Patton Oswalt : I Love Everything – Netflix – Crítica – Un flojo monólogo que no despega en ningún momento

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Netflix es una plataforma que podría decirse que tiene de todo, desde películas y series, hasta documentales, pasando por animes y otras rarezas que lo convierten en una plataforma con un variado catálogo, le pese a quién le pese. Y claro, los monólogos (exclusivos, por cierto) no iban a ser una excepción.

Y es que la oferta en cuanto a estos especiales con cómicos contando sus experiencias y opiniones en clave de humor es bastante extensa, habiendo recientes casos más que recomendables (Marlon Wayans y Adam DeVine ), aunque quizás otros no tanto (Jerry Seinfield).

Como suele ser normal cada cierto tiempo (apenas semanas), nos ha llegado un nuevo monólogo con el actor y cómico Patton Oswalt, que seguramente no os suene de nada, pero que es popular por algunos papeles en cine y series (siendo el eterno secundario simpático), además de ser doblador (fue la voz de Remy en la sensacional Ratatouille, por supuesto, en la versión original), así como cómico de monólogos, que es por lo que estamos aquí.

Yo le tenía visto de pequeños papeles en algunos trabajos, por lo que, aunque el actor me genera cierta simpatía, no tenía intención alguna de ver su especial, ya que me suelo decantar por este tipo de show cuando la estrella me llama la atención especialmente, como los casos expuestos.

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Sin embargo, las críticas leídas hasta el momento (y una reciente polémica en torno a Joss Whedon) me animaron a darle una oportunidad. Sin intención alguna de adelantarme a los acontecimientos, os prometo una cosa: Voy a dejar de hacer caso a los críticos, y más sobre los monólogos de Netflix, ya que suelen aplaudirlos a rabiar sin mirar atrás, como si todos fueran una maravilla. Lamentablemente, éste no es la excepción, ya que seguramente estemos ante el peor que he visto hasta el momento, que ya es decir.

El monólogo dura más de una hora, lo cual ya es un error, ya que otros de compañeros de profesión son mucho más ligeros y digeribles. El señor Oswalt toca temas como la edad (acaba de cumplir 50 años), la paternidad o la religión, con unas transiciones bastante perezosas, confesado por él mismo (es más, hace largas pausas entre tema y tema, algo que no había visto jamás).

Cuando el show parece que remonta, nos damos cuenta de que es un espejismo, ya que toca temas como Star Wars o Trump de forma demasiado superficial y sin dar en la diana en ningún momento. El momento Han Solo quizás quede simpático, pero tampoco genera risa alguna (es más, no me he reído ni un solo momento de su más de una hora de duración), mientras que cuando nombra al actual presidente de los Estados Unidos todo se queda en tierra de nadie, justificando que no se extienda en su burla porque ya lo ha hecho en anteriores espectáculos suyos. Pues qué bien…

Y es que como él mismo asegura, la figura de Trump es un caramelito para los humoristas, pero Oswalt lo desaprovecha sin miramiento alguno, dedicando gran parte de su monólogo a la cadena de restaurantes familiares americanos Denny’s, que si no eres americano o no has estado allí no sabrás ni qué es, haciendo que todos los dardos que lanza se queden en tierra de nadie.

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Ese es uno de los ejemplos para clarificar por qué este monólogo es tan fallido, que no es otra cosa que ser demasiado hermético, esto es, sólo apto para americanos, ya que muchos de fuera no van a entender muchas bromas, como las del citado restaurante americano, cayendo en la desidia y el aburrimiento, como me sucedió a mí. Y ojo, que deja todo su número del restaurante para el final, como si fuese el gran clímax, cuando es seguramente lo más fallido y olvidable de su espectáculo.

Y es que muchos humoristas olvidan que están haciendo un especial para Netflix, lo que significa que lo van a ver en todo el mundo y por lo tanto deben globalizar su humor, porque en caso contrario (como el que nos ocupa) van a ofrecer un show fallido y sólo apto para compatriotas, aunque es justo decir que en la platea comienzan con muchas risas (esperando algo muy bestia) y cada vez se oyen menos, hasta llegar a un final decepcionante y que deja bien claro que este show no merece la pena.

En fin, que no entiendo ni entenderé tanta crítica positiva a proyectos así, y que puedo respetar que tengan su público, pero que algo tan insulso tenga tantos aplausos unánimes, como que no.

Si queréis ver buenos monólogos de Netflix, os recomiendo los de Marlon Wayans o Adam DeVine, que son infinitamente mejores. Por mi parte, se acabaron los monólogos a granel, que no escarmiento. Un especial soso, sin sustancia y que solamente los fans (si es que los hay, y más bien americanos) del señor Oswalt apreciarán. Prescindible.

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