MasterChef y la polémica – La séptima edición será recordada como la más envenenada y vergonzosa de su historia

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En mis primeras impresiones de esta séptima edición (aquí) os comenté que no tenía pensado escribir nada más del concurso hasta la final, y así era, pero estoy viendo una serie de cosas en esta edición, que me obligan a comentar, por eso de no guardarme las cosas y reventar.

Esta siendo una edición entretenida pero fallida, que quizás no está a la altura de otras, y que tenía, a priori, un buen casting. Y lo de, “a priori”, lo digo, más que nada, porque este año la evolución de los concursantes es nula (hay honrosas excepciones) y algunos se quedan como una promesa para acabar en tierra de nadie (como Osiris o Natalia).

Pero hay algo que me escama, y ya estamos viendo en las últimas ediciones (sobre todo en la última), y es como el programa mete tensión y polémica (con calzador) entre los concursantes… en cada prueba. En una edición “Celebrity” lo puedo entender, y hasta me parece imprescindible, porque eso no es cocina, es show, pero en una edición de anónimos me parece innecesario, y creo que deja en muy mal lugar al programa.

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Pero es que ese no es el único problema. Lo más grave es que este año hay más mal rollo que nunca (que ya es decir), sobre todo por culpa de un personaje como Carlos, que ahora iremos con él. Hay tensión en esa casa (me refiero a en la que conviven día tras día, para los despistados), y hay grupos, así como estrategias de dudosa moral y muchos comentarios a las espaldas (casi todos cortesía del “señor” mencionado).

Y yo me pregunto: ¿es necesario meter más mierda (tal cual) en un ambiente que ya de por sí es tóxico y hace que lo concursantes se centren en todo menos en la cocina? Es obvio que no, pero el programa ya tenía el guion preparado para este año, y los jueces son cómplices de ello, al no perder oportunidad en contar lo que se dicen a las espaldas los concursantes y obligarles a tomar decisiones que les hacen quedar mal, como si esto fuese “Supervivientes”.

Son unos profesionales de la cocina, y la verdad es que da un poco de vergüenza ajena verles en esa tesitura, como si estuviesen en otra cadena (Telecinco, por los despistados), y fuese un “Sálvame” especial cocina. Lamentable es poco. A recordar el momento (forzado y actuado a más no poder), donde un candidato era borde y pasaba de todo en el primer casting, y Jordi le indicó la puerta. Teatro y del bueno, como diría Mourinho.

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Y claro, si ya tienes roces entre los concursantes y estos no se tragan, y encima les pones en situaciones donde deben perjudicar al compañero, eso se convierte en insufrible. Ha llegado a tal punto la situación (insostenible), que los jueces, ante el pésimo nivel culinario de sus concursantes y su nula evolución en el concurso, les han tenido que recordar que están ahí para cocinar y no para malmeter o pensar en estrategias.

Tendría sentido, si no fuese porque esos mismos jueces, a los cinco minutos, están metiendo mierda, de nuevo, y dando “ventajas” al mejor concursante para que perjudique a sus compañeros. Puro show e hipocresía legendaria.

Y es que es importante recordar como se repudió y defenestro (con razón, eso sí) a un concursante como Gonzalo en la segunda edición, por traer el show de casa y montar una escena en cada programa, lo cual, al principio podía tener su gracia, pero al final saturaba. Me acuerdo de Jordi despidiéndose de él (en el último programa, donde hacían repaso del concurso), diciendo que solo esperaba que no hubiese más show, nunca más, en un programa que era para cocinar, exclusivamente. Que lejos ha quedado eso, amigo mío.

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Y puedo empatizar con el programa y entender que la competencia es muy dura (se enfrentan a programas mucho más vistos, y de menor calidad, como “Supervivientes”), pero no tiene sentido intentar ofrecer lo mismo, y más cuando tienes tu propia entidad, con un fórmula que ha aguantado siete años, que se dice pronto (aunque el “Junior” ya cansa).

Y lo que han conseguido con esta estrategia, de priorizar las polémicas y las discusiones a la cocina, es que concursantes como Natalia queden anulados y solo se preocupen en lo que piensan los demás, como le sucedió en el último programa con Samira, nueva concursante, la cual, es víctima del propio programa, ya que los jueces le piden opiniones y elecciones con sinceridad (y que la dejan en mal lugar de cara a sus compañeros, como Natalia, que dijo que le daba malas vibraciones), para después decir que no cocina bien porque está obsesionada con el mal rollo. Ver para creer, señoras y señores.

Y ojo, que no soy el único que piensa eso, ya que muchas voces se están quejando del veneno que transmite esta edición, cuando podría haber sido un programa entretenido y lleno de talento, pero, lamentablemente, no pierden oportunidad de meter mierda para que todos discutan y se digan las cosas a la cara, como si esto fuesen unas nominaciones de “Gran Hermano”. Están perdiendo el rumbo, desde luego.

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Y no puedo finalizar mi reflexión sin hablar de un individuo llamado Carlos. Este hace santo al mencionado Gonzalo (el cual, al menos, tuvo la decencia de abandonar el concurso programas antes de la final), ya que es una víbora de mucho cuidado. Empezó el concurso traicionando a supuestos “amigos” (o compañeros) como Osiris, con lo cual ya se le vio el plumero, pero es que este hombre tiene un problema grave.

Resulta que este personaje se jacta de ser sincero y decir las cosas a la cara, pero luego todo lo dice por la espalda, en las entrevistas que les hacen, sin sus compañeros delante. Afortunadamente, y sin que sirva de precedente, el programa no pierde en oportunidad (buscando el show, aunque en este caso es necesario para desenmascarar a esta cucaracha) en transmitir a los compañeros lo que piensa, lo cual siempre le deja en mal lugar.

Sus fechorías van, desde llamar “Mantis Religiosa” a una compañera (lo cual le transmitieron a esta, y obviamente, no le sentó nada bien) o engañar a supuestos amigos para beneficiarse él, hasta menospreciar a compañeros que son superiores que él, no solo en cocina, sino también en humanidad, hasta el punto de rajar de sus propios amigos cuando le conviene.

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Y es que encima no solo es un estratega (de los mediocres, no de los inteligentes), y un ser oscuro… es que encima tiene mala leche, y en las pruebas por equipos suele perder los nervios y habla mal a todo el mundo (incluidos sus “amigos”). Lo tiene todo, el campeón.

¿Queréis saber la última de este ser? Resulta que, se supone, su gran amigo allí era Marcos, al cual veía fuerte en los primeros programas, y por eso se arrimó a él, pero luego se dio cuenta que no, que le sacabas del arroz y se quedaba cojo, y en los últimos programas empezó a desvincularse y renegar de él (de muy malas formas), hasta el punto que, en la última prueba por equipos, y delante de todos, le echo la culpa del fracaso a él como capitán, defenestrando el concepto de “equipo”, y ante la sorpresa de su compañero, que no daba crédito.

Eso no fue suficiente, ya que en la prueba de eliminación, Marcos fue expulsado, y cuando le preguntaron a este quien quería que ganase, y sin rencor alguno, dijo que Carlos, y todo eso justo después de enterarse de que aquel le había dicho a las espaldas que era un lastre y le perjudicaba en el concurso (gracias al chivatazo del programa).

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Pues bien, expulsan a Marcos, y estas son las palabras de Carlos al respecto (de nuevo, a las espaldas): “me alegro que se vaya porque era un lastre y me perjudicaba en el concurso, a tu casa”. Fue escucha eso, y os juro que no me lo podía creer. Vamos a ver, ser unineuronal, que era tu único amigo, el único leal y que te apoyaba, y tú, basura, le dedicas esas palabras a su salida. Os juro que no he visto algo tan repugnante ni en “Gran Hermano”. Con eso os lo digo todo.

Cierto es que, Carlos, desde el principio, ha dicho que es un estratega. Bien, lo dice, de nuevo, sin sus compañeros delante, pero lo dice. Lo único es que hay diferentes estrategias, ya que concursantes como Valentín la tienen, es obvio, pero son puros de corazón y quieren llegar a la final por sus propios méritos, y sin pisar a nadie en el proceso. Carlitos ha venido a pisar a sus compañeros y quitárselos de encima, por un motivo demasiado obvio: sabe que no cocina tan bien como ellos y no está a la altura. No hay más, y su juego es sucio y asqueroso, soltando veneno siempre que puede. Y os aseguro que no pierde ocasión, y siempre tiene un comentario negativo de alguien, en cualquier momento.

Y no quiero pasarme, pero este ser es padre, y de verdad, yo soy su hijo, y veo el concurso que está haciendo, y como pone verde a sus compañeros y reniega de su único amigo ante su expulsión, diciendo que era un lastre y que mejor fuera, y se me cae la cara de vergüenza. Me preocupa el mundo donde vivimos.

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Y sí, estamos ante uno de los peores concursantes de la historia (al lado de individuos como Silene (MC5), Toni (MC6), Antonia Dell’Atte (MCCelebrity) o el citado Gonzalo (MC2). Se dice pronto. Y añado: no me creo sus lágrimas de cocodrilo y sus excusas. Espero que su expulsión sea a las puertas de la final, que jode más, porque ver a este ser en una final de MC sería de juzgado de guardia, y uno de los momentos más injustos de la historia de la televisión.

Y ya puedo confirmar que mis favoritos de este año son Valentín y Aleix, que no solo cocinan bien, sino que tienen buen corazón y no van a joder a nadie. El resto, o están en tierra de nadie y no me dicen nada, o son terribles (hola, Carlos). Veremos en que queda la cosa, pero, sin lugar a dudas, este año será recordado como el de las (innecesarias) polémicas y el del veneno. Y los que hemos sido seguidores desde el primer programa de MC en España (como un servidor) no nos merecíamos esto. Una pena.

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