Luz de Luna – Serie – Crítica – La serie que catapultó a la fama a Bruce Willis

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En 1985 (que se dice pronto, y un servidor todavía no había llegado al mundo) se estrenó una serie que sería mítica en la década de los ochenta, y que duró cinco temporadas, cosechando un gran éxito, al menos en sus inicios. Además, estaba protagonizada por la estrella del momento, Cybill Shepherd, y un desconocido Bruce Willis, que ahora mismo sobrevive gracias a productos del videoclub, pero esa es otra historia.

El público del momento quedó prendado por esta comedia (al menos en la mayoría de episodios) donde dos detectives, David Addison y Maddie Hayes, debían resolver casos sin matarse el uno al otro en el intento, debido a la famosa tensión sexual no resuelta, que tantas otras series han utilizado, y que, aún hoy, se sigue usando con éxito.

La serie gozó de un gran éxito y fama, pero, como en la mayoría de series, tocó fondo, y la gente se cansó, y la verdad, una vez vista, no me extraña. La serie finalizó un 14 de Mayo de 1989, es decir, hace treinta años. Yo me animé a verla hace un par de años después de muchos intentos (el bueno de Bruce es uno de mis actores favoritos) y ha sido este 14 de Mayo de 2019 cuando he visto el último capítulo, justo treinta años después. Os aseguro que ha sido pura casualidad, ya que, hasta finalizar la serie, desconocía esa fecha (lo indican en los créditos finales), pero he acabado la serie justo ese día. ¿Casualidad?

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Pues bien, la primera temporada solo constaba de seis episodios, el primero de ellos con más de una hora de duración, a modo de piloto. La segunda temporada ya tuvo más episodios, y debo decir que, sin ser ninguna obra maestra, sí son dos estimables temporadas al servicio del humor, y con un excelente Bruce Willis, en uno de los sus mejores papeles.

La tercera temporada ya fue perdiendo fuelle, aunque tenía algunos episodios rescatables, y los últimos episodios introducían un triángulo amoroso bastante interesante, para dar un final de temporada que, visto lo visto, debería haber sido el definitivo, ya que fue más que digno y hubiese dejado buen sabor de boca.

Pero no, se embarcaron en una terrible y dramática cuarta temporada, donde ambos personajes se separaban y no se veían las caras hasta los últimos episodios, y donde apenas había casos por resolver, aparte de dotar de más protagonismo a personajes secundarios, como la señorita Topisto o el insufrible Herb Viola. Un despropósito de temporada, que sacaba de quicio, y que ni siquiera podía levantar el señor Willis, ya que convirtieron a su personaje en un borde y un amargado. Lamentable.

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Los rumores dicen que los dos protagonistas no se soportaban, y la verdad es que cuadra bastante, ya que apenas se ven en la mencionada cuarta entrega. Se comenta que Bruce Willis ganó mucha más fama gracias a la excelente “Jungla de Cristal (Die Hard)” (que es un clásico del cine de acción y una de mis películas favoritas), y eso no le hizo ninguna gracia a la otra estrella de la serie, la señorita Shepherd (que venía del mundo del cine y era muy conocida), la cual había llegado a la serie como la gran protagonista, y cuando vio que Willis le comía terreno (gracias a un mejor personaje, las cosas como son), no pudo más, y todo eran discusiones entre ellos, generando un clima tóxico, y haciendo que la serie quedase herida de muerte.

Cuidado, tampoco digo que Bruce Willis fuese un santo, ya que es bien sabida su fama de déspota y de amar el dinero más que a otra cosa (solo se mueve por él, de hecho), pero entre ambos, y sus discusiones, destrozaron una serie simpática y entretenida, para pasar el rato, que no es poco. Y es que eso es lo que es esta serie (bueno, sus tres primeras temporadas y algunos episodios de la última), un divertimento inocente y sin complejos, para hacer disfrutar al espectador, ni más ni menos.

En cuanto a la quinta temporada, tuvo un primer episodio realmente lamentable, y que parecía que iba a marcar la senda de los siguientes, pero por suerte, la cosa remontó, y volvieron a la senda de las primeras temporadas, con casos sin pies ni cabeza y diálogos chispeantes. Sin embargo, a algún iluminado se le ocurrió que era buena idea volver a meter conflicto, tensión y dramatismo al final de la serie, e introdujeron con calzador a una prima de Maddie que tenía una aventura con David, haciendo que ambos personajes volviesen a estar enfrentados, al igual que en la cuarta temporada. Es decir, volvieron hacia atrás y hacia lo peor de la serie.

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Y bueno, qué decir del final. Lamentable es poco, ya que fue un bofetón al espectador por la bajada de audiencias y quedó bastante inconcluso, haciendo que la experiencia quedase manchada, y dejando un sabor agridulce en una serie que podía haber tenido un final feliz, pero se tuvo que conformar con una tomadura de pelo donde (aviso spoilers… aunque la serie tenga más de treinta años) los dos protagonistas no terminan juntos y la agencia de detectives es desmantelada por la cadena de televisión, en una estafa histórica, y que empaña el conjunto hasta límites insospechados.

Y vamos con el guion. Vamos a dejarlo claro, hay episodios mejores que otros, aunque los mejores de la serie tampoco son nada del otro mundo y en ningún caso rozan la excelencia, y los peores son decididamente mediocres, dejando claro que esta serie no es de gran calidad, y es mejor dejarse llevar por el carisma de sus protagonistas (bueno, por uno de ellos) y por sus frescos diálogos, que son lo mejor de la serie (junto a  Bruce y su opening, que es maravilloso).

Y es que parece que los que escribían los casos a resolver y los que escribían los diálogos de los personajes eran personas diferentes, porque, mientras que los casos son predecibles, surrealistas y flojos, los diálogos y bromas, cortesía de David, son mordaces e inteligentes. Y lo más sangrante de los argumentos de los episodios, con esos casos dignos de la “Dimensión desconocida”, es que se repetían temporada tras temporada, ya que seguían una marcada pauta, que era: cliente les contrata – cliente es el malo – lo descubren en el último momento y hay una persecución estúpida con música de dibujos animados. Este esquema se repite en más del 50% de la serie, os lo seguro, y el otro 50% siempre es un personaje secundario que ves venir a kilómetros, no habiendo lugar para la sorpresa, en ningún momento.

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Por lo tanto, queda claro que los guiones dejaban bastante que desear, y que todo se sustentaba por la vis cómica de Bruce Willis y algún momento inspirado. Eso es todo, señoras y señores, así que si no sois seguidores del actor, ni os acerquéis a esta serie, por mucho que me duela admitirlo. Y es que no ha resistido nada bien el paso del tiempo, eso seguro.

En cuanto al reparto, tenemos a un inspirado y fabuloso Bruce Willis, que hizo suyo el papel desde el minuto uno, y que supo aprovechar ese caramelito que le ofrecieron en bandeja de plata, al ser un protagonista cómico y que no se toma en serio a sí mismo, ganando las simpatías del público. Y sí, a pesar de “Jungla de Cristal”, en realidad esta fue la serie que le dio la fama, y gracias a ella es quien es ahora… bueno, ha vivido tiempos mejores, ya que ahora sobrevive gracias a las películas directas al videoclub, pero sin lugar a dudas, vivió una época dorada en los ochenta y los noventa, eso sí, con un dudoso gusto por escoger proyectos.

La otra cara de la moneda es Cybill Shepherd, a la cual, le tocó un personaje estirado y amargado, que era el contrapunto de David, y siempre era la razón o la cordura, lo cual aburre al espectador, ya que queremos locuras, y este personaje mostraba todo lo contrario, aunque, como ya digo, no puedes poner dos protagonistas iguales, y la gracia es que sean como el agua y el aceite. Eso sí, tenía algunos buenos momentos, y puntualmente resultaba un personaje entrañable y con corazón (no en su cuarta temporada, desde luego).

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Bien es cierto que, ambos, a pesar de sus enfados y discusiones en la vida real, tenían química (al menos en las primeras temporadas), pero claro, todo se fue al garete en cuanto resolvieron la tensión sexual, ya que los guionistas y productores no lo supieron gestionar, y acabó siendo un drama de rupturas y enfados que mataba el factor comedia y ahuyentaba al espectador que estaba aquí para pasar un buen rato, ni más ni menos.

El problema es que en la cuarta temporada, ambos personajes se volvieron insufribles, como una Maddie Hayes egoísta y que desapareció para refugiarse en casa de sus padres toda la temporada, por un embarazo no deseado (y que se suponía que el hijo no era de David), y para dejar a este con un palmo de narices. Luego regresaba en los últimos episodios casada con un completo desconocido. De verdad, que no sé a qué jugaban los guionistas.

Esta estúpida decisión argumental, hizo que el personaje de Willis estuviese siempre enfadado, y fuese un idiota sin gracia, sepultando la temporada en la mediocridad más absoluta, y siendo una de las peores de la historia de la televisión, de lejos. Encima, se le daba más protagonismo (suyos son varios episodios) a la pareja formada por la señorita Topisto y por Viola.

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La primera resultaba un personaje entrañable y simpático, con sus rarezas, pero que funcionaba bien como secundaria gracias a su buen corazón. Eso sí, no estaba a la altura para protagonizar sus propios episodios, y estos palidecían frente al resto, donde los dos grandes protagonistas de la serie apenas salían unos minutos. Como experimento vale, pero recurrieron a ello en varios episodios (obviamente, debido a los enfados de aquellos).

Y luego tenemos a uno de los personajes más irritantes e insufribles de la historia de la televisión, que no es otro que Herb Viola. Llegó en la tercera temporada como un tipo callado y bonachón, que aportaba más bien poco, para ir ganando protagonismo, hasta protagonizar, prácticamente, la cuarta temporada, donde se le cambió la personalidad (cortesía de los guionistas) para dejarlo como un déspota, tirano y cotorra sin gracia, que restaba muchos puntos al conjunto. Y no son impresiones mías, ya que al principio de la quinta temporada se dejaba claro que no era querido por los espectadores, con un guiño a estos. Insufrible.

Por otro lado, conviene destacar como se rompía, constantemente, la cuarta pared, en un recurso novedoso para la época, pero del cual se abusó en la serie, haciendo que todo quedase bastante surrealista y no te pudieses tomar nada en serio. Constantemente los personajes te recordaban que estabas viendo una serie de televisión y ficción, y no algo real, y muchas veces hablaban directamente al espectador. Lo dicho, como recurso puntual, genial, pero lo hacen en casi cada episodio, y al final cansa la cosa. Y bueno, en el final de la serie les cancelan y se van a ver al productor de la serie para intentar salvarla. Penoso.

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En conclusión, estamos ante un clásico de los ochenta, que ha envejecido bastante mal, con dos primeras temporadas simpáticas y entretenidas, una tercera que perdió un poco el toque, una cuarta que debería ser censurada por el bien de la humanidad, y una quinta que remontó un poco el vuelo, pero se quedó en tierra de nadie, sobre todo por su penoso final.

¿Recomendaría la serie a alguien? Lo siento, pero no. Yo no me arrepiento, porque tenía mucha curiosidad por verla, y me fascina esa época (la intro y su canción principal, así como algunas melodías, son de lo mejor), pero no creo que muchos tengan mi paciencia. Si eres fan de Bruce Willis, quizás la soportes, pero si no es el caso, huye. Es obvio que esta serie tuvo su momento de gloria, y siempre será recordada por su interesante pareja protagonista y por la desternillante actuación de Willis, pero poco más se puede rescatar de una serie con potencial, pero que cayó en muy malas manos.

Prefiero quedarme con lo positivo, la verdad, aunque siempre me quedará la decepción de que, después de tantas discusiones y tensión, no acabasen juntos, siendo un gesto muy feo por parte de sus creadores. Y es que David y Maddie estaban destinados a estar juntos. Y como reflexión final, siempre es mejor que una comedia acabe siendo comedia, y no intentar meter drama cuando nadie lo pide ni le hace falta. Hasta siempre, Maddie y David.

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