Dirty Grandpa – Crítica – Robert De Niro y Zac Efron protagonizan una comedia tan estúpida como políticamente incorrecta

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En el año 2016 se estrenó una comedia gamberra protagonizada por el mítico Robert De Niro (más por su etapa de hace décadas que no por los últimos años…) y el ascendente Zac Efron, uno de esos actores que supo desprenderse de sus inicios, aunque es cierto que ha ido encadenando algunas comedias (como la que nos ocupa) que no le han proporcionado un gran prestigio, precisamente.

Masacrada sin piedad por la crítica (fue nominada a varios premios Razzie), dejándola de poco menos que la peor película de su año y de un absoluto desastre sin pies ni cabeza (y algo de razón no les faltaba, no nos vamos a engañar), la cinta tuvo un relativo éxito en la taquilla, aunque ya nadie la recuerda especialmente (y una vez vista, cuesta creerlo).

Pues bien, a pesar de que el resto de la humanidad la había relegado al olvido, un servidor la tenía como cuenta pendiente, y no ha sido hasta ahora, cuatro años después, cuando me he decidido a comprobar en mis propias carnes si realmente estábamos ante el bodrio que nos habían vendido o la cosa no era para tanto. Pues lo confirmo, es mala, muy mala, pero es que adoro lo políticamente incorrecto. Pero mejor vayamos por partes.

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La dirección corre a cargo del mismo responsable de la muy superior y recomendable Les doy un año, así como de varios shows del hilarante Sacha Baron Cohen. La verdad es que todo luce como cabría esperar, siendo un trabajo cumplidor pero nada memorable, aunque no cayendo en la mediocridad en ningún momento, claro está, sin contar los títulos de crédito, que causan vergüenza ajena por el terrible photoshop, pero supongo que la culpa es de otro. Lo que es seguro es que las playas y calles de Florida lucen la mar de bien, ofreciendo una película vacacional perfecta para desconectar (el cerebro incluido).

Una vez pasado el asunto del apartado técnico, toca meternos de lleno en lo importante, que no es otra cosa que el “intrigante” guion. Si alguna vez os habéis preguntado cuál sería el resultado de encargar un trabajo (en este caso un libreto) a un universitario alcoholizado y bañado en anfetaminas, pues estáis de suerte, ya que la respuesta es, sin lugar a dudas, Dirty Grandpa.

Y es que en esta alocada y desvergonzada comedia hay sitio para chistes de penes, pedofilia, más penes, de sexo con gente de avanzada edad, de negros, más penes, de homosexuales, y de… más penes. El mundo está avanzando a pasos agigantados, y ya se puede confirmar, sin temor a equívoco, que no es lo mismo ahora que hace apenas cuatro años. ¿A dónde quiero ir a parar? Pues muy sencillo… Si la película se hubiese estrenado hoy, en pleno 2020, estaría canceladísima por las turbas enfurecidas.

Es por ello que, a pesar de ser una cinta que parece escrita por un puberto sin demasiado que ofrecer al mundo, estamos ante un diamante en bruto, una pequeña joya que seguramente no sobrevivirá al temible futuro qué nos espera como esto siga así. Y sí, me refiero a algo similar a la estupenda Demolition Man.

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Y es que la película no engaña a nadie, ya que enseguida entra en materia, con el amigo Robert dejando bien claro que nos espera (lo que se podría traducir en que su nieto le pilla masturbándose como un mono en celo a los cinco minutos…) en un producto trasnochado y heredero de la etapa de Porky’s, y que los grandes estudios ya no se atreven a hacer, a no ser que los productores vayan hasta arriba de todo tipo de alucinógenos, lo cual explicaría muchas cosas, como que alguien haya dado luz verde a algo así, y más con ese reparto…

Y es que sorprende ver a don Robert De Niro en algo así. Entiendo que sus fans se enfaden por ver lo bajo que ha caído, pero el amigo Bobby ha demostrado con los años que, con la excepción de si le llama el tito Scorsese, solamente está interesado en el cheque de turno, por lo que no hay que indagar mucho para encontrar explicación a por qué ha aceptado protagonizar una burrada como la que nos ocupa. Eso sí, el hombre se entrega a la causa y ofrece una interpretación desmelenada, como si se lo estuviese pasando teta el muy canalla, cosa que tampoco nadie podría reprocharle. La verdad es que no tiene precio verle meter (constantemente) el dedo en el culo de su nieto o rapeando. Qué no se diga…

Como contrapunto tenemos a un comedido Efron, que hace de nieto pijo y estirado, y que tiene sus mejores momentos cuando… se emborracha y se droga. No sé si el mensaje es el mejor, pero el amigo Zac ofrece una correcta interpretación, siendo ambos un dúo tan imposible como impagable.

Respecto al resto del reparto, tenemos al siempre hilarante Jason Mantzoukas (que empiezo a pensar que siempre hace de sí mismo), a una divertida Aubrey Plaza, que sabe exactamente el producto en el que está y se lo pasa tan bien como De Niro, o a unos desaprovechados Danny Glover (que apenas sale dos minutos, por lo que podemos hablar de cameo de lujo) o Dermot Mulroney (el novio de La Boda de mi mejor amigo), el cual vivió tiempos mejores y se merece cada dólar cobrado, ya que no debe ser sencillo soltar tus frases con tres penes erectos dibujados en el rostro, uno de ellos eyaculando. Una declaración de intenciones.

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En conclusión, estamos ante una película que podría calificarse como ese amigo idiota y soez, del que renegamos en público (hablo en plural, pero no soy de esos…) pero al que adoramos en petit comité, que no nos conviene pero que en el fondo nos encanta, porque nunca estarán de más unos buenos chistes de penes para amenizar la velada.

Y eso es lo que es la película, sin trampa ni cartón. Normal que no gustase a los críticos, y no se lo voy ni a reprochar, porque estamos ante un producto tan imbécil como pasado de roscas, pero al que los que amamos el humor grueso y absurdo debemos cuidar y valorar, porque algún día se acabará y entonces reclamaremos esos mismos chistes guarros de los que antes renegábamos por quedar bien. No en mi guardia.

El mundo ya la ha olvidado y, seguramente, sea una mancha en la carrera de De Niro, pero aquí estaré yo, para recordarla el tiempo que haga falta, como la comedia sinvergüenza que necesitábamos pero que no nos merecíamos. El mundo necesita más (sub)productos como el que nos ocupa, aunque la carrera de algún actor de renombre se vaya al garete. Lo necesitamos… más que nunca. Todavía estamos a tiempo…

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