el ecuador de la cinta hay una notable bajada de ritmo, además de escenas fallidas como la de la noche de juegos o de haber personajes poco desarrollados, como el de la novia del protagonista. No obstante, al menos hay un intento por ofrecer algo diferente, que se sale de lo establecido, y que los espectadores de los 90 no supieron ni quisieron apreciar, siendo una arriesgada e incomprendida película que ha acabado siendo de culto, le pese a quien le pese.

Y bueno, creo que es imposible hablar de la cinta sin hacer mención especial al siempre entregado Jim Carrey, que aquí ofrece su interpretación más histriónica, aunque cueste creerlo, con una serie de muecas y gestos que harían palidecer a cualquier otro del gremio, con un complicado papel hecho a su medida y que en otras manos podría haberse vuelto todavía más insufrible. No me cansaré de decirlo: Carrey es un genio, y este trabajo es otro buen ejemplo. Trabajo por el que, por cierto, cobró una gran suma de dinero, la más alta del momento, siendo lo que más destacó de la producción en su momento. La verdad es que sin él la película no sería lo mismo, ya que acapara todo el interés, por lo que nadie podrá decir jamás que no lo mereciese.

También tenemos a un perezoso Matthew Broderick, en un insulso personaje protagonista y poniendo casi la misma cara en todo el metraje, demostrando que lo de la fabulosa Todo en un día fue cosa de… pues eso, un día, porque fue crecer un poco y perder todo el talento, como se ha demostrado en trabajos posteriores. El resto del reparto correcto, sin olvidarnos de las apariciones de unos Jack Black y Owen Wilson (éste amigo íntimo del director) en papeles pequeños y cuando no gozaban de la misma fama que ahora.

En conclusión, estamos ante una rareza seguramente única, que juega con muchos géneros y que no es una comedia al uso, con un espléndido Jim Carrey y una dirección ejemplar, en un film de culto que merece la pena por todos los elementos comentados y que, sin ser ninguna maravilla, al menos arriesga, que no es poco. Al final el tiempo la ha puesto en su sitio.

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