Avatar – Crítica – Diez años de la película más sobrevalorada y olvidada de la historia

 

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Han pasado exactamente diez años del estreno de Avatar, la cual, hasta hace unos meses, era la película más taquillera de todos los tiempos, logro que le ha arrebatado la infinitamente superior Vengadores: Endgame.

Podría hacerse un estudio sobre los factores que hicieron que un remake inconfeso de Pocahontas, con un guion vacío y sin gracia y unos efectos especiales que, reconozcámoslo de una vez, no eran nada del otro aquel, fuese ese atronador éxito de taquilla hasta el punto de superar a la también muy superior (aunque también excesivamente sobrevalorada) Titanic, que, mira tú que casualidad, también es de James Cameron.

Ay, Cameron… ese director que nos trajo auténticas obras maestras como Aliens o Terminator 2, o divertimentos desenfadados y entretenidos como Mentiras Arriesgadas (True Lies), y después perdió el norte a cambio de rendirse a los billetes, y sacrificando cualquier atisbo de arte o buen hacer en el proceso.

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El caso es que volvió a ser, una vez más, el rey del mundo (aunque Titanic se llevó todo lo habido y por haber en los Oscars y Avatar se fue casi de vacío… por qué será…), es posible que por poner de moda el 3D (como si él lo hubiese inventado…), o por ofrecer una historia facilona y mil veces vista que fue del gusto de los espectadores menos exigentes… o vete tú a saber.

Justo en este momento, Cameron ha amenazado con la tardía secuela de su producto prefabricado, confirmando que su estreno será finalmente en 2021 (después de infinidad de retrasos, lo que nunca es sinónimo de nada bueno) y afirmando que está seguro que dicha secuela superará a Endgame en taquilla… Las risas se escuchan hasta el Himalaya.

Y es que, le pese a quien le pese (aunque me consta que todavía aún hay fans de esta cinta) ya nadie recuerda Avatar, y jamás escucharéis nombrarla en círculos de cine, a no ser que sea para criticarla y destacar lo injusto que fue su éxito. Es más, cada vez que sale una noticia de las secuelas (que serán cuatro…) el mundo no se detiene y la gente contesta con estupor y pereza, como es mi caso.

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No hay que ser adivino para saber que Avatar 2 no repetirá el éxito de la primera ni de lejos, ya que en diez años las cosas han cambiado demasiado (no sólo cinematográficamente), pero es que estoy seguro (y no soy adivino, pero tampoco me chupo el dedo) que la cacareada secuela (bueno… sólo por Cameron) no será el éxito que algunos esperan de ella. Ojo, no hablo de fracaso, pero dudo bastante que vuelva a superar la barrera de los 2000 millones de dólares. Eso, por un lado.

En lo que respecta a la calidad de la película, decir que estamos ante un videojuego vacío y sin alma es quedarse corto, por mucho que la banda sonora de James Honer se esfuerce en intentar dotar de magia al conjunto. Y es que la dirección de James Cameron brilla por su ausencia (su nominación sólo se justifica por arriesgar con la propuesta y el formato, por poco más) al ser todo digital, con unos efectos especiales que fueron más que aplaudidos en su momento, pero que hoy en día han quedado obsoletos.

Y, es más, a mi jamás me sorprendieron. Sí, las expresiones de los personajes digitales están logradas cuando se enfadan o gritan, pero cuando dejan esos inexpresivos ojos abiertos y sonríen sin más dejan una sensación de estar ante algo sin vida, por no hablar de cuando un gigante azul se pone al lado de un humano. He visto cinemáticas de videojuegos más resultonas que eso. Curioso que poca gente tuviese esa percepción.

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Y bueno, la dirección y efectos especiales de la cinta podrían llevar a debate, pero el guion es indefendible, ya que es un remake descarado de Pocahontas, pero hasta límites bochornosos. Y es que el guion de Avatar cabe en una servilleta, siendo generosos. Desde luego al señor Cameron no se le dan demasiado bien las historias originales, y prefiere plagiar sin vergüenza alguna leyendas y clásicos ajenos, sin que haya repercusiones legales de ningún tipo.

Dejando eso a un lado (si es que eso es posible) tenemos una historia de amor imposible, unos personajes carentes de garra (estoy seguro que Cameron se arrepiente cada día de la elección del actor protagonista) y una trama que discurre por terrenos más que predecibles, sin lugar para la sorpresa. Todos sabemos cómo va a terminar desde el minuto uno. Cada paso, cada decisión, TODO.

En ese punto cabe preguntarse el sentido de una secuela, ya que la película tiene un cierre más o menos conclusivo, cuya única excusa para seguir contándonos la historia del planeta más aburrido de la historia del cine es el dólar, que no os engañéis, es lo que empuja el motor del señor Lucas… perdón, Cameron. Ni fauna, ni ecología ni leches. El que no quiera verlo…

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Y bueno, en el reparto tenemos aciertos como los de Zoe Saldana (que a pesar de ser digital se aprecia su esfuerzo en ofrecer identidad al personaje), Sigourney Weaver o Stephen Lang, ofreciendo un villano temible (que, por cierto, es de lo mejor de la cinta).

Lo de San Worthington es uno de los castings más erróneos de la historia del cine, ya que el muchacho no ha nacido para actuar, tiene nulo carisma y cada vez que aparece como humano te transmite el aburrimiento que le invade. Es triste decir esto, pero cuando es digital actúa mejor. La magia de los efectos especiales. Sólo hace falta fijarse en su posterior carrera en el cine para apreciar que Cameron vio algo en él que ningún otro cineasta ha podido apreciar. Un genio…

Y sí, la banda sonora es bastante buena, como la de Titanic, pero no enmascara lo vacío del conjunto.

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En conclusión, estamos ante un producto olvidable y olvidado, del que ya apenas se habla, y que jamás ha dejado el impacto del anterior trabajo de Cameron, que no es otro que Titanic, que, por cierto, tampoco es ninguna maravilla ni historia del cine…

Un proyecto digital y vacío, que ofrece la misma historia de siempre, y que es perfecta para una tarde de Antena 3 (es decir, una tv-movie) debido a un guion perezoso, flojo y sin alma. El por qué la gente acudió en masas (con sus gafitas 3D) es uno de esos Expedientes X que dudo que tengan resolución.

Pero os aseguro que estoy ansioso de que estrenen Avatar 2, no por ver una gran secuela que nos deje a todos impactados. Más bien por ver la gran hostia que se da el bueno de James en la taquilla (lo de los críticos es otra historia), al comprobar que la primera no era tan querida y que fue un fenómeno aislado y pasajero, que ocupó durante demasiado tiempo el puesto de película más taquillera de todos los tiempos, cuando seguramente sea la más insulsa vista en un cine. Una cura de humildad que no le vendrá nada mal al director más endiosado y arrogante del cine, que ya es decir.

Y esta es la crónica de la película más sobrevalorada (en su momento) y a la vez olvidada de la historia del cine.

Nos vemos en 2021, señor Cameron.

 

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