Siendo sincero, no tenía muchas ganas de embarcarme en esta serie, pero a veces hay que ser valiente y la verdad es que es de esas perfectas para ver en familia. Estrenada en primicia en Amazon y posteriormente en Telecinco, y cortesía de los responsables de Aquí no hay quien viva y La que se avecina, trata sobre unos variopintos personajes que van a acabar (mal que les pese) en un casi solitario pueblo con unos habitantes todavía más estrafalarios, si es que eso es posible.
He finalizado sus dos temporadas, de ocho episodios cada una, por lo que en este artículo se hablará de ambas, de sus aciertos y errores, así como de su agridulce final, porque la verdad es que después de unas sensaciones bastante positivas, todo queda (casi) arruinado por un final tan abrupto, el cual supone un jarrón de agua fría de esos que dejan huella. Pero vayamos por partes.
La primera temporada consta de ocho episodios de más de una hora de duración cada uno, exagerado a todas luces, aunque afortunadamente esto se corrige en la segunda temporada al ser sus capítulos más cortos. Cuando la comienzas te quedas con la sensación de «esto ya lo he visto antes», ya que las similitudes con las propuestas mencionadas (del mismo productor) o con Con el culo al aire, son más que claras, brillando la originalidad por su ausencia.
En sus primeros capítulos (quizás el primero sea el menos logrado de todos, lo cual no deja de ser curioso) cuesta meterse en las historias de sus personajes, pero llega un momento que ves a la serie con otros ojos, y la percibes como lo que es, que no es otra cosa que una propuesta simpática e inocente (aunque algunos momentos rompen el tono), que se deja ver y que si destaca es por sus entrañables personajes, y no me refiero a los que llegan.
Y es que los grandes protagonistas de la serie no son los cacareados miembros del reparto como Carlos Areces, Santi Millán o Ruth Díaz, sino más bien los que forman parte del elenco del pueblo, a cada cual más fascinante y gracioso, siendo unos auténticos robaescenas que dejan en pañales al resto de sus compañeros.
Ya sea el bonachón Cándido, el gruñón (pero desternillante) Arsacio, la divertida María (con una de las tramas más logradas de toda la serie), Emilia, que no es otra cosa que la típica anciana con lengua afilada (y que da grandes momentos) o El Ovejas, uno de los mejores personajes y al que es imposible no querer. Todos estos actores han sido hasta el momento eternos secundarios (alguno de ellos doblador de cine y series) que tienen aquí su momento de gloria, gracias a unas actuaciones cercanas, divertidas y desenfadadas.
Sin ellos estaríamos ante una serie del montón y sin nada realmente apetecible, ya que, aunque el resto de personajes están algo conseguidos, no dejan de ser copias de otras series de éxito, siendo el caso más claro el de Pablo, cuyo actor Raúl Fernández repite exactamente el mismo personaje que en la citada Con el culo al aire. No es culpa suya, es que le han encasillado al pobre…
Se nota que los responsables han puesto sus esfuerzos en intentar dibujar unos personajes interesantes y que nos fascinen como han logrado en otras series hermanas, pero algunos se quedan un poco en tierra de nadie, a pesar de las pretensiones, como los hippies, con un Santi Millán cuyo personaje cambia totalmente de personalidad en la segunda temporada, por caprichos del guion, siendo una decisión cuestionable y que queda muy forzada, o sin ir más lejos el del mánager, desaprovechando la vis cómica de Jordi Vilches en un personaje demasiado secundario e insustancial y que sirve como relleno desde que se convierte en fijo.
Y bueno, hay otros que directamente ya los hemos visto (pareja con tensión sexual no resuelta incluida), otros que tardan en encontrar su lugar, como el músico (aunque cuando lo hace no podemos evitar encariñarnos) y otros que tampoco aportan mucho (el nini). Y a pesar de la curiosa pareja formada por Juanjo (con un interesante Carlos Areces en su cambio de registro ) y Amaya (una hilarante y sorprendente María Hervás), sin los habitantes del pueblo estaríamos hablando de un producto inferior, insustancial y que no aporta realmente nada a un mercado de series donde cada vez hay más competencia.
Finalmente la propuesta no es tan original y fresca como se pretende, pero cuando te has encariñado con los personajes es imposible no rendirse a los encantos de ese pueblo y sus habitantes, observando con una sonrisa sus aventuras y desventuras en cada episodio. También se agradece ver un escenario tan distinto a lo habitual, jugando muy bien con los escenarios (con una ausencia total de platós).
Y bueno, tampoco es ningún secreto que la primera temporada quizás esté más lograda que la segunda (que tampoco está nada mal), ya que hay decisiones y tramas más que cuestionables (hay momentos que sacan bastante, cuando se supone que estamos ante una serie familiar, pero quizás sea cosa mía), así como un final precipitado y erróneo, que deja una decepcionante sensación final, al cerrar las tramas de los personajes de forma torpe y perezosa.
Y es que hay algo en lo que todas las series españolas coinciden y fallan estrepitosamente (bueno, quizás hay alguna excepción, pero ahora mismo no la recuerdo…), que no es otra cosa que no saber acabarlas, tomando decisiones bastante poco acertadas y dejando un gusto agridulce en el espectador. No falla. En este caso no se entiende porqué han optado por algo así, pero ya os aviso que es un desenlace cerrado.
Nada que objetar, pero es que no han orquestado nada bien los cierres de los personajes, tratando subtramas en capítulos anteriores que se podían haber obviado y sin que podamos presagiar que todo va a finalizar de esa forma tan atropellada. Que esto se haga con la serie Lex (la cual fue un fracaso absoluto de audiencia, con solamente una temporada y en la que, por cierto, también participó Santi Millán) lo puedo entender, ya que no tenían percibidas unas audiencias tan desastrosas y obtaron por un cierre inesperado, tomando una decisión que se escapaba de su control, pero aquí está metido con calzador y la sensación de que no sabían qué debían hacer con la historia no se desvanece ni con explicaciones de sus guionistas, con el señor Alberto Caballero a la cabeza.
Y lo peor de todo es que se ha confirmado (al parecer) una tercera temporada, pero no han dado muchos detalles y la verdad es que no tendría ningún sentido el regreso de algunos personajes, de los que, sinceramente, no habría estado de más que tuviesen un final algo más digno (como el de Nacho, por poner un ejemplo). Y es que la serie está siendo un tremendo éxito, ya sea en Amazon o en Telecinco, y claro, han echado el cierre antes de tiempo, y ahora ya no hay quien arregle esto (ni con un sueño de Resines se salva algo así).
En fin, estamos ante una agradable y vistosa serie, cuyos dieciséis episodios dejan la sensación de no haber perdido el tiempo, sobre todo gracias a los carismáticos personajes (y a sus maravillosos intérpretes) y a no pocos momentos hilarantes. Lástima que se hayan decidido por cerrar la serie de esta forma tan poco meditada y a marchas forzadas, porque deja una sensación agridulce que no la distancia en absoluto de otras series que empezaron muy bien pero que acabaron muy mal.
Prefiero quedarme con lo bueno, y con personajes inolvidables como El Ovejas, Arsacio, Cándido, María y muchos otros. Pues oye, tampoco me importaría un spin-off con los nombrados, que en realidad son el corazón y alma de la serie. Ahí lo dejo.
De momento, confirmar que es recomendable si disfrutaste con cualquiera de las series nombradas en la crítica, ya que viene de las mismas manos, aunque con más corazón y buenas intenciones, y en los tiempos que corremos eso no está de más. Me alegro de haber hecho este viaje, a pesar de lo accidentado del final del recorrido. Todo no se puede tener.
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