El odio – La haine (1995) – Crítica – Un clásico de culto francés más insustancial de lo esperado

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Dirigida por Mathieu Kassovitz en 1995 y protagonizada por un joven Vincent Cassel, El odio (La haine) es un clásico de culto francés, de esos que aparecen en algunos tops de mejores films de los 90 o de películas extranjeras, sobre todo en lo que repercute al cine francés, que siempre ofrece productos diferentes y con un sabor genuino que no suele decepcionar.

Debido a las grandes críticas (que la dejan prácticamente de obra maestra) tenía bastantes expectativas, pero lamentablemente me he encontrado ante un producto bastante decepcionante, sobrevalorado y algo banal, donde solamente hay un par de instantes a destacar y en el cual brilla su estupendo reparto, pero poco más.

La dirección de Kassovitz es bastante amateur, rudimentaria e insípida, notándose el ínfimo presupuesto (de ahí rodar en blanco y negro, al igual que en la muy superior Clerks, de Kevin Smith) y con un par de momentos algo logrados, pero dejando la sensación de que estamos ante un producto tan independiente como pobre (en lo que respecta a los aspectos técnicos), además de hacerse algo larga a pesar de su corta duración.

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Y no creo que esté diciendo ninguna locura, ya que basta con revisar la carrera posterior del director (y también actor, de hecho realiza un cameo en el film que nos ocupa) para poder comprobar que lo suyo no es estar tras las cámaras, a pesar de la estimable Los ríos de color púrpura, y sin hacer sangre con las lamentables y olvidables Gothika y Babylon, que mejor que las dejemos aparte, aunque dejan bien patente lo que quiero decir.

No obstante, creo que esa suciedad que refleja la cámara representa muy bien los barrios marginales de París, por lo que, siendo sinceros, tampoco le viene mal a un film de estas características. Dicho queda, aunque sigo pensando que es una labor tras las cámaras muy limitada, por mucho que se trate de un debut.

En cuanto a la trama, casi todo el film es una sucesión de escenas banales de apenas dos minutos, donde los protagonistas discuten por las calles de París y se encuentran con personajes todavía más rocambolescos que ellos. Este es un recurso (el de no contar realmente nada y ver el día a día de unos individuos) que se ha usado con mayor fortuna en otras películas menos aplaudidas (algunas de la filmografía de Richard Linklater), pero que aquí deja una sensación de intrascendencia, ya que la película solamente logra transmitir en momentos puntuales o en su desenlace. El resto se queda en tierra de nadie.

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Obviamente el mensaje es muy potente, así como las reflexiones que se hacen durante el metraje, aunque lamentablemente ganen los momentos insustanciales que no aportan nada a la trama. Pero en fin, el mensaje esta ahí y supongo que es lo que ha gustado a tanta gente. Y realmente, una vez vista la película que nos ocupa, parece como si la reciente (y también sobrevalorada) Los Miserables fuera el remake inconfeso de la que nos ocupa (aunque desde el punto de vista policial), y no te digo ya la olvidada (y aplaudida en su momento) Barrio (cinta española del 98), con algunas similitudes con este film francés. Y que nadie haya pedido explicaciones…

Y para un servidor, si por algo destaca este film de culto es por su fabuloso reparto, donde destaca un brillante Vincent Cassel, con un papel complejo y nada sencillo, y dejando bien claro porqué es uno de los mejores actores franceses habidos y por haber. Sólo por su actuación merece la pena darle una oportunidad al film.

No se queda muy atrás Saïd Taghmaoui, eterno secundario que ofrece su mejor interpretación (al menos de lo que le he visto) en esta película, y cuyo talento no se ha sabido explotar correctamente, ya que fue prácticamente un extra en la serie Perdidos (apenas duró un suspiro) y suelen recurrir a él para hacer el mismo papel de siempre (terrorista o soldado de malas pulgas). Como curiosidad, estuvo a punto de ser el villano Bond en la próxima película del espía, pero se lo arrebató Rami Malek. La suerte sigue sin sonreírle.

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También destacar la interpretación de Hubert Koundé, que quizás sea el menos inspirado del trío protagonista pero también ofrece una actuación convincente. Como detalle (de nuevo) curioso, los tres personajes se llaman igual que los actores que los interpretan.

En conclusión, estamos ante un film independiente al que quizás le quede grande la clasificación de clásico de culto, ya que estoy seguro que si se estrenase hoy en día, aunque fuese con más medios, no tendría el mismo impacto. Y es que en los 90 se estrenaron una serie de cintas independientes que arrasaron pero que han sido olvidadas con el paso de los años, demostrando que realmente no eran nada del otro aquel. No digo que sea el caso de El Odio (sí de Barrio), pero no veo la maestría en ningún lado, a no ser que sea en su entregado reparto.

Un trabajo tan decepcionante como insustancial, aunque su denuncia social sea tan necesaria (y por desgracia todavía de actualidad) como loable. Pero bueno, si quiero ver un buen drama sobre el racismo y las clases marginales me pongo la estupenda American History X. Esa sí es un clásico de culto a reivindicar. Nada más que añadir.

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