Tiffany Haddish : Black Mitzvah – Netflix – Crítica – Un monólogo que no está a la altura de la popular artista

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Desde que descubrí a la actriz y cómica Tiffany Haddish en la comedia Plan de chicas (Girls Trip), tuve una especie de flechazo, muy similar al que tuve con la también hilarante Melissa McCarthy. Y es que me encanta esta alocada showgirl, que no tiene pelos en la lengua y que, si bien es cierto que siempre suele hacer el mismo papel en el resto de comedias en las que la he visto (como Uncle Drew o la reciente y desternillante Bad Trip), derrocha carisma y mala baba por los cuatro costados.

Es por ello que, en cuanto descubrí que había un monólogo suyo en Netflix (que suele ofrecer este tipo de especiales cada cierto tiempo), me lancé como un guepardo sobre una gacela. Quizás esperaba demasiado de este especial, ya que para un servidor estamos ante una de las grandes comediantes del momento, pero la verdad es que una vez lo he finalizado me he encontrado con una sensación agridulce, como que el monólogo, a pesar de algunos aciertos, no cumple las expectativas y se queda a medio gas.

Como suele suceder en todo monólogo reciente, no siempre se da en la diana, habiendo bromas que solamente entenderán unos pocos (y más si son de Estados Unidos… una vez más, deberían pensar en el público mayoritario) y que caen en saco roto. Por supuesto, se agradece la incorrección política de la actriz y su humor escatológico, no apto para todos los paladares, pero en los tiempos en los que vivimos no queda más que aplaudir este tipo de incorrección política.

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No obstante, la artista comete el error de echarse flores durante la mitad del espectáculo, haciendo un repaso a sus logros y éxitos, como cuando menciona la taquilla (que tampoco fue para tirar cohetes) de la película Escuela de pringados (Night School), junto a su amigo Kevin Hart, que conviene recalcar que es una de esas comedias que ya nadie recuerda, habiéndose estrenado hace tan sólo dos años, sin mérito alguno digno de mención…

O cuando también menciona todos los premios que ha recibido, como un Emmy. Es cierto que esa chulería y do de pecho le viene que ni pintado al personaje que es, pero chirría un poco, ya que no son una o dos menciones, son varias, como si quisiera recordarnos constantemente que es lo más. Hay formas más sutiles de hacerlo, la verdad.

Al final queda la sensación de que, de la hora de duración del show, solamente acierta en la mitad (quizás siendo generoso), y justamente es cuando habla de temas como sus partes íntimas o sus relaciones sexuales. Que nadie se lleve las manos a la cabeza ya que se tiene que saber por adelantado dónde se ha venido. Yo ya he avisado.

Y bueno, sobra decir que el monólogo finalmente se queda en tierra de nadie, ya que no está tan acertado como el de sus compañeros Marlon Wayans (el mejor que he visto hasta ahora en la plataforma) o Adam Devine, navegando más en la decepción que supusieron los de Adam Sandler o Jerry Seinfeld, aunque jamás alcanzado la mediocridad del de Patton Oswalt. Una pena.

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