Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? (2014) & Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho… ahora? (2019) – Crítica – Dos simpáticas comedias francesas tan bobaliconas como entretenidas

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Recientemente se ha estrenado la segunda parte de Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? (que es lo que muchos se deben estar preguntando después de la llegada del maldito coronavirus), titulada Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho… ahora? Originalidad ante todo…

En su momento (concretamente 2014) visioné la primera entrega, la cual fue un arrollador éxito de taquilla y público, sobre todo en su país de origen, Francia. En dicho primer visionado no quedé muy satisfecho, ya que si bien es cierto que la trama era algo atrayente a primera vista, creo que la película quería abarcar demasiadas tramas y personajes, quedando algo caótico, fallido y olvidable, aunque con algunas divertidas escenas para el recuerdo.

Con motivo de la llegada de la segunda parte (que he decidido ver por mera curiosidad, no por otra cosa), he creído oportuno repetir la experiencia de la primera entrega, a pesar de mis negativas impresiones hace unos años. Quizás se hayan juntado los astros, pero la verdad es que en esta ocasión he visto la comedia de 2014 con otros (y mejores) ojos, no siendo ninguna maravilla pero cumpliendo su objetivo de divertir y entretener al espectador sin mayores esfuerzos, aparte de la mala baba del conjunto, que no está de más (aunque el producto no deja de ser ciertamente bobalicón).

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La dirección cumple, sin más, siendo lo esperado en un producto de estas características, donde prima la historia más que las florituras tras las cámaras. Por lo tanto, estamos ante un trabajo correcto, al igual que en la secuela, ya que el director repite, sin mejorar ni empeorar lo visto en el primer producto, por lo que no hay queja alguna al respecto.

En cuanto al guion de la primera parte, hay demasiados personajes interesantes y con potencial, pero son tantos que acaparan menos minutos de los deseados, quedando un producto algo extraño, al querer abarcar tanto. Los dos protagonistas (los padres) cumplen su cometido a la perfección (sobre todo gracias a las interpretaciones de los dos actores), con escenas rocambolescas y diálogos mordaces, casi todos ellos jugando con un tema como el racismo, sin que el espectador se sonroje (aunque los críticos sí lo han hecho, viendo sus reseñas), ya que el mensaje de la cinta es otro.

Cierto es que en la película conviven dos historias, primero la de los yernos que no son del agrado de los suegros y después la de la boda de otra de las hijas, con la consabida batalla de egos de los consuegros, siendo dos comedias en una, en un resultado algo estrafalario, pero que se deja ver sin problemas, gracias a sus dosis de humor y a unos personajes entrañables e hilarantes.

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Se nota que en la historia de la segunda parte no se quieren salir de lo marcado por la primera entrega (es decir, un “repetir la fórmula de éxito” de los de toda la vida), ya que presentan otro conflicto entre los yernos y los suegros (comprensible por otro lado, ya que entonces no habría un interés auténtico en la nueva propuesta), además de una subtrama a modo de nueva boda que, sinceramente (y a pesar del emotivo desenlace), se queda un poco en tierra de nadie, ya que es una excusa para recuperar a ciertos personajes y que haya de nuevo una boda en el final de la película, totalmente metida con calzador.

Podría decirse que estamos ante la misma película, si no fuese por algunos pequeños cambios que hacen que la secuela se salve de la quema, aunque no deja de ser un producto mucho más insustancial y menos logrado que la primera parte, aunque no está de más saber un poco más de estos desternillantes personajes (sobre todo los yernos).

En cuanto al reparto, todos repiten el carisma y el buen hacer de la primera producción, destacando al siempre genial Christian Clavier, en un papel algo complejo, ya que podría caer mal pero el popular cómico logra que se le coja cariño, a pesar de sus ideas y manías. No se queda atrás Chantal Lauby como su sufrida esposa, la cual evoluciona a lo largo de la primera parte. Ambos mantienen sus buenas interpretaciones en la secuela, haciendo suyos a los personajes.

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Respecto al resto, todos están geniales, en especial los yernos, los cuales merecerían una película para ellos solos, ya que son un pilar importante en la primera entrega (aunque aparezcan menos de lo deseado), ganando un merecido protagonismo en la secuela y haciendo que dicha entrega gane algunos enteros.

En conclusión, estamos ante dos comedias tan bobas e insustanciales como divertidas y perfectas para pasar un rato ameno y entretenido, sin estrujarse mucho el seso. Hay mejores comedias (sobre todo francesas), pero tampoco creo que sean una pérdida de tiempo. Si disfrutaste con la primera parte puedes acercarte a su secuela sin miedo alguno, aunque sea un producto inferior (y, porqué no confesarlo, únicamente destinado a amasar euros). Aviso: Si no te gustó la primera no se te ha perdido nada en la segunda. Dos comedias francesas tan inofensivas como perfectas para una tarde aburrida. Quién quiera buscar algo más se ha equivocado de destino.

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