La llamada de lo salvaje – The Call of the Wild – Crítica – Una correcta aventura que se queda en tierra de nadie

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Una de las pocas grandes producciones (por su presupuesto, no por otra cosa) que ha logrado estrenarse este año es La llamada de lo salvaje (The Call of the Wild), película de aventuras protagonizada por Harrison Ford (actor que ha gestionado de forma mediocre su carrera y que vivió tiempos mejores, a pesar de su carisma innato) y que, a pesar de las favorables críticas (más que nada porque estamos ante un producto blando y bien intencionado, de esos fabricados para gustar y no molestar) fue un estrepitoso fracaso de taquilla, al no poder recuperar su desorbitado presupuesto de 135 millones de dólares.

El por qué una película familiar (aunque no me queda del todo claro sin han logrado ese tono) de estas características ha costado esa friolera tiene una sencilla explicación: el perro protagonista (así como el resto de animales de la producción) es completamente digital. Esto ha sido lo más llamativo y criticado de la cinta, al transmitir la sensación de que estamos ante una historia poco creíble y donde el perro hecho por CGI te saca constantemente del film.

No ha sido mi caso, ya que si bien es algo que sí me ha sucedido con cintas como la sobrevalorada Avatar (que ya nadie recuerda a pesar de su taquilla), en esta ocasión no me ha chirriado tanto, dejándome llevar por la aventura, además de que considero que un animal de carne y hueso jamás podría realizar los movimientos que la película requiere, por lo que creo que se ha optado por una decisión que navega entre lo lógico y lo precipitado. Y digo lo de precipitado porque si hubiesen hecho esta historia en animación 2D (aunque ahora se lleva la 3D, pero es más cara) no creo que nadie se hubiese quejado y las pérdidas serían inferiores. Pero no soy productor de Hollywood (de momento…).

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Sobre la cinta que nos ocupa, dejando de lado que es uno de los grandes fracasos del año, es más bien una aventura inocente y de toda la vida, que se podría haber estrenado hace treinta años (de hecho existe una adaptación televisiva de la novela original con Rutger Hauer de protagonista) que no cambiaría mucho (más que nada porque este film ya lo hemos visto todos), quizás que sí se hubiese optado por un perro de carne y hueso.

A pesar de la efectista historia y de algunos momentos logrados (avalanchas y enfrentamientos entre cánidos), le falta la magia, profundidad y humildad que si tuvo la propuesta de Disney Plus, Togo, ésta protagonizada por el genial Willem Dafoe y que, con muchas menos pretensiones (y presupuesto) sí cuenta una historia llena de cariño y lealtad que sí perdura en nuestros corazones, al contrario que la película con Ford, siendo finalmente un pasatiempo tan entretenido como fácilmente olvidable.

El director es el mismo de la maravillosa (y una de mis películas favoritas de todos los tiempos) Cómo entrenar a tu dragón, y la verdad es que sorprende, ya que se ha dejado el alma y corazón de aquélla en una propuesta que se deja ver pero que realmente no apasiona ni emociona, a pesar de los esfuerzos porque los dos protagonistas (Ford y el perro) nos caigan bien y nos interesemos por su aventura, la cual, por cierto, tarda mucho en llegar.

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Quizás hubiese sido mejor idea haber hecho un repaso al guion y no preocuparse tanto por escenas supuestamente impresionantes que lo único que hacen es disparar el presupuesto. También os digo que no entiendo cómo ha costado tanto la película, por mucho que haya efectos especiales en todo el metraje. Eso sí, se agradece la reducida duración, aunque me quedo con la primera mitad del film, es decir, con las aventuras de Buck (el perro), que cuando se junta con el personaje de Ford a la mitad. Se nota que la historia decae bastante hasta un final bastante soso y algo decepcionante.

Y sí, se agradece la presencia de Ford, pero tampoco nada relevante, al no ser una de sus mejores actuaciones en un personaje no muy desarrollado y que podría interpretar cualquiera. Tampoco es nada sencillo estar hablando media película a la nada, por lo que nada que objetar a su entrega.

Mención especial para los secundarios, a cada cual más desaprovechado, con un Dan Stevens que tiene demasiado talento para el personaje que le ha tocado interpretar o una Karen Gillan (otra actriz con sobrado talento) testimonial que no aporta absolutamente nada al film. Se podrían haber optado por absolutos desconocidos o extras para esos papeles que no pasaría nada… bueno sí, que no se hubiese desaprovechado el buen hacer de intérpretes de esa envergadura.

En conclusión, estamos ante una correcta y entretenida aventura que se olvida tan rápido como se consume y que si llega a ser recordada en el devenir de los años será por ser un fracaso monumental y porque su protagonista es un perro digital (algo llamativo, se mire por donde se mire). Fuera de eso, no hay mucho más que rascar. Una pena, pero siempre nos quedará la estupenda Togo, que cuenta una historia similar pero mucho mejor resuelta. Menos es nada.

 

 

 

 

 

 

 

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