Fallas 2019: La diversión y la injusticia en los premios se vuelven a dar la mano en una celebración única

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Buenas a todos.

Aunque no os hayáis dado cuenta (ejem, ejem…), he estado ausente casi dos semanas, debido a mi cita anual con las Fallas de Valencia, ya que tengo familia allí, y no me suelo perder una fiesta que nunca decepciona.

En este artículo (cuyas fotos son cortesía de un servidor, al menos en casi todos los casos) os voy a comentar mis impresiones de este año 2019, ya que han habido alegrías (la nit de la cremà, por ejemplo), pero también decepciones (como siempre, el reparto de premios).

Pero es mejor que empecemos por el principio. En primer lugar, se tiene que destacar la “Exposició del Ninot”. Para los que no sepan mucho (o nada) de estas fiestas valencianas, decir que dicha exposición reúne a todos los ninots (uno por falla), tanto adultos como infantiles, para que el público que pague su entrada (unos bien invertidos 3 euros), pueda verlas y elegir la que quiera que se salve, con un voto por la infantil y otro por la adulta, en lo que se llama “Ninot indultat”, es decir, la figura que se va a salvar de ser quemada días después.

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A pesar de la calidad de la mayoría de los ninots (dejando a un lado los infantiles, que este año no han estado a la altura de otros años), no había ninguno que llamase especialmente la atención, y creo que el nivel de las especiales (que son las que tienen las de ganar) se ha quedado un poco en tierra de nadie, y pocas veces recuerdo estar dudando a qué ninot votar.

Finalmente me decidí por la de Sueca-Literato Azorín (cuya falla ha sido de mis favoritas este año), en la cual una nieta maquillaba a su abuela en pleno Halloween, que quedó segunda (lástima), ganando Exposición-Micer Mascó, lo cual tampoco ha sido ninguna sorpresa, porque, si algo triunfa en la “exposició del ninot”, es la tradición y la falta de riesgo, ya que el público mayoritario que vota son ancianos, y así se queda el Museo Fallero (donde se encuentran todos los ninots indultados de años anteriores) en los últimos años… anticuado.

En cuanto al ninot infantil indultado, tampoco ganó el que yo voté, pero no tengo queja alguna, ya que el que se ha llevado el gato al agua me parece entrañable y vistoso, aunque vuelvo a recalcar el bajo nivel de las fallas infantiles, este año, y me refiero a los ninots expuestos.

En conclusión, los ninots más sorprendentes fueron los de categorías menores, y los especiales (y todos los infantiles), se quedaron en tierra de nadie.

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Luego tenemos las geniales mascletas. Este año solo he podido asistir a dos, pero ambas han sido fabulosas y merece la pena estar esperando un rato bajo el sol para poder apreciar el sonido del corazón de las fiestas. Fabuloso.

En cuanto a las fallas, han habido algunas sorpresas agradables, como las Fallas de Convento Jerusalén (la mejor de este año), Sueca-Literato Azorín (me encantó la temática y la originalidad) o algunas consideradas menores, como las de Quart (que poco tiene que envidiar a algunas consideradas “especiales”), Ribera (que no suele fallar) o la modesta falla de la calle Calabazas (y que a un servidor no le decepciona, gracias a su originalidad y buen hacer) .

Por otro lado, un servidor esperaba más de la Falla del Pilar, que suele ofrecer la mejor representación año tras año (hace dos años presentó una de las más impresionantes fallas jamás vista… y no ganó). No obstante, podría haber ganado que no habría queja alguna, ya que su calidad es incuestionable.

Cómo no, este año no han faltado las Fallas “pedantes” (y que tuvieron su correspondiente noticia en la televisión), que espantan al turismo y solo interesan a los que tienen ganas de reírse (como es mi caso) o a los gafapastas enterados de la vida, que sienten desprecio por el verdadero arte. En fin, no nos libraremos, no…

Y claro está, tampoco faltan las fallas “frikis”, con las que disfruto como un enano y se agradecen. De hecho, subjetivamente, mi falla favorita es una de hace años inspirada en “Los Vengadores”. Como aquella… ninguna. En este año han habido homenajes a Batman, Star Wars o Marvel, como es habitual cada año.

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Debo reconocer, que, después de unos cuantos años, donde la Falla del Ayuntamiento daba auténtica vergüenza ajena (es pensar en el supositorio de hace un par de años y me hierve la sangre), este año han ofrecido algo original y moderno, pero con clase. No obstante, creo que es una falla tramposa, ya que lo que más destaca son los colores con graffitti y de ahí el triunfo. Pero no hay lugar para la queja, al menos mi caso.

Y vamos con el reparto de premios. La ganadora ha sido L’Antiga Campanar, poniendo de relieve (un año más) la alarmante miopía de los miembros del jurado. Es una falla bonita, eso no lo pone nadie en duda, pero es de menor tamaño que años anteriores, y no está al nivel de otras como Convento Jerusalén (tercer premio, cuando, seguramente, este sea su mejor año y ha ganado otros con trabajos inferiores) o la del Pilar, por citar un par de ejemplos.

En fin, que cada año es lo mismo, y es gracioso ir a ver la falla ganadora y escuchar comentarios de “menuda injusticia”, “esto no tiene sentido” o “menudo robo”. No falla, es un clásico de estas fiestas, y es que la opinión del torpe jurado (que, sinceramente, no sé de dónde lo sacan) nunca va acorde con la del público. ¿Qué tal si los valencianos y los turistas comienzan a votar? Otro gallo cantaría…

La ganadora debería haber sido Convento de Jerusalén (como ya digo, seguramente la mejor de este año) o la del Pilar, no hay más, aunque subjetivamente me quedo con la de Sueca-Literato Azorín.

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Y el cierre de las fiestas no pudo ser mejor. Tocaba el turno de la cremà, donde todos los monumentos arden a horas demasiado golfas. Este año, cómo no, ha vuelto a llover, y además con rabia, pero eso ha hecho que las fallas se quemasen antes y fueran todas como un castillo de naipes, lo cual hizo que viese más que nunca, un total de cinco.

Personalmente, me quedo con la cremà de la calle de las Calabazas (o carrer de ses Carabasses), que quizás fue la más modesta, pero hubo originalidad en la forma de quemarla (los falleros y responsables de la falla lanzando chispas al monumento) y fue un momento impagable, a pesar de la lluvia.

Si a eso le sumamos que mi mejor amigo las pudo ver por fin, después de años, el trato estaba hecho, y la magia hizo su efecto. Una noche inolvidable, y que despide unas fallas que vuelven a resultar únicas y recomendables, aunque el tema del reparto de premios las ensombrezcan un poco.

Que cuenten conmigo (de nuevo) para el año que viene.

Viva Valencia y vivan Las Fallas.

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