LOS PESADOS DEL CINE

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Buenas a todos.

Ya tenía ganas de desahogarme con esos trozos de estiércol, parásitos de la sociedad, que piensan que eso de la educación es un mito inventado por los griegos. Y sí, me refiero a los pesados (por no decir otra cosa) del cine.

En este artículo, voy a dejar bien claro lo que, como cinéfilo empedernido, me molesta (y mucho) de algunos individuos que no saben lo que es el respeto ni comportarse en sociedad.

Quizás penséis que soy un maniático y un exagerado, pero cuando amas el cine y te metes en una sala (y encima pagando), buscas evadirte y pasarlo bien, no que unos mierdas irrespetuosos te arruinen la experiencia, y de ahí este artículo.

Espero os guste el artículo y os lo paséis bien (que también lo hago para eso, no solo para usaros de terapia).

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Vamos a empezar con los que llegan tarde. No lo entiendo, os lo juro que no lo entiendo. La película tiene un horario, hay como 20-30 minutos de anuncios (que eso daría para otro artículo entero), y llegas cuando la película ya ha empezado. Pero mi crítica es que encima hacen ruido, hablan, se llaman a gritos con los que ya están sentados (¡y encima se saludan con dos besos y se cuentan la vida!), y lo que más me jode, tapan al pasar, cuando ya ha empezado la función. Coño, ya que eres un jodido caracol, que no sabe lo que es un reloj o la puntualidad, no montes un escándalo, y ten respeto por los que sí somos puntuales y sí disfrutamos del cine. Gracias.

En honor a la verdad, confesaré que yo he llegado una sola vez tarde al cine, cuando la película había empezado. Pero como había comenzado, y por ahí no paso, pedí que me devolvieron el dinero de las entradas, ya que la culpa del retraso fue de la cola de la taquilla (ponen cuatro personas cuando pueden poner diez). La película era “Skyfall”, por cierto.

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Y de los caracoles sin modales, pasamos a los que están con el móvil sin parar. Ojo, no me refiero a que saques el móvil con los anuncios, yo también lo hago, porque no los cambian ni por error (el de la Coca-Cola lleva 10 años, y no estoy exagerando), pero cuando ha empezado la película no… no… ¡¡¡no!!!!

Y no es porque me importe tres carajos que hables por el “Wassap” y te estés perdiendo la película. Si eres idiota y te gusta tirar el dinero que seguro que te han dado tus padres, es tu problema. Pero una pantalla de móvil encendida, en una sala oscura, distrae a los de al lado o detrás, y más si tienes a esa cucaracha adicta al móvil cerca, que es lo que me paso cuando fui a ver “Nunca apagues la Luz”. Desconozco si se tomó al pie de la letra el título de la película, el muy payaso, pero estuvo casi toda la película chateando con alguien, y yo tenía que ver la película y tener su pantalla de mierda deslumbrandome. Por suerte, a mitad película dejo de hacer el cenutrio. Y así hay muchos casos de personas que no saben que el móvil no es para usar dentro de una sala de cine. Pero hay un caso peor… mucho peor.

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En este punto se que estáis pensando: “¿Y este tío, que tanto se queja, no llama la atención a la gente?”. Ahora iremos con ello, pero digamos que a mis acompañantes no les hace mucha gracia que monte el espectáculo (que lo suelo hacer, cuando no me queda otra).

Vamos con ese caso, que podríamos titular como “La loca mal educada de los cojones”. Resulta que voy a ver en compañía la estupenda “Monstruos University” (que no me cansaré de recomendar) y cuando se acerca el final de la película, en el que, quizás, es el momento más importante de la misma, una señora (por llamarla de alguna forma) contesta la llamada que estaba recibiendo y se pone a hablar con un tono alto. Vayamos por partes. Primero: el móvil en silencio, chata. Segundo: si contestas la llamada te sales del cine. Tercero: encima que contestas la llamada, ¿lo haces a gritos, cacho arpía? Me supo mal por mis acompañantes, pero aquí no me pude contener, y le dije de todo. Por suerte, la sociedad no esta del todo perdida, y unos cuantos se unieron a mí. Al final tuvo que colgar ante las críticas. Y luego nos pensamos que este personaje de “Scary Movie” no es real:

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Quizás este sea el peor caso que me he encontrado en una sala de cine.

Vamos con los que hacen ruido al comer. Yo también me he pedido mi cubo de palomitas, mi coca-cola de litro, e incluso me he llevado bocadillos o comida basura para llevar. No tengo ningún problema, y mientras respetes los espacios (yo lo hago), se entiende y se respeta. Pero hay gente que quedó fascinada con la película “Jurassic Park”, y desde entonces se piensa que tiene que emular al puto T-Rex cuando se come a alguien. Son personas que no saben comer ni masticar, y hacen un ruido que no sabes si es un antílope siendo devorado por unas hienas o dos gatos practicando sado erótico en un callejón. ¡Aprended a masticar y a abrir las bolsas de patatillas, cerdos!

Ahora toca un tema polémico: los niños. Algunos se comportan, otros no. Yo no recuerdo estar hablando toda la película, y encima a gritos y sin parar, de pequeño. Nadie me lo enseñó. Simplemente me apetecía disfrutar de la película. Eso es todo. Pero no, no falla. Si vas a ver una película de animación, ya sea de “Disney”, “DreamWorks” o “Illumination”, siempre esta repleto de niños que no callan ni aunque les paguen. Es que el jodido Pennywise se mete en una sala de estas y huye, se queda sin apetito (recordar que se alimenta de niños, por si no había quedado clara la referencia).

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Pues bien, la culpa no es de esos niños. No. Es de sus padres, que ven su comportamiento y no dicen ni mu. Y es que cualquier puede ser padre o madre en esta vida, y eso es uno de los grandes males del mundo moderno. Padres despreocupados y que han tenido hijos por cumplir los hay a patadas. Una lástima. Pero al menos corrige a tu hijo, miserable. El caso es que, en honor a la verdad, si he visto padres corregir esos comportamientos en sus hijos y mandarles callar (otra cosa es que luego les hagan caso o no, que hay veces que ni de coña). Un aplauso por ellos. Pero como ya digo, otros parecen cómplices de las fechorías de sus hijos, y no mueven un mísero músculo. Y me fascinan (aunque también incordian) los renacuajos que se tiran toda la película comentándola, como si fuese el comentarista de un partido de fútbol. Curioso, pero muy estresante. Y en este caso, tampoco se toman medidas. En fin, cuando vas a ver una película infantil, ya sabes a que atenerte. Increíble pero cierto.

Y hablando de cotorras… no solo los niños hablan sin parar en las películas. No, también los adultos, y de que manera. Me he encontrado cada cotorra, que sería digna del “guinness” de los récords. Y si, en estos casos me he visto obligado a intervenir. Me acuerdo cuando en el año 2000, fui acompañado a ver la reposición de “El Exorcista” (que fue un rotundo éxito). Pues resulta que un par de tontas del culo, se pusieron a reír a carcajadas con la niña poseída (Regan), y no paraban, hasta que yo, con 14 años (aproximadamente), tuve que gritar que se callaran. No reproduciré las palabras exactas porque seria extraditado a una isla para condenados a muerte, pero una cosa os aseguro. No volvieron a dar por culo en toda la película.

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Otro caso fue cuando en Barcelona (no soy de allí), un par de cabrones, que se hacen llamar amigos, me llevaron a ver “Resident Evil 3”. No solo fue una de las peores películas que he visto en una sala de cine (de lejos), sino que encima había unos adolescentes que no paraban de hablar y reírse, y de nuevo, tuve que acercarme (se sentaban mucho más adelante que nosotros) y decirles cuatro cosas bien dichas. No volvieron a hablar en toda la película, también os lo aseguro.

Y en este punto, me gustaría destacar a los que casi siempre cotorrean sin parar y dan por culo en las salas de cine: los adolescentes hormonados. Y si he dicho que yendo a ver una película infantil ya sabes a que atenerte, sucede lo mismo si vas a ver una película de terror. Adolescentes sin educación asegurados. En fin… suerte a los pensionistas.

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Pero de un extremo, vamos a otro. He ido un par de veces a un cine pedante a ver películas en versión original, porque a veces me gusta verlas así. Lo de pedante lo digo porque solo ponen cine independiente o de autor. A veces toca ponerse las gafas de pasta…pero tampoco hay que abusar. Pues bien, fui a ver, de nuevo acompañado, “Un dios salvaje”, de Polanski, que es bastante divertida, y antes de empezar la película, mi acompañante me estaba hablando durante el trailer de “The Artist”, que os recuerdo que es una película muda. Pues un idiota con ínfulas de artista, nos mandó callar. La cara de ambos fue de leyenda. Es decir, ¿nos mandas callar en el trailer de una película muda? En fin, hay gente para todo… o eso dicen.

Me he encontrado muchos otros casos de gente hablando sin parar. Algunos lo hacen sobre la propia película. Pero otros sobre sus vidas, que no interesan a nadie. Toca preguntarse: ¿Por qué esta gente va al cine? Quizás algún día “Cuarto Milenio” nos de la respuesta.

Y volvería a ser un hipocrita, si no reconociese que a veces comento algo durante la película a mis acompañantes, pero son frases cortas y al oído. Nada comparable a la aberración comentada.

Los pesados del cine

Y de las cotorras pasamos a los de las “pataditas”. Reconozco que hace tiempo que no me sucede, pero antaño si que lo sufrí en mis carnes, y aún hoy, me sigue pareciendo incomprensible. Seguro que también os ha pasado a vosotros, que estáis viendo una película y alguien empieza a pegar “pataditas” (porque si fuesen patadas eso acabaría peor que “Reservoir Dogs”) en la butaca de delante, que, justamente, es en la que estas tú sentado. A la segunda “patadita” ya me he girado y he puesto las cosas en su sitio. Y ya no hay más. Es decir, era algo evitable, pero lo has hecho porque te ha salido de las partes bajas. De nuevo, incomprensible.

También tenemos a los que entran en una sala de cine, y se creen que están en el salón de su casa, y sacan sus pezuñas por encima de las butacas vacías, cuando un servidor esta cerca o directamente al lado. Y si ya es molesto en invierno, no te digo en verano, donde, obviamente, la gente se descalza y ale, a poner los pinreles sobre las butacas. Otro gesto de mala educación, que por supuesto, siempre corrijo. Las próximas patas de pollo que vea sobre salir cerca de mí…¡las corto!

Y por supuesto, no me quiero olvidar de los que se cuelan en el cine, que suelen ser adolescentes. Que bien, para una entrada de cine no tienes dinero o no quieres pagarla, pero sí para un cubata el finde…

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Y seguro que hay muchos más especímenes a los cuales les deberían prohibir la entrada al cine (y a cualquier sitio), pero quiero finalizar con un caso curioso, y ese es, los que se enfadan en el cine. Lo viví en mis carnes con la polémica (y fabulosa) película “El Protegido (Unbreakable)” de Shyamalan. La gente esperaba “El sexto sentido 2” y se llevó un buen chasco. Me acuerdo que fui el día del estreno, y a mitad película la gente ya empezaba a abuchearla, y a pedir que les devolvieron el dinero. Me acuerdo, especialmente, de un personaje quejándose a grito pelado, y otra chica que le contestó (de forma magistral): “Tranqui, tío, que es Viernes”.

Como ya veis, hay personas que, cuando no le gusta una película, en vez de guardárselo, como un servidor, lo tiene que gritar a los cuatro vientos, como si la sala de cine fuese terapia de grupo o “espectadores anónimos”. Lo que no haya visto yo en esta vida…

Y hasta aquí os cuento lo que me molesta en una sala de cine y ciertas actitudes de un sector de la sociedad que haría más bien quedándose en casa, en la comodidad de su sofá. Y es que, si no sabes comportarte…no salgas a la calle, por favor.

4 comentarios sobre “LOS PESADOS DEL CINE

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  1. Te has dejado a los que se ponen a hacer cola en la entrada en plan agresivo cuando aún no está abierta la sala; los anormales que se equivocan de asiento (no sé como cojones lo hacen?!); los que al salir de la peli gritan super fuerte algún spoiler delante de los que van a entrar a la siguiente sesión y los cabezones que siempre te tocan delante. Reconozco que yo comento detalles de las pelis con mis acompañantes pero siempre procuro que sea al oído o en tono bajo.

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